El objetivo electoral del paro

Por Juan Pablo Mugnolo
Profesor de Derecho del Trabajo en la UdeSA

DYN49.JPGLa situación económica ha erosionado en los últimos años las condiciones de trabajo en la argentina. Los trabajadores formales sufren el avance de una alta tasa inflación sobre los salarios convenidos en la ya lejanísima última ronda de negociación paritaria. Un porcentaje de ellos, quienes ostentan mejores haberes – lo que no quiere decir mucho en un país donde el promedio salarial ronda los 6.000 pesos– padece la reticencia del gobierno a concretar una actualización de la base imponible para calcular el impuesto a las Ganancias. Esta actitud gubernamental nuevamente somete un colectivo de asalariados a descuentos escandalosamente ridículos que hacen mella en su nivel de vida.
La informalidad laboral ha alcanzado números que escapan a los esfuerzos del Ministerio de Trabajo por garantizar el empleo decente. Se trata de tasas que rondan cerca del 40% de trabajo no registrado y que empujan al infierno de los fracasos los intentos que desde la economía, con la complementación de las políticas laborales, se intentaron desde hace una década.
El escenario socio laboral no es del todo alentador y, ante ello, los trabajadores y sus dirigentes reaccionan apelando a la huelga “más o menos general”. Una medida de fuerza sobre cuya legalidad no cabe redundar, luego de la incorporación al ordenamiento jurídico con jerarquía constitucional del Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre libertad sindical tras la reforma constitucional de 1994. Sobre este tipo de acciones de protesta han señalado los órganos de control de la OIT que los intereses profesionales y económicos que los trabajadores defienden mediante el derecho de huelga abarcan no sólo la obtención de mejores condiciones de trabajo, sino que engloban también la búsqueda de las soluciones a las cuestiones de política económica y social.
Pero, además de las cuestiones económicas y laborales que explican y justifican las medidas de acción directa, el contexto en el que esta huelga se concreta podría también abrir espacio a especulaciones de tipo político partidario con respecto a los acomodamientos de los dirigentes sindicales frente al proceso electoral en ciernes. Esta especulación incluye tanto a quienes, convencidos y desde un espacio ideológico, inician acciones en pos de su consolidación hasta aquellos otros expertos especuladores de coyunturas que actúan con el único afán de obtener algún lugar en el armado electoral.
La confluencia de causas socioeconómicas y laborales con aquellas otras de carácter político electoralista sintetizan el tipo de sindicalismo predominante en la Argentina: el que se hamaca desde el Partido Justicialista (en sus versiones y colores más diversos) hacia aquella otra opción que, aún no peronista, pueda hacerse del poder del Estado con el cual establecerá seguramente una relación cuyo nivel de promiscuidad resultará nada sorprendente.
Estamos ante una nueva huelga donde las cuestiones verdaderamente de fondo no han sido modificadas sino que, por el contrario, se potencian tras carrera electoral, cuyo comienzo el sindicalismo pareciera estar decretando.

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