El plan de Macri es muy caro para la UCR



juez mestre macriPor Alejandro Moreno
[email protected]

Mauricio Macri logró que Luis Juez concluya su ficción de candidato a gobernador y que acepte lo que siempre quiso: repetir en el Senado. También, que Ramón Mestre coloque entre paréntesis sus aspiraciones provinciales y que analice muy seriamente intentar repetir en la Intendencia.
Después de las dos reuniones que tuvo ayer en su despacho, Macri logró con eso desmalezar el camino de su favorito, Oscar Aguad, a la candidatura a gobernador de la Triple Alianza UCR-PRO-Frente Cívico.
Pero aún le falta aprobar un examen: ¿aceptarán los caciques radicales de Córdoba las condiciones que le quiere imponer el hombre blanco del Puerto?
Las negociaciones se mantuvieron ayer en secreto, pero una fuente del macrismo porteño reconoció a Alfil cómo pretenden que sea el reparto de cargos. Y a partir de ello, surgen las dudas sobre el futuro del acuerdo.
Macri tuvo una rápida reunión con Juez, quien entregó la bandera que hacía flamear todos los fines de semana en los plenarios del Frente Cívico: su candidatura a gobernador. Sólo le recordó a Macri su rechazo a que Mestre sea el rival de Juan Schiaretti. En ese lugar acepta a Oscar Aguad, declinando aquí también los insultos y las denuncias que solía disparar sobre la honestidad del actual diputado nacional.
Juez, un macrista de la última hora, con la fe de los conversos le ofreció a Macri que haga con él lo que quiera. El porteño le agradeció el gesto y le prometió que en la reunión que seguía, con Mestre, habría de pelear por su candidatura a senador nacional.
Dicen los juecistas que Macri le dio un abrazo, quedando sellada la amistad, que habrá de romperse en el futuro con otra catarata de agresiones verbales, porque ésa es la naturaleza del jefe del Frente Cívico.
Con la pausa necesaria para que Juez y Mestre no se crucen en las escaleras, Macri recibió luego al radical.
El anfitrión lo madrugó a Mestre diciéndole lo que ya todos sabían: que su candidato es Aguad y que Juez debía ser senador nacional. El radical insistió con sus aspiraciones provinciales, por lo que Macri se habría sobresaltado, ante el temor de que la Triple Alianza fracase en su propio despacho. Bastante poco control de sus dominios demostró ya con la autonomía de Gabriela Michetti.
Mestre, de todos modos, repitió lo que ya había dicho ante Emilio Monzó, el negociador que envía el porteño al interior: que para conservar la salud de la alianza aún nonata podía evaluar resignar el escenario provincial por el municipal. Esta hipótesis ha ido reforzándose en las últimas horas en Córdoba, incluso por la publicidad municipal, que enfatiza en la recuperación de la administración, y en que “ahora sí se puede” hacer mucho más.
Las posiciones de Juez y de Mestre colocan a Aguad al borde de la candidatura a gobernador. Con Juez en la alianza, Aguad abandonaría sus dudas, aquellas que alguna vez hicieron vacilar al mismísimo Macri en el estudio de Cadena 3.

Pero aún falta
Macri, según reconocen los propios macristas, quiere el segundo candidato a senador nacional, además del primero que es su aliado particular; y, se sabe, ganando la coalición hay sólo dos bancas de premio. La UCR renueva una banca obtenida en 2009 y, así, la perdería.
Además, quiere dos de los cuatro primeros diputados nacionales, cediéndole los otros dos a la UCR, que renueva justamente un par ganado en 2011.
Pero aquí viene lo más complicado: la lista de candidatos a legisladores provinciales. Hay allí una violenta colisión de intereses.
En el radicalismo cordobés se manejaba como una posibilidad que de los diez primeros, cinco fueran para la UCR, tres para el PRO y dos para el Frente Cívico; y de los diez segundos, otros cinco para la UCR, tres para el Frente Cívico y dos para el PRO. Así, los radicales tendrían diez entre los veinte primeros.
Macri piensa distinto. Hizo una oferta que un importante dirigente radical dudó en calificar de “broma” o de “chantaje”. El porteño pretende que de los dieciocho primeros de la lista sábana, se repartan seis cada uno entre la UCR, el PRO y el Frente Cívico.
Esto implica que la UCR vería disminuir su representación actual de once a seis, mientras que el PRO aumentaría la suya de una a seis (en realidad, la única que hoy tienen es de un suplente de Unión por Córdoba que accedió a la banca por la gran cantidad de legisladores que pidieron licencia para ser ministros del gobierno provincial).
Para dimensionar la gravedad de la situación, debe anotarse que la UCR tiene siete grupos internos. ¿Aceptará alguno de ellos quedarse afuera de los dieciocho primeros de la lista sábana? E incluso, ¿admitirán otros colocar sólo uno? Nunca la representación radical fue tan flaca desde 1983.
“Perdiendo tendríamos más”, observó otro referente lleno de lógica.
El Frente Cívico también perdería legisladores, pero a Juez eso le importa poco y nada. Él tiene decenas de empleados en el Senado. El Frente Cívico va camino a ser un partido porteño, porque allí está la mayoría de su aparato político.
El reparto de bancas, finalmente, ignora a la Coalición Cívica-ARI, por la que podría abogar Elisa Carrió frente a Macri. ¿Ningún lugar habrá para ellos?
Hoy los radicales gastarán sus celulares y consumirán hectolitros de café conversando sobre todo esto. No habrá una reunión de caciques porque por lo menos dos de ellos, Ramón Mestre y Mario Negri, irán a Corral de Bustos a participar del acto de cierre de campaña.
El martes 21 vence el plazo para la presentación de la lista de candidatos para la interna de la UCR. Si no hay acuerdo para entonces, Mestre se vería en la encrucijada de anotarse o no como candidato a gobernador; Aguad ya ha dicho que no lo hará. Sin que eso signifique nada definitivo, complicaría más las negociaciones.
Así, a la solución debe llegarse el fin de semana.