Macri: una jugada riesgosa

Por Gonzalo Neidal

DYN002.JPGLos analistas políticos opinan que el apoyo dado por Mauricio Macri a Horacio Rodríguez Larreta para las elecciones internas del próximo domingo en la Ciudad de Buenos Aires, es un acto de elevado riesgo. Se preguntan qué pasará con sus aspiraciones presidenciales si el favorito del Jefe de Gobierno porteño, es derrotado por Gabriela Michetti.
Casi todos ellos opinan que Macri no debió pronunciarse por ninguno de ambos candidatos. Que, en todo caso, debió ocultar sus preferencias. Al pronunciarse por uno de ellos, dicen, infraccionaría la objetividad y distancia que debería tener él como jefe del PRO. Pero el cuestionamiento principal apunta a señalar que la decisión tomada por Macri indica su poca cintura política: un político avezado –como la presidenta, por ejemplo- evita pronunciarse por uno u otro de sus potenciales candidatos, para no quedar “pegada” con él.
Respecto de la ecuanimidad que debería guardar un jefe de partido respecto de los candidatos que se disputan un cargo prominente, como es en este caso la jefatura de gobierno de la CABA, es discutible que deba ser esa la actitud del jefe del partido.
Macri ha construido el PRO desde cero. No ha heredado la estructura de ningún otro partido pre existente. Ha elaborado su popularidad –sea mucha o poca- sobre la base de su presidencia exitosa de un club de fútbol popular y ha peleado varias veces por la Jefatura de Gobierno hasta que finalmente salió elegido y luego reelecto, conservando ahora que transcurre el último tramo de su segundo gobierno, un elevado índice de popularidad que le permitirá a su partido seguramente conservar el poder en la ciudad de Buenos Aires con cierta comodidad.
Además, Macri ofreció a Michetti que lo acompañara como compañera de fórmula para la presidencia de la Nación. Antes de eso, hace dos años, le pidió que desembarcara en la Provincia de Buenos Aires, proposición que reiteró ahora. Michetti rechazó ambas propuestas, antes y ahora. De modo tal que Macri no tuvo más remedio que someter su estrategia al voto popular, con los riesgos que ello implica. Pero ¿cómo pedirle que permanezca neutral ante el desafío y la negativa de Michetti? ¿Acaso no tiene derecho él a luchar por sus convicciones en materia de organización y conducción de la oferta electoral del partido que construyó?

Y por casa… ¿cómo andamos?
Causa gracia que desde el oficialismo deslicen críticas a Macri por haberse decidido a apoyar a Rodríguez Larreta contra Michetti. La presidenta dijo ayer que “favoritos tienen los reyes”, en aparente cuestionamiento a esa decisión de Macri.
Es gracioso que Cristina se muestre quisquillosa respecto de la intromisión de Macri en la interna entre dos afiliados de su partido. Ella –ni su partido, normalmente- son un ejemplo fuerte de democracia interna. Los candidatos son elegidos normalmente a dedo como lo fue ella misma por parte de su marido.
No resulta creíble tampoco que la presidenta carezca de favoritos en materia de sucesión presidencial. Otra cosa es que la situación política le permita imponer al de su preferencia y fulminar a aquél que le resulta ominoso. Se entiende que Daniel Scioli, por ejemplo, no es alguien que cuente con la simpatía presidencial ni de su entorno más estrecho. Le tienen profunda desconfianza. Preferiría otro candidato más cercano y confiable. Pero el problema es que no puede imponerlo. Scioli es el que cuenta con los votos para asegurar que el poder quede en manos de alguien que, al menos, es un sedicente continuador del modelo.
Cristina urdió todas las zancadillas posibles contra Scioli. Intentó sacarlo de carrera de mil maneras pero no lo logró. Scioli siempre está ahí, al acecho de la presidencia. Es, quizá, el sucesor que menos desea. Quizá prefiera, incluso, a Macri antes que a Scioli. El gobernador de Buenos Aires está donde está porque Cristina no pudo hundirlo sin poner en riesgo su propia permanencia en el poder.
Frente a este estilo House of Cards, es natural que la jugada de Macri de hacer manifiesto su voto y su preferencia hacia Rodríguez Larreta, aparezca como un exceso de candidez y transparencia. Los observadores piensan que si triunfa Michetti, se le complicará a Macri su proyecto presidencial. Pero los hechos han sido inevitables en su secuencia. Macri intentó convencer a la senadora, no lo logró. Ella obligó a una interna y al pronunciamiento del Jefe de Gobierno.
Por de pronto, Macri ya tiene complicado su camino presidencial sin el auxilio de Michetti. Además, los riesgos como éste son corrientes en un partido que pretenda manejarse con cierta democracia interna, compatible con la unidad y consolidación como fuerza partidaria. En algún sentido, Michetti es a Macri lo que Scioli a Cristina: un sucesor indeseable.
En un par de días sabremos si la apuesta de Macri resultó osada o si es el resultado de un riesgo calculado.