Las potencias globales en Latinoamérica

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoria.com

PANAMA-AMERICAS-SUMMIT-CUBA-US-OBAMA-CASTROObama tiene la intención de terminar su segundo mandato mejorando la relación entre su país y América Latina. La recomposición de las relaciones con Cuba avanza con paso firme, con la voluntad explícita de ambas partes de postergar los temas en los cuales no hay acuerdo. El uso del “poder blando” está funcionando. El incremento del turismo y las inversiones estadounidenses, junto con el avance de Internet, están creando una nueva situación y hoy el Papa y Obama duplican la imagen favorable de los hermanos Castro entre los cubanos. Respecto a Venezuela, la intención de Washington es bajar la tensión e ir en pos del restablecimiento de relaciones diplomáticas normales. La vía es el diálogo, pero el uso sistemático por parte de Maduro de la hostilidad hacia EEUU como instrumento de cohesión interna no hace fácil la política que intenta llevar adelante el Departamento de Estado en este país. Tanto con Ecuador como con Bolivia, en los últimos meses se ha logrado reducir las tensiones. La visita que realiza la Presidenta brasileña a Washington a mediados de este año es clave para recomponer la relación bilateral entre Brasilia y Washington, afectada por las revelaciones de Snowden que dieron a conocer el espionaje estadounidense sobre la propia Dilma Rousseff.
El apoyo de la Administración Obama a las negociaciones de paz de Colombia con las FARC también se inserta en la política para mejorar las relaciones con la región. México y los tres países del triángulo norte de América Central (Guatemala, El Salvador y Honduras) tienen otra temática, dominada por la inmigración ilegal, el crimen organizado y los carteles de la droga, que en realidad son más preocupaciones internas de EEUU que asuntos de su agenda de política exterior.
Mientras tanto China avanza en la región, pero desde una postura de rivalidad, no de hostilidad, hacia EEUU. El comercio es hoy un arma de doble filo para la relación china con América Latina. Es que en varios países la balanza comercial es deficitaria y las importaciones de manufacturas de la potencia asiática compiten con la industria latinoamericana. Pero el fuerte incremento del flujo comercial ha dado a China un instrumento financiero para incrementar su influencia en la región, ya que a través de los “swap” de los bancos centrales de los países latinoamericanos con el chino al financiarse las importaciones, ello implica ingreso de divisas que limitan la dependencia del mercado financiero internacional -con epicentro en Wall Street y la City de Londres- para países como Venezuela, Argentina, Ecuador y eventualmente Brasil. América Latina no es una región prioritaria para China en el mundo, pero su perspectiva es estratégica y de largo plazo. Si bien el proyecto que lleva adelante un grupo privado chino para construir en Nicaragua un canal alternativo al de Panamá -tiene una extensión casi tres veces mayor- genera dudas sobre su rentabilidad, confirma el interés de la potencia asiática por financiar grandes obras de infraestructura en la región. El acuerdo con Argentina para construir dos centrales nucleares -se trata del país más avanzado en tecnología nuclear de América Latina- y la instalación de una base satelital en el norte de la Patagonia confirman el interés estratégico de largo plazo de China en la región. La realidad es que la irrupción de este país no sólo ha generado un desplazamiento relativo de las potencias occidentales, sino que ha limitado también el rol de Brasil como líder regional, sobre todo en América del Sur.
Con menor peso económico y más prioridad por lo estratégico-militar, Rusia también ha surgido en América Latina como un actor extra-regional en la segunda década del siglo XXI. Sin la capacidad financiera y el gran mercado de consumo que tiene China, Putin ve en América Latina un ámbito donde inquietar a los EEUU, al que a su vez ve como amenaza en las ex repúblicas soviéticas de Europa, Asia Central y el Cáucaso. Rusia por eso ha dado prioridad a acuerdos militares para el uso de puertos para su Marina y a la realización de ejercicios militares binacionales. Los viene realizando con Cuba y Venezuela y desde este año los pondrá en marcha con Argentina. La energía es un área de interés y la empresa estatal rusa Gazpron ha firmado acuerdos de cooperación con Venezuela y Argentina. Con este último país también ha firmado un acuerdo para construir su sexta central nuclear. Argentina tenía tres funcionado y ahora construye otras tres, dos con China y una con Rusia.
La relación de America Latina con Europa no avanza significativamente pero los acuerdos de libre-comercio y las inversiones son relevantes. Tienen acuerdos de libre-comercio con la UE casi los mismos países que los tienen con EEUU: México, los seis países del Sistema Integrado Centro-Americano, y Chile. Perú y Colombia tienen negociaciones avanzadas sobre este tema. En cambio, el acuerdo para un TLC con los países del Mercosur se sigue demorando y no hay certeza de que logre cerrarse. El problema de la UE en la región es que sus países actúan más como actores nacionales que como una unidad política supranacional. Un ejemplo reciente es Cuba. La encargada de la UE para las relaciones internacionales (Mogherini) visitó Cuba el mes pasado y una semana después lo hizo el canciller francés. La suma del comercio y la inversión europea en América Latina sigue siendo relevante, pero países como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España desarrollan sus políticas como actores nacionales. Si bien la crisis económico-financiera, el conflicto con Rusia por Ucrania y la importancia creciente de China quitan en la UE prioridad relativa a las relaciones con América Latina, los intereses siguen siendo relevantes.
En conclusión: Obama sobre el final de su segundo mandato trabaja para mejorar la relación de EEUU con América Latina, reduciendo conflictos y bajando tensiones; la presencia y la influencia de China en la región aumentan, sobre todo en inversiones en infraestructura y financiamiento del comercio, pero lo hace desde la rivalidad y no la hostilidad hacia los EEUU; en cambio la política de Rusia se centra en lo estratégico-militar, buscando generar cierta réplica a la presencia estadounidense en las ex repúblicas soviéticas y las relaciones de América Latina y Europa languidecen, con los países europeos actuando regionalmente como actores nacionales, aunque la inversión europea sigue siendo importante.