De dólares y épicas

Por Gabriela Origlia

El ministro Axel Kicillof negó una vez más la existencia del cepo al dólar en la Argentina. Y repitió su clásica explicación de que, salvo Estados Unidos –que tiene la maquinita de imprimirlos-, en el mundo faltan dólares. No dijo la verdad y en Latinoamérica son varios los países que dan cuenta de que esa no es la realidad. Debieron, incluso, poner controles al ingreso de capitales.
Después se jactó de haber triplicado el objetivo original de colocar US$ 500 millones en la emisión del Bonar 2024. Los US$ 1415 millones conseguidos son oxígeno genuino –a diferencia de los swap firmados con China- para las reservas y permiten más comodidad para pagar los vencimientos a corto plazo.
Fiel a su estilo, aprovechó para echar en cara a quienes dudaban de la colocación. Nada dijo de la tasa que se pagó y que representa el doble y hasta el triple de lo que pagan Uruguay o Brasil, país que hoy enfrenta problemas de todo tipo, desde los económicos a los de corrupción. Tal vez el candidato a acompañar a Daniel Scioli en la fórmula presidencial considera que es sólo un detalle.
Al kirchnerismo le quedan meses por lo que todas las miradas están puestas a futuro. Ya que, incluso quienes apuestan a un triunfo de la dupla oficialista (Cristina Fernández, aunque le pese, ya aceptó que Scioli sea su candidato), admiten que habrá que hacer cambios. El dólar clavado y el Central colocando deuda para financiar el déficit son medidas insostenibles en el largo plazo.
Aunque todo dependerá de con qué cuota de poder llegue el próximo Presidente, hay consenso de que deberá tocar el dólar. La incógnita –a esta altura un clásico en toda reunión de análisis- es si habrá shock o gradualismo. La mayoría coincide en que la devaluación debería producirse en el corto plazo y acompañada por medidas de enderezamiento fiscal para que el destino no sea repetir la experiencia de enero del 2014.
Un trabajo del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba (CPCE) afirma que es la naturaleza de la estructura productiva y financiera argentina la que obliga a una “administración” de las divisas. Es decir, entiende que ni el 11 de diciembre ni el 20 de febrero podría haber dólares irrestrictos “para todos y todas”.
Un dato en el que otros centros de estudios (como el Ieral, el Iaraf o el Cippec) coinciden es que no habrá una “lluvia” de dólares apenas asuma la nueva gestión.  Hay capitales en el mundo pero analizan qué hace cada país antes de desembarcar. El cambio por el cambio mismo no produce confianza inmediata. Argentina requiere un programa integral y, al menos, querrán ver los primeros pasos.
Que el cepo se puede aflojar es una idea consensuada, pero algunos entienden que la libertad de operaciones no podrá ser total de un día para el otro. Los dólares disponibles no alcanzarán. En los primeros tiempos deberán seguir las prioridades. Por ejemplo, para que el sector productivo pueda disponer de divisas para insumos habrá otro que deba resignar una parte. La otra posibilidad es resignar actividad. Es lo que ha hecho el Gobierno en los últimos meses.
El discurso de Kicillof, con cierto tono épico y apuntando a demostrar que –con buena parte del mundo en contra- la administración de Cristina se mantiene firme contrasta con los hechos. Dólar fijo y colocación de deuda no es heroísmo.