Pirueta de Accastello: Cacho por Scotto

Por Gabriel Osman
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scottoEduardo Acastello había dado ya varias señales de que en las próximas elecciones del 5 de julio va a desmarcarse del kirchnerismo, comprensiblemente convencido de que un K sin matices tiene un techo muy bajo para pelear por la Gobernación en la provincia más enfrentada con el gobierno nacional y en donde Cristina ahora y Néstor antes han tenido las performances electorales más bajas.
Algunos ejemplos. Mantiene excelentes relaciones con los hermanos Rodríguez Saa –en las antípodas del kirchnerismo-, aún con ascendencia electoral en el sur provincial desde la vecina San Luis. Se acercó al delasotismo que intentó, sin suerte, bajar a Martín Llaryora del binomio del peronismo para ofrecerle la candidatura a vicegobernador, buscando así retener al intendente de Villa María. Incluso, Accastello ha vertido declaraciones que subliminalmente apuntan a relativizar, por lo menos, su filiación con el gobierno nacional, al señalar recientemente que en Córdoba el único K es Schiaretti (por Kolector que ha sido el concesionario de la recaudación fiscal en las sucesivas administraciones justicialistas).
Han sido franquicias de las que otros kirchneristas no gozaron y que, antes el menor riesgo de tocar un límite, se contuvieron temerosos de la amonestación presidencial y sus consecuencias. Pero nunca Accastello llegó tan lejos para el relato de la epopeya kirchnerista, que insiste en un discurso agonal de la política y se pavonea de contar con la cobertura ideológica de grupos de intelectuales, como Carta Abierta.
La mayor herejía de Accastello para la épica K ha llegado con la nominación de Cacho Buenaventura como compañero de fórmula. El cruzdelejeño es un excelente animador de la cultura popular cordobesa, pero se diría que su extracción está en la vereda de enfrente de la cantera en donde el kirchnerismo ha buscado cuadros y candidatos. Su más reciente reclutamiento para las legislativas de 2013 fue en el sistema universitario, de donde cooptó a dos ex rectores: Carolina Scotto (UNC) y Martín Gill (UNVM).
Hasta ahora, el kirchnerismo sólo se había animado a llevar en una boleta legislativa en Buenos Aires a Nacha Guevara, una artista de café concert en los 60, luego reciclada en comedias musicales, y muy poco más.
Salvando las distancias, la incursión de Cacho Buenaventura no es la de Bepe Grillo en Italia. Este entró en la política como impugnador del sistema. Tampoco el caso es analogable al de Nito Artaza, que irrumpió primero en 2001 en las protestas contra el “corralito”, más tarde estructuró una organización con el mismo objetivo y después sí fue candidato por la UCR. Ni siquiera el de Luis Brandoni, un hombre que surgió de las tablas y del cine y que es desde 1983 es un cuadro orgánico de la UCR. Más cómodamente, Cacho quiere dar un brinco desde el escenario a la Legislatura provincial.
Por otra parte y virtudes escénicas al margen, Cacho Buenaventura ha sido hasta ahora un cultor de las buenas relaciones con el sistema político. Su rostro no sólo está en los anuncios de la administración delasotista o en spots de la anterior campaña del propio De la Sota, sino que también animó las pretensiones de Ramón Mestre en 1998 con varios cortos publicitarios. Su sí a Accastello a poner sus pies en el barro de la política no debería, entonces ser tan sorprendente.
Además, la incursión de un cómico local en la política tiene sus precedentes y matices. Cacho surge del ombligo mismo del mundo del espectáculo. El bufo mayor de la política de Córdoba, Luis Juez, le sacó década y media de ventaja y, demostrando su vigencia, ha llenado de definiciones y contradicciones hilarantes la actual campaña electoral. La diferencia es que lo parió el propio sistema. Lo que, adicionalmente, le resta autoridad para impugnaciones.