Consejos a los ricos



Por Gonzalo Neidal

DYN506.JPGCristina ha decidido abusar de la cadena nacional, violentando la Ley de Medios, cuya aplicación ha sido motivo de una batalla judicial perdida por el gobierno en los aspectos que más le interesaba. Los discursos en cadena ya forman parte de la campaña electoral lo que supone que podremos disfrutar de ellos casi a diario.
La Ley de Medios, en su artículo 75 es muy clara:
“El Poder Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales podrán, en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional, disponer la integración de la cadena de radiodifusión nacional o provincial, según el caso, que será obligatoria para todos los licenciatarios”. Sin embargo, la presidenta la convoca por cualquier cuestión, por trivial que fuere.
Su discurso del martes pasado quedó marcado en las redes sociales como el de la inversión de “Renol”, sin embargo contuvo anuncios de beneficios diversos, todos ellos compensatorios de la inflación desencadenada por el propio gobierno.
El discurso contuvo también consejos hacia quienes combaten el “modelo” económico. Habló la presidenta de la necesidad de mantener un equilibrio social:
“¿En qué consiste este delicado y fino equilibrio social? En que todos los sectores, desde los que menos tienen a los que más tienen puedan seguir trabajando en paz, en armonía, porque cuando ese delicado equilibrio se altera y se ven afectados los derechos de muchos en detrimento de unos pocos, cuando tenemos una sociedad que en lugar de ser cada día más igualitaria es cada día más inequitativa, cuando la gente ve gobiernos que no se preocupan por los que menos tienen, cuando el que menos tiene ve que a los que están arriba les importa un pito lo que les pasa a ellos, muchas veces adopta comportamiento o actitudes que muchos no comprenden y ven únicamente como violencia o delincuencia”.
Claro que la presidenta omite decir que, tras doce años de gobierno, los éxitos de su gestión en este terreno no han resultado excesivos. Las cifras de pobreza así lo demuestran. Y también la necesidad de sostener a lo largo del tiempo una amplia gama de subsidios que sólo pueden ser explicados por la ausencia de los equilibrios que se proponen.
Los sectores más postergados de la sociedad no pueden pagar todavía, tras más de una década, el precio completo del boleto de colectivo, de una garrafa de gas, ni pueden afrontar el precio real de la energía que consumen.

Ceder para evitar estallidos
La presidenta pidió a los más afortunados que no se quejen, que acepten callados el “modelo” en marcha, que supone la extensión de los subsidios y dádivas pues, en caso contrario, se rompen los equilibrios y todo puede saltar en mil pedazos pues los pobres se hartan de su condición y se rebelan.
Este concepto fue expuesto por Perón en un conocido discurso, muchas veces recordado y criticado por la izquierda, pronunciado en agosto de 1944 en la Bolsa de Comercio.
En ese momento, Perón intentaba convencer a los empresarios de que no debían temer la creciente sindicalización de los trabajadores argentinos que por entonces impulsaba el gobierno y especialmente la Secretaría de Trabajo y Previsión, a su cargo.
El argumento era similar pero contenía otros ingredientes. Perón exhibía a los empresarios la posibilidad de que, si los trabajadores no podían luchar dentro de la ley por una mejora de sus salarios y condiciones de trabajo, muy probablemente abrazarían ideologías extremas.
La idea es similar a la enunciada por la presidenta, aunque con algunas diferencias sustanciales.
En primer lugar, aquel discurso de Perón propugnaba por una mayor inserción de los obreros industriales en las negociaciones por la distribución del ingreso nacional. El gobierno militar de ese entonces se ofrecía como árbitro entre el capital y el trabajo. Decía Perón: “Yo no creo que la solución de los problemas sociales esté en seguir la lucha entre el capital y el trabajo”.
Es curioso: Cristina, en su reciente discurso acusó a los sindicatos de realizar demandas excesivas que ponen en peligro la paz social. Al parecer, el concepto redistributivo del gobierno consiste principalmente en que el estado nacional disponga de una masa creciente de recursos para poder, en cada discurso, anunciar “beneficios” graciosamente otorgados por el gobierno aún a costa, en parte, de los salarios de los trabajadores.
A mediados de los cuarenta, el objetivo consistía en la inserción de los trabajadores en las discusiones por la redistribución del ingreso mediante las negociaciones colectivas. Ahora, el mecanismo central redistributivo a que apela el gobierno son los subsidios, los planes sociales y diversos mecanismos donde se privilegia que el beneficiado perciba claramente que es el gobierno quien le concede el beneficio. Así, los jubilados pierden el 40% de sus ingresos gracias a la inflación pero prestamente aparece el gobierno para salvarlos de tal inequidad, concediéndoles aumentos que no alcanzan a compensar el deterioro.
La degradación de la idea de búsqueda de equidad para evitar la violencia social, es notable. En setenta años, hemos pasado de promover la acción sindical a cuestionarla. En ambos casos, en nombre de la justicia social.
Una y otra vez, con gobiernos peronistas.