Tras 20 años, Córdoba replica (y anticipa) la elección nacional

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Por Marcos Duarte
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Al contrario de lo ocurrido en los últimos años, las elecciones provinciales en Córdoba reproducen casi exactamente el esquema electoral nacional. Es más, las elecciones de gobernador convocadas para el 5 de julio serán las únicas, entre las desdobladas, en las que las fuerzas políticas principales se alinearán casi exactamente como en las presidenciales.
Este fenómeno es inédito desde 1995 cuando, si bien el esquema fue calcado, los resultados fueron muy diferentes. Pese a que se realizaron el mismo día y con boleta sábana, las elecciones presidenciales fueron ganadas por el Partido Justicialista encabezado por Carlos Menem (43,7%) sobre el radical Horacio Massacessi (27,4%) y Octavio Bordón del Frepaso (20,7%); mientras que en las elecciones a gobernador triunfó Ramón Mestre de la UCR (47,19%) sobre el justicialista Guillermo Jhonson (40%) y el ruralista Humberto Volando del Frepaso (5%). Una epopeya del corte de boleta.
Luego de esos comicios, el escenario cordobés tuvo una especificidad que lo diferenció del resto del país. En las elecciones provinciales de 1998 (adelantadas por el gobernador Mestre), la UCR concurrió en sumatoria con aliados menores y el justicialismo triunfó dentro de Unión por Córdoba, amplia coalición que se mantiene hasta el momento. En las elecciones presidenciales de 1999, el radicalismo conformó la Alianza con el Frepaso y derrotó al PJ que se presentó en soledad.
En el 2003, la fórmula radical obtuvo un digno 37,23 % en las elecciones provinciales en el marco de una virtual desaparición a nivel nacional. Otro tanto ocurrió en el peronismo que logró la reelección de José Manuel De la Sota (51,8) unido monolíticamente, mientras el PJ nacional se había presentado dividido en tres fórmulas presidenciales dos meses antes.
Cuatro años después, en 2007, el estable escenario bipartidista cordobés estalló con la irrupción de Luis Juez como candidato a gobernador. El líder del Frente Cívico fue derrotado por la mínima por Juan Schiaretti, sucesor de De la Sota en el liderazgo de Unión por Córdoba, mientras que la UCR cordobesa quedó en tercera posición, aunque atesorando un interesante 22,2 %. Casi dos meses después, Córdoba se convierte en el único distrito en el que la fórmula Roberto Lavagna-Gerardo Morales triunfa (por más de 10 puntos) sobre Cristina Fernández de Kirchner-Julio Cobos.
En el 2013 el esquema tripartidista provincial se mantiene, pero Unión por Córdoba estira su diferencia frente al juecismo a 12 puntos con la vuelta de José Manuel de la Sota; mientras que el radicalismo, en soledad, sostiene casi exactamente los votos obtenidos en la elección anterior. Dos meses después, las elecciones nacionales consagran a Cristina Kirchner pero Córdoba es uno de los distritos en los que menos porcentaje obtiene (37,2%).
Esta larga introducción es necesaria para resaltar el vuelco que se está produciendo en la previa a la convocatoria provincial prevista para el 5 de julio próximo. La primera sorpresa es que, cumplidos los plazos para la inscripción de alianzas, el mapa político local parece acomodarse exactamente al nacional. Esto no sucede en los distritos “grandes” que han anticipado sus comicios: en Mendoza tanto el PRO como el massismo apoyan al candidato radical, en Santa Fe el macrismo se enfrenta a un Frente Progresista que no tiene correlación nacional y en la Ciudad de Buenos Aires la disputa local puede caracterizarse como una pelea al interior de la coalicion PRO-UCR-CC.
En Córdoba, el justicialismo provincial mantiene su particularidad con respecto a su casa matriz nacional. El cariz anti kirchnerista fue un elemento central para que José Manuel de la Sota acordara con Sergio Massa la realización de una PASO conjunta. El objetivo común es colocar al peronismo opositor en el ring de la pelea nacional y el caudal electoral del gobernador garantiza el anclaje que el Frente Renovador no tenía en el segundo distrito del país. En lo provincial, Juan Schiaretti es un candidato local que representa cabalmente a ese espacio.
Mientras tanto, la oposición provincial logra unificarse bajo el paraguas del acuerdo nacional UCR-PRO. La fórmula Aguad-Baldassi es apoyada por estos dos partidos más el Frente Cívico de Luis Juez. Luego de idas y vueltas, la intervención de Mauricio Macri y Ernesto Sanz fue central para lograr un entendimiento que parecía impensable meses atrás. Analizando los resultados anteriores, la simplificación de la oferta electoral opositora (Juntos por Córdoba) augura una competitividad que ninguno de sus componentes podía garantizar por separado.
Otro dato novedoso es la presentación en sociedad de una fórmula provincial del Frente para la Victoria con aspiraciones de terciar en la pelea. Eduardo Accastello es un referente del peronismo clásico alejado de cualquier veleidad “progre” como las que venía cultivando el reducido kirchnerismo cordobés. Ex funcionario de confianza de De la Sota y muy cercano a Daniel Scioli, pretende disputar el electorado peronista cordobés. El villamariense descuenta el apoyo del electorado “ideológico” del cristinismo ante la ausencia de opciones y pretende competir con Juan Schiaretti en el liderazgo del justicialismo local post-delasotista. La inclusión de Cacho Buenaventura como compañero de fórmula revela su intención de crecer en los sectores populares sin preocuparse por la posibilidad de ser acusado de utilizar tácticas “macristas”. No es casual que su lista se llame “Córdoba Podemos”, descartando cualquier denominación “K”.
El ciclo triunfante del peronismo cordobés cumple 16 años y está abierta la sucesión. El ciclo previo, hegemonizado por el radicalismo, tuvo la misma duración. Hoy, nuestra provincia es la única apta para un ensayo del desempeño de las principales fuerzas nacionales.
Cuando todos los distritos tienen diseños políticos particulares, Córdoba se destaca nuevamente, esta vez por anticipar la pelea de fondo.