Pobreza, sin excusas

Por Gabriela Origlia

En los últimos días la pobreza estuvo en el centro del debate argentino. Pero, lamentablemente, no se discutió sobre cómo luchar contra el problema, sino sobre cómo medir y si hay que hacerlo. Primero fue el ministro Axel Kicillof, quien planteó que contar a los pobres. Después el titular del Indec, Norberto Itzcovich, quien afirmó que “no resulta fácil definir qué es la pobreza” , y calificó como “inaudito, mentiroso y malitencionado acusar al gobierno de no generar indicadores creíbles”.
Los expertos reunidos en el panel sobre Pobreza y Distribución del Ingreso organizado en el marco del 80º aniversario del Instituto de Economía y Finanzas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba coincidieron en que la medición de la pobreza es “compleja” pero subrayaron que el Indec hizo ese trabajo durante décadas y las dificultad aparecieron en el 2007 en coincidencia con la adulteración de los índices de inflación.
Luis Beccaria, de la Universidad Nacional de General Sarmiento, lamentó que los cruces de ideas no sean para mejorar la calidad de vida de los pobres sino para definir algo que –a su criterio- es indiscutible, como la necesidad de medir la pobreza. “Así no se va a ningún lado”, dijo a El Alfil.
Para Leonardo Gasparini, investigador de la Universidad Nacional de La Plata, la medición de la pobreza es más importante que la de cualquier otra variable económica por la utilidad que tiene para encarar políticas sociales. “No se pueden diseñar herramientas para disminuirla sin saber a quiénes hay que llegar”, señaló.
Jorge Paz, de la Universidad Nacional de Salta, sostuvo que medir la pobreza “no es fácil” pero esa no es una excusa para no hacerlo. Los problemas arrancaron con la intervención del Indec y desde entonces –explicó- las mediciones hechas por el organismo y las de consultoras privadas, que siempre se habían parecido, comenzaron a alejarse.
Insistió –igual que sus colegas- que en el mundo hay criterios bastante generalizados para la medición, como puede ser el nivel de ingresos y su relación con la cobertura de las necesidades básicas. La clave es aceptar una, consensuarla y mantenerla.
Para Paz el Gobierno –ya no esté por el tiempo que le queda- debería convocar a expertos de diferentes instituciones y establecer una metología. “Claro, eso sería decir que mentimos e implicaría que se desencadenen reclamos de inversores o tenedores de bonos. No es fácil hacerlo, pero alguna medida hay que tomar”, dijo.
A nivel internacional –con casos de éxito como los programas instrumentados en México y Brasil- la tendencia es a la transferencia de dinero directamente a los beneficiarios. Es el esquema de la Asignación Universal por Hijo, a la que todos los expertos calificaron de buena. Los cuestionamientos pasan por la actualización y cruce de las bases de datos para que los fondos no se superpongan y lleguen a quienes los necesitan.
“El dinero es un tema clave, pero no el único –señaló Beccaria-. No sólo se trata de dar plata, hay que atender aspectos como salud y educación que no se resuelven únicamente con dinero. Está bien que hayan empezado a contemplarse porque antes no se miraban; pero no es dar becas sino atender la calidad de la educación y poner el acento en la prevención sanitaria”.