Votar en la elección y con el bolsillo

Por Gabriela Origlia

La economía transita –sin haber resuelto sus problemas- un período de aparente calma y ningún experto espera una crisis en lo que resta de gobierno kirchnerista. Esta situación, sin dudas, favorece al oficialismo que hoy (aunque no sea del mayor agrado de la presidenta Cristina Fernández) está representado por el candidato Daniel Scioli.
En conversación con Alfil, durante el Congreso del Iaef, el economista Ricardo Arriazu resumió el orden en que aumentarán tres de las principales variables de la economía este año: primero los salarios, después la inflación y, en tercer lugar, el tipo de cambio. El esquema, claramente, favorece el consumo y, por ende, la intención de voto.
En la misma reunión la analista Mariel Fornoni, directora de Managment & Fit, planteó que el voto para cargos ejecutivos es siempre conservador. “Siempre hay cierto temor a perder lo que se logró, no importa cuánto se tenga. Por eso los oficialismos son siempre favorecidos”.
Para los siete meses que restan de gestión los expertos no avizoran crisis; entienden que el Gobierno continuará haciendo lo que hasta ahora: usando el tipo de cambio como ancla de la inflación; entregando dólares ahorro sin mayores trabas, y financiando el déficit con deuda en vez de con emisión (lo que quita presión a la inflación).
El combo de problemas existentes pasará a la próxima gestión. En la lista figuran, entre otros aspectos, el déficit fiscal, el atraso cambiario y tarifario, la inflación y un frente externo en el que abundan los conflictos.
El kirchnerismo resolvió poner su mira en diciembre. La Presidenta no considera un período de transición, sigue acumulando poder y diseña estrategias para conservar la mayor cuota posible después del cambio de administración. En esa línea, mantener la tranquilidad económica es un objetivo irrenunciable. Los resultados los tiene a la vista: un fuerte ascenso de la imagen de Cristina Fernández.