Tamarit, generoso con interinos, esquivo con concursados



KD9L6169El Consejo Superior de la UNC es testigo del regreso del químico Gerardo Fidelio al centro de la escena universitaria, luego de que éste presentase un proyecto para facilitar el acceso de docentes concursados al título máximo de Doctor.
Fidelio, quien fue vicerrector durante el primer período de Carolina Scotto, representa actualmente a los docentes de la Facultad de Ciencias Químicas en el Consejo Superior, luego de superar en las elecciones del pasado año a Santiago Quiroga, candidato de Tamarit.
A casi un año de asumir, Fidelio comenzó una actividad poco frecuente en los consiliarios docentes: cumplir con la presentación de los proyectos que propuso en campaña. En general, los representantes de los profesores se limitan a opinar sobre los más prolíficos estudiantes, graduados y funcionarios rectorales.
Hasta el momento ha presentado un proyecto para distribuir fijar parámetros de distribución de presupuesto entre las facultades y otro para crear un “trayecto doctoral”, que le permita a los profesores regulares (es decir, titulares, asociados y adjuntos) que tengan un concurso vigente acceder al título máximo de su disciplina a través de la elaboración y defensa de una tesis doctoral. De acuerdo al proyecto, se evitaría que los mismos tengan que cursar materias presenciales otorgándoles equivalencias por sus actividades docentes (enseñanza, investigación y extensión).
Los Estatutos Universitarios establecen que se debe “tener título máximo universitario” para ejercer como Profesor Regular, pero permiten a los Consejos Directivos y Superior prescindir de dicha condición cuando lo consideren pertinente.
En la actualidad, cuando la mayoría de las disciplinas cuentan con programas de doctorado, se ha vuelto muy usual hacer uso de la excepción estatutaria. Esto se da con mayor frecuencia en aquellas carreras que han desarrollado posgrados en los últimos años y que cuentan con docentes que avanzaron en la carrera docente sin necesidad de doctorarse; además de las carreras más profesionalistas, donde la valoración de los profesores contempla con mayor importancia el desempeño y la trayectoria laboral.
El proyecto del exdecano de Ciencias Químicas pretende hacer frente a años de eximiciones con una vía sensata, estableciendo límites temporales razonables y promoviendo una supervisión permanente de la Subsecretaría de Posgrado.
Sin embargo, en la primera comisión del Consejo Superior donde se discutió, voces oficialistas criticaron la propuesta por considerar que es imprescindible mantener la estructuración del cursado del doctorado con toda la rigidez que presentan hoy, haciendo uso de los vapuleados argumentos que rodean el concepto de excelencia académica.
Esta defensa podría sorprender a desprevenidos, visto que son los mismos consiliarios que aprobaron en noviembre pasado el Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) docente que permitirá el ingreso a la carrera docente a miles de docentes sin exigirles siquiera participar de un concurso abierto como requieren los mismos Estatutos Universitarios.
Los efectos de dicha normativa, defendida y avalada por el oficialismo, afectan directamente la calidad de la enseñanza en la UNC, ya que consolida la permanencia frente al aula de docentes que nunca fueron evaluados por ningún tribunal y que habrían logrado su cargo, en algunos casos, por su sola relación con la autoridad de turno.
Sin embargo, lejos de haber sido un apoyo ingenuo con vetas gremiales, la aprobación del CCT docente fue uno de los movimientos claves del Rector en su partida por la permanencia en la oficina mayor de la Casa de Trejo. Con esa jugada, garantizó el apoyo a su lista de los beneficiados en la elección del gremio docente ADIUC, que se celebró una semana después. Asimismo, cristalizó estructuras docentes favorables, especialmente en unidades académicas con más de un 60% de interinos, como la Escuela de Ciencias de la Información.
En esta oportunidad, por el contrario, algunos consiliarios consideran insuficiente el desarrollo de una investigación, la elaboración de una tesis y su defensa ante un tribunal como requisito para acceder al título de doctor, lo que a su vez, lejos de atentar contra la calidad de la enseñanza, podría beneficiarla al promover el ejercicio académico de los docentes más allá de lo cotidiano de las aulas.
Veteranos del Consejo recordaban, luego de la comisión, que no es novedad la poca simpatía del tamaritismo por la apertura de los posgrados. Por ejemplo, relataban el círculo íntimo del Rector nunca accedió a una reiterada propuesta de la psicóloga Patricia Altamirano, para que cada facultad cuente con al menos una carrera de posgrado gratuita.
Más allá del freno inicial, el químico habría recibido el apoyo de consiliarios de distintas facultades, por lo que continuará fundamentando su iniciativa para forzar su aprobación en caso de que perduren las críticas. Descansa así en manos de Tamarit la posibilidad de recomponer su relación con la academia, tantas veces esgrimidas en el camino que lo llevó al Rectorado pero tan olvidada por sus actos de gestión.