Paro del 9 de Junio: Con 5 centrales obreras, el poder en manos de los transportistas



schmidtPor Marcos Duarte
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La compleja taxonomía del poder sindical parece en pleno proceso de transformación. La huelga en rechazo a los límites que el ministro Axel Kicillof impuso a las paritarias y contra el cobro del impuesto a las ganancias a los asalariados no fue convocada por ninguna de las centrales obreras.
El anuncio fue hecho por Juan Carlos Schmidt, secretario general del gremio de Dragado y Balizamiento, en su carácter de vocero de la poderosa Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT). Esta organización que reúne a la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Camioneros, La Fraternidad y otros gremios del rubro se ha transformado en el espacio más importante del movimiento obrero.
La profunda fragmentación que han sufrido las centrales sindicales es la principal causa de este cambio de escenario. La histórica Confederación General del Trabajo (CGT) está dividida en tres: la “Azopardo” conducida por Hugo Moyano, la que orienta Antonio Caló y la “Celeste y Blanca” de Luis Barrionuevo. Por su parte, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) también se quebró entre los seguidores del estatal Pablo Micheli y el docente Hugo Yasky. Esta libanización, que fue alentada por el kirchnerismo con el objetivo de restar poder propio a la “columna vertebral del movimiento”, está derivando en una nueva configuración.
La CATT, que fue concebida como un ámbito destinado a debatir problemáticas del sector, hoy es la principal referencia en el mapa sindical. Su principal potencial es el de reunir a organizaciones con poder real. La paralización del transporte garantiza el éxito de cualquier medida de protesta. A esto se le suma la capacidad de movilización de los gremios miembros y su presencia a lo largo de toda la geografía nacional. Además, dentro de la CATT conviven dirigentes con distintos posicionamientos políticos lo que lo convierte en el espacio privilegiado para una articulación por encima de los intereses electorales.
Si bien Schmidt es hombre de Hugo Moyano, el hombre fuerte parece ser Roberto Fernández de la UTA, que además mantiene una alianza táctica con el ferroviario Omar Maturano. El peso específico del dirigente de los colectiveros le permite no alinearse con ninguna de las facciones y lo posiciona como uno de los líderes más poderosos de la actualidad.
Fernández fue quien mantuvo la polémica con el oficialismo con definiciones muy duras. “El silencio que está haciendo el Gobierno de no escuchar y no abrir la puerta para sentarse en una mesa a conversar, crea este malestar de un paro nuevamente” dijo el dirigente recientemente e incluso se atrevió a instar a Caló, Barrionuevo y Moyano a reunificar el movimiento obrero argentino. Este gesto habla de la centralidad política de los gremios de transporte.
Es de destacar que el llamamiento al paro fue realizado luego de una reunión de la CATT con Sergio Massa y que el propio Fernández escandalizó al kirchnerismo cuando declaró a la salida de un cónclave con Mauricio Macri, que lo veía “más peronista que muchos peronistas”. Resulta claro que el nuevo agrupamiento sindical tiene visión de futuro y pretende cultivar las relaciones con los presidenciables.
La CGT de Moyano y la conducida por Barrionuevo ya adelantaron la adhesión al paro de los transportistas. Lo propio hará la CTA opositora conducida por Pablo Micheli. La CGT oficialista no adelantó posición pero la UOM, sindicato de origen de Antonio Caló, ratificó una medida de fuerza de 36 horas para el jueves y viernes próximos ante el fracaso de las negociaciones paritarias. Se descuenta que la CTA de Hugo Yasky, la más seguidista del kirchnerismo, no se sumará a la medida. El clima de conflictividad parece multiplicarse en todos los sectores del mundo del trabajo.
El paro del 9 de junio no es una medida de fuerza más y parece ser el comienzo de un nuevo liderazgo en el sindicalismo argentino. Del éxito de la medida y de la capacidad de consenso de los dirigentes de la CATT puede depender su consolidación.