Mundo K: universitarios bajaron de categoría

Por Gabriel Osman
[email protected]

Carolina Scotto y Martín Gill
Carolina Scotto y Martín Gill

La universidad pública, cantera del kirchnerismo en las legislativas de 2013, descendió abruptamente de divisional luego de la presurosa y temprana fuga del sistema de Carolina Scotto de su banca de Diputados de la Nación al renunciar a pocos meses de asumir. En aquellos comicios, los dos primeros lugares en la lista de diputados fueron dos ex rectores, la propia Scotto (UNC) y Martín Gill (UNVM), que luego de un pálido resultado en las PASO, mejoraron en las generales y lograron ubicar en la Cámara Baja a estos dos ex rectores.
La performance de quien encabezaba la boleta, Scotto, fue interesante por la histórica dispersión de los tribus K en Córdoba y porque el distrito siempre ha sido difícil para el gobierno nacional. Tanto entusiasmó el resultado que se comenzaron a tejer planes con objetivos mayores para la diputada que prometía hablar de Córdoba en el Congreso de la Nación.
Fue una percepción dentro y fuera del gobierno nacional, pero la aparición de Eduardo Accastello reemplazando ese rol aglutinador de fuerzas dispersas, parece haber demostrado ya, mucho antes del 5 de julio, que aquella percepción fue errada. El intendente de Villa María es el candidato a gobernador de Podemos que ha logrado, tomando una prudente distancia del kirchnerismo, reagrupar las tribus kirchnerista y, mucho más, ensayar una suerte de transversalismo en escala, como el que intentó sin suerte Néstor Kirchner. Están las tribus pero también dirigentes de otros partidos políticos y agrupaciones como el MNA (Movimiento Nacional Alfonsinista), que liderada nacionalmente Leopoldo Moreau.
Eso sí, la decepción con Scotto parece ser proporcional al primer entusiasmo, por lo que dirigentes y funcionarios de extracción universitaria casi no han sido tomados en cuenta por el accastellismo. Tanto es así que, por lo pronto, descendieron de divisional, como lo demuestra el discreto lugar 17 que ocupa Marcos Ibáñez en la lista de legisladores provinciales.
Incluso se podría decir más. Ibáñez ha sido el principal gurú de La Bisagra, la agrupación oficialista en las administraciones de Scotto y, ahora, de Francisco Tamarit, y en condición de tal fue al Congreso como principal asesor de Scotto en los pocos meses que duró su paso por Diputados. Pero su incorporación a la lista, aún en un lugar remoto, se debe más a sus vínculos con Armando Pérez, el presidente del Club Belgrano, que a su condición de bisagrista.
Tampoco es justo afirmar que fue decepcionante la captación de universitarios para aquella lista del 2013, porque Martín Gill es un diputado encuadrado con relativa comodidad en el esquema político del gobierno nacional . Y también hace falta aquí una segunda precisión. Gill hizo primero su carrera dentro del accastellismo (fue concejal en Villa María), después fue a parar al Rectorado de la UNVM (también esponsorizado por Accastello) y finalmente, con la misma acreditación, a la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio nacional de Educación. No es un universitario reclutado por la política, sino más bien al revés.
La cooptación pura del sistema universitario se verifica sólo en el caso de Scotto que, siempre bien dispuesta a montar sus oportunidades, aprovechó los festejos del 400 aniversario de la UNC, elevó su perfil y dijo haber caído seducida por el kirchnerismo tardío.
Finalmente lo que hizo fue el negocio de los pelones: sacrificó la lianza de diversidad ideológica que conformaba el oficialismo universitario y puso en vilo su triunfo –conjurado a tiempo por Tamarit- por una banca a la que casi de inmediato renunció, quedando fuera de la política de Estado y de la política universitaria.
Seguro que todo esto está registrado en la lógica de reclutamiento de un político práctico como Accastello, que en vez de intelectuales universitarios eligió de compañero de fórmula a Cacho Buenaventura, un hombre de la cultura popular con un nivel de conocimiento que no necesita de instalación sino, más bien, que puede fungir de instalador hasta del nombre del propio Accastello.