Mery Murúa graba en vivo su tercer disco: «Sal»

Cuando el latido de la tierra se convierte en canto

Por Santiago Pfleiderer
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mery1Mery Murúa nació el 2 de diciembre de 1975 en la ciudad de Cruz del Eje, al norte de nuestra provincia. ”Soy casi riojana”, dice entre risas. Estudió en el Conservatorio de Música, y realizó un Postítulo en Educación Musical en la UNC. Ella es dueña de una de las voces más hermosas del folklore de Córdoba, y comparte su repertorio y sus interpretaciones de la mano del maestro Horacio Burgos (guitarra) en dos discos bellísimos: Mery Murúa (2010), y Acacias (2013), este último grabado íntegramente en el entorno natural de un montecito en Unquillo.
Mery alternó algunos años de su vida viviendo en España, y en el año 2012 se la pudo ver por la pantalla de la tele montada arriba de un viejo colectivo amarillo en ese documental al estilo de una road-movie titulado La 40 (dirigido por Pepe Tobal), una producción que reunió a artistas diversos durante 40 días recorriendo la Argentina de norte a sur en un viaje que duró 5300 kilómetros. Mery es una persona generosa y con un humor radiante, destila frases picarescas y una confianza que invita a conversar entre mates o en la mesa de un bar. Su música nos remite a los pies en contacto con la tierra, a los aromas del monte, a la madera.
Mery Murúa, el próximo miércoles 20 de mayo (mañana) grabará en vivo su tercer disco titulado Sal.
Sin dudas que la música viene inmersa en nuestras vidas, todos cargamos con la música al igual que con el lenguaje, esa necesidad genética de querer comunicarnos y de expresarnos a través del ritmo y de los sonidos. Uno se convierte en cantante cuando comienza a compartir su canto y hay una devolución, un oído atento, un aplauso, o simplemente el silencio.
Pareciera también que la tierra, el lugar donde uno nace, le aporta algo indeleble a la personalidad del artista, como si el destino estuviera marcado por los paisajes. En el caso de Mery Murúa las siestas y la sal del norte cordobés son, quizá, algunos aspectos preponderantes para la conformación de ese repertorio musical que se forja en el sol de la tarde, las horas largas y en el viento de las salinas. Mery, además, tiene un linaje vinculado a La Rioja, tierra de grandes luchadores como el Cacho Peñaloza y Facundo Quiroga, patria azul del carnaval chayero, de harina y albahaca. Cruz del Eje es el punto, la nervadura de un hermoso tejido de canciones.
La sal es una parte esencial de esa historia y de ese paisaje. La tradición familiar, esa que liga con sal los sabores místicos de la infancia, el cielo reflejado en el horizonte plateado, ese mineral sagrado que se usaba como moneda de pago en la antigüedad, la vida que brota en el realce de los gustos.
Mery Murúa recupera su propia historia y la plasma en un nuevo disco que será grabado en vivo junto a talentosísimos artistas. La acompañarán Rubén “el Mono” Izarrualde (flauta), Jerónimo Izarrualde (batería y percusión), José Gómez (bajo, contrabajo y voz), Franco Luciani (armónica) y su infaltable compañero de ruta desde hace diez años, el maestro Horacio Burgos (guitarra). El “Mono” Izarrualde fue flautista de entrañables proyectos como MPA junto a Peteco Carabajal y Jacinto Piedra, y también de la banda del Chango Farías Gómez, además de tocar en varios proyectos propios como MonoAsociados y Cuarto Elemento. La presencia del rosarino Franco Luciani sin dudas será un plus mágico de este encuentro. Además, participará la agrupación Alma Mora tiñendo la noche con sonidos ibéricos de tablados y flamenco.
Sal, el nuevo disco de Mery Murúa será grabado en vivo el miércoles 20 de mayo a las 21 horas en el clásico y mítico bar de la Estación Mitre (Bv. Perón 101). La capacidad de la sala es limitada. Las entradas cuestan 300 pesos y se consiguen en Punta y Hacha Remeras que Suenan (Belgrano 612, de 10 a 19 horas). Es importante saber que comprando la entrada también se estará comprando por anticipado el disco que saldrá en formato físico en octubre de este año.
Mery Murúa se arriesga, otra vez, a condimentar y sazonar las almas con la belleza y la frescura de su voz, regalándonos un repertorio de sabrosas canciones vinculadas a una historia de monte y sal. Porque los sabores perviven, al igual que la memoria, en el ritual de compartir el arte, que quema y alumbra como el fuego.