Por ahora, nada nuevo bajo el sol (excepto para Sanz)

Por Pablo Esteban Dávila

20-04-2015_santa_fe_rosario_ciudadanos_votanComo era de esperarse, el kirchnerismo sufrió ayer un duro revés en las elecciones PASO de Santa Fe y Mendoza. Nada hace pensar que, en la generales previstas respectivamente para el 14 y 21 de junio, esta tendencia cambie de sentido. Si a estos distritos se le suma la Capital Federal y la provincia de Córdoba, la Casa Rosada observará de cómo más del 30% del padrón electoral le vuelve la espalda en las postrimerías de las PASO nacionales previstas para el 9 de agosto venidero.
El dato es significativo porque estos cuatro distritos rivalizan con la enorme influencia electoral de la provincia de Buenos Aires (un 37% sobre el total), que es donde el oficialismo cuenta con su mayor baluarte. En adelante, la presidente deberá hacerse a la idea que habrá tres nuevos gobernadores y un jefe de gobierno porteño opositores, una certeza que se vuelve un tanto más deprimente porque, hasta ayer, Mendoza se contaba dentro de la égida de los K.
Ni la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ni Córdoba les depararán mejores noticias. En la primera, se descuenta un triunfo del PRO, aunque todavía deba aguardarse para saber si será Gabriela Michetti u Horacio Rodríguez Larreta quién reemplace a Mauricio Macri en el flamante despacho de Parque Patricios. En la provincia mediterránea, por su parte, sea cual fuere el ganador (Unión por Córdoba o la aun renqueante Triple Alianza), la fe antikirchnerista se mantendrá intacta, tal como ha venido sucediendo desde 2003. Eduardo Accastello, el candidato de la Casa Rosada, difícilmente pueda repetir el logro de la fallida Carolina Scotto en 2013, aunque bien podría darse por satisfecho si cumpliera con su propósito, más o menos declarado, de raspar las chances de Juan Schiaretti antes que llegar por sí a la casa de gobierno.
Sin embargo, no debería exagerarse la capacidad predictiva de estos resultados, al menos sobre la capacidad de producir simétricas secuelas en las elecciones presidenciales. En 2011, y previo a las PASO, estos distritos ya habían elegido autoridades (excepto Mendoza), y en todos había triunfado la oposición. Como se recuerda, aquél antecedente no fue óbice para que Cristina Fernández, por entonces una viuda reciente, se alzara con un triunfo que nadie había pronosticado y que, hacia el final del proceso electoral, le depararía el famoso 54% de los votos.
Por tal motivo, resulta más pertinente analizar cuál es el significado inmediato de las votaciones de la víspera en el entramado opositor antes que utilizarlas para cualquier tipo de vaticinio sobre el devenir electoral del kirchnerismo. En este sentido, debe destacarse que la UCR es, después de mucho tiempo, una de las claras ganadoras de la jornada. Su candidato a gobernador en Mendoza, Alfredo Cornejo, derrotó ayer sin atenuantes a los postulantes del Frente para la Victoria, y promete recuperar una de las provincias “grandes” para el centenario partido, la cual no deja de ser una buena noticia para el sistema político. Ernesto Sanz, precandidato a la presidencia y claro armador local, negoció y obtuvo la abdicación de Macri y de Sergio Massa (sus aliados en el distrito) para sacarse la foto de la victoria a su lado. Será esta una de las escasas satisfacciones que obtendrá el mendocino en su puja interna con el PRO; hubiera sido de mal gusto disputarle el monopolio de la dicha.
Desde el punto de vista de la especulación política, los resultados de Santa Fe son mucho más jugosos (al cierre de la edición se habían escrutado algo más del 22% de las mesas). Una primera lectura entroniza al macrista Miguel Del Sel como el gran ganador, dado que obtuvo en soledad más votos que la primaria entre Miguel Lifschitz y Mario Barletta dentro del Frente Cívico. Pero, si se comparan sus guarismos de anoche con los obtenidos en 2011, la diferencia es de sólo unas décimas, lo cual significa que el humorista se encuentra estancado respecto a su anterior performance. Esto remite a una pregunta inevitable: ¿fue un triunfo del PRO o una caída del socialismo? Los más de siete puntos que perdió el oficialismo santafecino entre una y otra elección sugieren la segunda alternativa. En lo sucesivo, Liftschitz deberá poner toda la carne en el asador para revertir esta situación. El panorama del Frente para la Victoria no es más alentador. Su candidato, Omar Perotti, obtuvo prácticamente el mismo porcentaje que su antecesor Agustín Rossi, demostrando el inmovilismo electoral de los K en el distrito pese a los cuatro años transcurridos y en llamativa coincidencia a lo sucedido con Del Sel.
De la Sota también tuvo motivos para festejar, aunque las dimensiones del triunfo hayan sido territorialmente más módicas. En la ciudad de Corral de Bustos el candidato del peronismo, Roberto Pacheco, triunfó sobre Alejandro Vaccarini, el designado por la Triple Alianza para disputar el poder municipal. Los resultados fueron apretados (apenas 220 votos de diferencia), pero debe considerarse, a favor de Pacheco, que no era el intendente en ejercicio sino el secretario de gobierno de Héctor Pagani, el actual jefe comunal. Este no es un dato a pasar por alto toda vez que, aparentemente, se premió una gestión partidaria antes que el reconocimiento a algún líder carismático.
En conclusión, la oposición pudo reclamar anoche un triunfo categórico en dos importantes distritos de la geografía política argentina. Desde el punto de vista de la interna en la alianza UCR – PRO la jornada terminó en pardas (los radicales triunfaron en Mendoza y el macrismo en Santa Fe), pero con una diferencia nada sutil: mientras que los de Sanz arrasaron, el referente de Macri se estancó respecto del 2011. El socialismo acusó una importante caída no obstante que, en el contexto nacional, este hecho tendría una importancia relativa dado que el partido de la rosa no tiene un referente propio que compita por el sillón de Rivadavia, como sí lo tuvo con Hermes Binner en las presidenciales pasadas.
Por el contrario, el Frente para la Victoria vivió una jornada para el olvido. Su derrota en Mendoza fue incluso peor de lo que se esperaba y sólo un milagro podría revertir esta tendencia en las generales. En Santa Fe, sus mariscales tomaron nota del techo que, invariablemente, los amenaza desde hace cuatro años y que tampoco allí habría margen para hacerse muchas ilusiones. No obstante, las apariencias no deberían llamar a engaño. Los vividos son procesos electorales provinciales, cuyos resultados no pueden ser extrapolados linealmente al contexto nacional. Esto significa que habrá que llamar a sosiego a quienes se apuren en destacarlos como el principio del fin de la hegemonía kirchnerista. Por ahora no hay nada nuevo bajo el sol, excepto para los radicales que, de no mediar ninguna catástrofe, podrán mostrar a Mendoza como una gema recuperada para su maltrecha corona.