Néstor, el primer evasor

Por Pablo Esteban Dávila

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Decreto 934, julio de 1997 emitido por el entonces gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner autoeximiéndose y eximiendo a su gabinete del impuesto a las ganancias. Hacer click sobre las imágenes para ampliar.

Como buena progresista equipada con carteras de Louis Vuitton, Cristina Fernández tiene una relación conflictiva con el impuesto a las ganancias. Es obvio que a ella y a su familia les gusta ganar bien. De acuerdo con sus declaraciones juradas, tanto Néstor como su esposa fueron los mandatarios más ricos que tuvo la democracia desde 1983. Sin embargo, esta satisfacción por el progreso propio se extingue cuando se trata del bolsillo ajeno. “Los que les va bien hacen un paro y se olvidan de los que menos ganan”, dijo la presidente en La Matanza en relación al paro de ayer. Para ella, ganar más de quince mil pesos es señal inequívoca de éxito económico.
Su cinismo, por supuesto, no merece mayores comentarios. El mínimo no imponible del impuesto no se actualiza desde agosto de 2013 y, en este período, la inflación fue de al menos el 50%. La historia argentina no reconoce semejante apropiación del salario. Hubiera sido más honesto expresar que, como el gobierno gasta mucho y lo hace mal, los trabajadores deben poner la plata que falta, aunque se la saquen a sus propias familias. La Argentina debe ser uno de los pocos países del mundo en que los aumentos salariales son recibidos con una mueca de disgusto por sus beneficiarios.
Es difícil observar en dónde radica la justicia social de este esquema impositivo. Porque no se trata de un impuesto a los ricos o al lucro de las empresas (que es la justificación técnica del gravamen) sino de una brutal exacción sobre sueldos comunes y silvestres, una alevosía que le hubiera producido estupor hasta al mismísimo Sheriff de Nottingham.
Los Kirchner, sin embargo, no siempre estuvieron de acuerdo con pagar Ganancias, y hasta militaron apasionadamente contra esta obligación. El 30 de julio de 1997, en la lejana Santa Cruz, Néstor Kirchner dictó el Decreto N° 934 (ver facsímil) mediante el cual se recurría a un ardid interpretativo para bajar el monto que, por este concepto, debían pagar tanto el gobernador como sus ministros. En su Artículo 1° se consideraba “no integrantes de la base imponible del impuesto (…) para los agentes dependientes de la Administración Central (…) de la Provincia, las remuneraciones adicionales por dedicación funcional, responsabilidad jerárquica, viáticos, movilidad, gasto funcionales de autoridad superior, dedicación horaria o exclusiva, desarraigo, indemnización por traslado y otros conceptos de similar naturaleza y significado”.
CBdLfhaXEAAEA9PEs decir que, para Néstor, cualquier cosa era aceptable (incluso recurrir a ítems que actualmente su mujer no acepta como deducibles) para escapar de las garras del impuesto, aunque un gobernador no tuviera ninguna potestad para interpretar una ley nacional de la manera en que él lo hizo. En los ’90, vale recordarlo, eran muy pocos los trabajadores alcanzados por Ganancias. Sólo los que cobraban sueldos muy altos estaban obligados al pago, un grupo en el que, pruebas a la vista, se encontraba el expresidente. Debemos al abogado Juan Pablo Ruiz el hallazgo de esta perlita jurídica dictada, paradójicamente, por el fundador del clan que llevó la presión impositiva nacional a niveles de paroxismo.
Debe ser cierto, nomás, aquella letanía que recitan los pingüinos (y una parte significativa de la población) respecto a que “estas cosas con Néstor no pasaban”, al menos con el cumplimiento impositivo; sin embargo, su mujer tampoco ha sido tan consecuente como parece en el tratamiento del asunto. Si bien se muestra inflexible con los reclamos de los camineros, recolectores de basura, transportistas, empleados municipales y otros protestones, no lo ha sido tanto con los pilotos de Aerolíneas Argentinas.
A finales de 2014, Cristina consintió en que la empresa estatal (presidida por uno de los protegidos de La Cámpora, Mariano Recalde) aumentara los sueldos de sus pilotos a través de un subsidio a los sindicatos aeronáuticos. El objeto de esta maniobra no fue otro que eludir el pago de Ganancias. El mecanismo, que continúa vigente, es digno de asombro: la empresa transfiere el monto del incremento pactado a los gremios y estos emiten un cheque de catorce mil pesos para cada afiliado en concepto de “ayuda social”, como si un comandante de Airbus A340 fuese equiparable a un cartonero. Como, en propiedad, no es un “ingreso”, no se le aplica el descuento. Es una burla muy técnica, pero burla al fin. Muchos entes gubernamentales han comenzado a hacer lo mismo, una posibilidad con la que no cuentan ni las empresas ni los empleados privados, condenados a pagar una fiesta en la que no fueron invitados.
CBdLeXjWoAAkWT2En un país gobernado por una camarilla que ha acomodado la historia a su gusto y que ha falsificado las estadísticas todo es posible. Desde el “olvidarse” que Néstor Kirchner fue el primer evasor de Ganancias hasta pretender que, desde 2013, no existió inflación que justificase una actualización del mínimo no imponible. El kirchnerismo demuestra, en este punto, que lo suyo es la militancia de lo berreta.
En última instancia, siempre podría suponerse que la presidente no hace todo esto por maldad sino por filantropía, aunque sean otros los obligados a financiar su altruismo. Lo dijo claramente ayer: “paran porque tal vez tengan que dar un poquito de su sueldo para otros compañeros”. Mientras que muchos trabajadores consideran seriamente la cuestión semántica (el “poquito” kirchnerista es lo que ellos denominarían “muchito”) es claro que Cristina piensa todo el día en los que más necesitan. Es un hecho que su amor por los pobres es tan intenso que no descansará hasta que todos lo sean en algún momento, excepto ella y su nomenclatura nacional & popular. Y, si por alguna razón desconocida, algún día Cristina creyese que podría caer dentro de tal categoría, siempre podría dictar algún Decreto como el 934 de 1997 para honrar la memoria de su esposo.