El discurso del “orden” se vuelve a instalar en una campaña municipal

0 ilustra mestre y riutort inspectoresLa gestión municipal de Germán Kammerath, con su raquítico margen en medio de la crisis del 2001; la gestión de Luis Juez, con sus miles de designaciones y esa sensación de caos; y finalmente la gestión de Daniel Giacomino, carente de concejales propios, funcionarios obedientes y partido político que respalde, generaron en el electorado cordobés la necesidad de votar a alguien con autoridad en 2011.
La campaña de Ramón Javier Mestre, por entonces, lo exhibió como el durito que venía con su juventud y apellido a poner orden. “Orden”, justamente, fue una de las palabras claves que sumada a la alta inversión publicitaria y una gran mano delasotista para la división del voto PJ en capital, lo llevaron al principal sillón del Palacio 6 de Julio.
Casi cuatro años después: pronto llegarán los comicios, pronto concluirá el mandato del radical. Los candidatos ya despuntan sus armas. ¿Qué ha cambiado?
En rigor de verdad -y el rigor está ligado a la estadística- nadie salvo los que pagan sueldos y tienen la potestad legal o práctica de designar gente saben si el orden prometido es un orden concretado o si quedó en mentiras teleológicas del 2011. Nadie, ningún ciudadano de a pie, sabe exactamente si hay más gente en la Municipalidad, si se pagan más o menos cantidad de horas extras, si las prolongaciones de jornada se han incrementado por encima de la inflación, si el ingreso al deseado trabajo municipal se hace como se debe o se hace por la ventana. Esa verdad, que es la estadística, no está clara. Pues ¿quién confía en los números oficiales – por cierto cada vez menos frecuentes -?, ¿quién confía en los números que vierte la oposición -por cierto, siempre interesada en correo el capital político oficialista-?
Queda entonces la lucha simbólica. Esa que se para sobre la realidad -los números- y la ornamenta con sentidos construidos que no necesariamente tienen que ver con la honestidad, ni el bien común, sino con pragmatismo para ganar una elección. Es decir, la campaña para colonizar las mayormente desinteresadas mentes de los electores.
El gremio de los municipales (Suoem) pegó dos gritos y la actual gestión ya admitió que los contratados (vaya a saber cuántos) tienen derechos adquiridos. Al principio la UCR versión mestrista no era tan laboralista. Cosas de la experiencia, ¿no?
A continuación, – y esta es la noticia- la saga continuó con el olguismo. Ahora desde el sector de la concejal peronista que quiere suplantar a Mestre, aseguran que se pagan más sueldo que nunca en relación a los ingresos, que hay 1600 personas designadas y que el gobierno no ordena sino que cede ante el Suoem para conformar y evitar conflictos. Y a continuación, prometen orden.
Miguel Siciliano, un interlocutor más que válido de Riutort desplegaba sus argumentos y metía el tópico en la campaña opositora.
“El intendente presumió mucho de los concursos, pero en estos tres años y medio nombró, de diversas formas, a 1600 personas sin concurso. Hoy los sueldos insumen el 67% del presupuesto, se gasta el 20% en el contrato de la basura y un 6% en subsidios de transporte. Así queda muy poco dinero para cloacas, semáforos, espacios verdes y demás obras. Y si planea pasar a planta a 1800 personas, estaría comprometiendo a la próxima gestión”, diagnosticó.
Y remató con la propuesta. “Actualmente, los funcionarios recorren la municipalidad diciéndole a los empleados: ‘Guarda que si viene la Olga, ustedes están hasta las manos’. Intentan generarles miedo diciendo que vamos a ir por sus sueldos. Pero eso es mentira, no los vamos a atacar, vamos a ordenar la planta de empleados”.
Otra vez parece que ordenar es el camino. El camino al palacio 6 de Julio. Debe haber alguna encuesta que dice que la gente volvió a percibir desorden.