Humor para desacralizar la política

Por Mariano Pica (*)
Escribe para Alfil

2015-05-20_RANDAZZO_web“¿Sabés qué hace un diputado? Yo tampoco, votame y te cuento?” Esta frase que usó el payaso Tiririca en su campaña para diputado en Brasil, tiene una potencia abrumadora. Humor para desacralizar lo que hay que desacralizar más accountability puro y duro: “te cuento”. Ahí anda, fue reelecto el año pasado.
El humorista italiano Beppe Grillo, en cambio, es un fantoche: usó el humor sólo para la burla de la política. El movimiento que creó no pasó de la fase de denuncia global, una política esteril; antipolítica de lo más boba.
Nito Artaza dio el salto natural de imitador a político: la política, y aun más en el ámbito legislativo, o en una parte de él –la estrictamente parlamentaria, ¡esos discursos, oh!- juega un “como si” constante. Pero al poco tiempo se empezó a parodiar a si mismo: en lugar de contentarse con ser el actor que ahora, en su nuevo rol de diputado, proclamaba discursos siguiendo las formas propias del lugar y tiempo, quiso ser Lisandro de la Torre.
Miguel del Sel la tiene complicada para conciliar humor y política porque el suyo es un humor que ya no engancha con lo que la política está dispuesta a tolerar. Pero conserva el carisma del actor popular y lo está haciendo rendir.
En Islandia, Jon Gnarr, un actor un poco punk, un poco cómico y a menudo transformista, se las arregló para gobernar Reikiavik entre 2010 y 2014. En una marcha del orgullo gay apareció vestido como una de las Pussy Riot, agarró el micrófono en el escenario y dijo: “El alcalde no pudo venir pero les manda saludos”
El candidato supuestamente ideológico del FPV, Florencio Randazzo, hizo un chiste más o menos malo sobre el candidato supuestamente flojo de ideas, Daniel Scioli, y no en el programa de Tinelli, tan despreciado por el hombre de los trenes, sino en Carta Abierta, el grupo de intelectuales que, por supuesto, desprecia y culpa de todos los males a Marcelo Hugo. Todo mal.
Scioli se ríe de sí mismo cuando lo parodian repitiendo su famosa proclama: “Con fe, con esperanza, con deporte”. Esa insistencia de Scioli y la correspondiente broma tienen algo del cassette de los deportistas de elite: ninguno de nosotros es capaz de dar un pase a un compañero a un metro, pero sí podemos sobreanalizar partidos y jugadas. Habría que pensar si no tener la cabeza puesta en otra cosa que no sea “el grupo; tuve la suerte de convertir; lo importante es que nos llevemos los tres puntos”, no es lo que les permite a los deportistas hacer las proezas que nosotros sólo podemos comentar.
Mauricio Macri tiene un baile simpatiquísimo, de esos que seducen a las mujeres. O bailás como Macri, o te quedás sentado o bailás como Chayenne. ¿Ustedes qué elegirían?
Estos son los políticos de hoy y eso no implica que el electorado se haya vuelto menos exigente con la política en general sino tan solo con las campañas electorales. Análisis comparativos podrían determinar que la política viene sufriendo un descrédito, y a ojo uno podría aceptarlo; pero no menos cierto es que la ciudadanía cada vez le reclama más a esa política. En facebook, organizando manifestaciones desde twitter o haciendo solicitudes en change.org. Que el fin de ciclo nos agarre tranquilos y desapegados, porque el final no será tanto en materia de política económica o agenda parlamentaria sino más bien de estilos.
Claro que lo nuevo no tiene los visos de recambio que los manifestantes del 2001 habrán deseado. Lo nuevo no viene de las asambleas barriales ni de los movimientos sociales ni de la academia, sino del mundo empresario y de dirigentes políticos jóvenes que abrazan los ideales de buena onda, gestión y eficiencia. Puede desenamorar a unos cuantos, pero nuevo es. Sólo el Partido Obrero pega afiches con programas de gobierno de un metro en times new roman 12, aunque no se privó de practicar, además de ese, un humor de corte más tradicional.
Tampoco valdría la pena lamentar una supuesta desideologización. Oficialistas y opositores de la vieja guardia han abusado de categorías políticas, las han manipulado hasta el hartazgo, mientras los nuevos ascendían hablando del equipo, de la fe, de la esperanza. De los tres presidenciables, sólo Macri pronuncia esas categorías políticas -que por buen gusto aquí no vamos a repetir- cuando se ve forzado por el manual de estilo de TN, pero entiende que no son las que mejor pronuncian la realidad -esa suma de deseos, preocupaciones, estados de ánimo-. Resultan mucho más grotescas las referencias vacuas a categorías políticas, que las expresiones sobre lo que quiere la gente, la gestión y la buena onda. ¿Frivolidad? Hoy la revista Gente está llena de menciones a la República.
La primacía de la imagen no tiene nada de malo en sí mismo. Mientras la política sufre un descrédito en aumento pero al mismo tiempo la ciudadanía le reclama cada vez más soluciones, y mientras los candidatos parecen más flexibles ideológicamente pero la ciudadanía está cada vez más informada, vivimos en una campaña permanente en la que lo primordial es mostrarse confiables: Macri y Scioli encabezan las preferencias por esa razón (a Massa le cuesta un poco más porque nadie se toma en serio el puerto de frutos) pero esto no quiere decir que la tengan regalada. Se los votará por su imagen (dentro de la cual su experiencia vital es una parte importante) pero se los medirá continuamente, día a día, por lo que hagan, por cómo reaccionen ante eventuales crisis (no generales, que de esas ya tenemos, sino crisis políticas –tsunamis, pongamos, para decir una que no tenemos así no llamamos a los demonios). La política no está muerta. La gente no se volvió de repente estúpida. Todo lo contrario, los deja ir a Tinelli para que se diviertan, porque después los tendrá al trote cuatro años.
(*)Politólogo
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