Elecciones: ¿Nuevas tendencias?

Por Gonzalo Neidal

DYN28.JPGAun cuando faltan pocos meses para las elecciones presidenciales, el lapso que resta hasta ellas es inmenso, si tenemos en cuenta los hechos que pueden ocurrir y que pueden tener influencia decisiva en los comicios.
Los analistas del kirchnerismo se mofan de la oposición exhibiendo como un trofeo la ausencia de un estallido modelo 2001 que, dicen, la oposición pronosticaba y anunciaba como inexorable. En realidad, muy pocos han realizado semejante pronóstico. Pero sí son muchos los que denuncian una acumulación de tensiones económicas que, en algún momento indeterminado, se harán evidentes de un modo inevitable. Por ahora, el gobierno ha podido postergar los ajustes haciendo pagar al país futuro el costo de una alta inflación, estancamiento, retraso cambiario, caída de reservas y déficit fiscal. Al mantener el gasto público en un alto nivel, al continuar sosteniendo los subsidios y postergando el ajuste, el gobierno crea la ficción de una lozanía que en realidad no existe.

El acierto de Scioli
El kirchnerismo considera un éxito la ausencia del estallido que, en realidad, pocos anunciaban. Piensa que, si no hay un sacudón fuerte, el deterioro de la situación económica y las tensiones no pueden ser demostrados y, en consecuencia, no pueden ser percibidos por el electorado. Y en la Argentina, si no hay crisis, la corrupción se perdona. Por lo tanto, Cristina se irá del gobierno –piensan- con un alto prestigio electoral al punto tal que, si lo desea, puede ser candidata a diputado o senador y, de ese modo, arrastrar a una parte sustancial del electorado asegurando el triunfo del candidato que ella designe.
Si esto se verifica de ese modo, la estrategia de Daniel Scioli ha sido impecable. Aguantó todos los desplantes, soportó todos los desprecios, se bancó calladito los retos y los rechazos pero finalmente será el heredero de los votos de Cristina. En tal sentido, Cristina, al cuidar su propio gobierno, estaría custodiando también los votos de su sucesor y, en el horizonte político que puede vislumbrarse hoy, ese no puede ser otro que Scioli pese a los deseos de Cristina y su núcleo duro.
Si por el contrario, en los meses que faltan, la figura de la presidenta entrara en una pendiente más pronunciada, es probable que sea la figura de Scioli la que padezca ese cambio de escenario. Pero siempre habrá tiempo para modificar el discurso conforme a las nuevas circunstancias y despegarse de quien entra en desgracia.
Macri se extiende
La figura de Mauricio Macri se va consolidando como la de una oposición más neta y frontal al kichnerismo. Su fuerza, cualquiera sea ésta en definitiva, proviene de la diversidad que va sumando. Y ésta puede ser también su debilidad al momento de gobernar.
El oficialismo no tiene dudas: Macri es “la derecha”, es una vuelta a “los noventa”. Para el kirchnerismo, Macri es la eliminación de los subsidios, privatizaciones, devaluación y, en consecuencia, un duro ajuste en contra de los sectores de menores ingresos.
Macri se defiende diciendo que no privatizará YPF, que no volverá al sistema de las AFJP para las jubilaciones y que no quitará los subsidios a los sectores postergados. Más aún: dijo que comparte el 100% de las banderas del justicialismo.
Macri se empeña en aparecer como una variante republicana, que respetará la libertad de prensa, la división de poderes, la independencia de la Justicia y que luchará contra la corrupción. El aporte de Elisa Carrió y del radicalismo liderado por Ernesto Sanz, suman a este perfil. Y también lo hace la adhesión de un peronista moderado y sobrio como Carlos Reutemann.
Con todas las debilidades que encierra, la construcción política de Macri no puede ser subestimada. Prácticamente ha surgido con el esfuerzo de un solo hombre cuyas dotes para el liderazgo político no parecen excesivas. Construyó su espacio político a partir de la presidencia del club Boca Juniors y su gestión como Jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires. Se trata de una construcción política inusual que ha ido cubriendo un espacio político que el resto de los partidos, impregnados de populismo, han temido ocupar: el de la centro derecha.

Massa se desdibuja
Si vamos hacia un escenario polarizado entre kirchnerismo y antikirchnerismo, es probable que sea Sergio Massa quien más pueda padecerlo.
Su franja es el del peronismo no K, esencialmente.
Su triunfo en 2013 en la decisiva provincia de Buenos Aires, lo hace pensar en la perspectiva de una mayoría consolidada en esa provincia aun cuando las elecciones presidenciales cuentan con características distintas de las legislativas.
Massa disputa con Macri el voto anti-K. Sus críticas al PRO reproducen las del oficialismo (“Macri es un retorno a Cavallo”). Sus cuestionamientos a la política económica actual es más desteñida. En su equipo acoge a varios de los funcionarios económicos que tuvieron roles importantes en la última década, entre ellos el principal de todos: Roberto Lavagna, que participa de los conceptos económicos esenciales llevados a la práctica en estos años.
Massa camina por una cornisa sutil, una sintonía fina cuyo grado de distancia con las políticas actuales corre el riesgo de no ser claramente percibida por el electorado.
Como fuere, falta mucho aún para los comicios. No tanto en términos de calendario como de acontecimientos políticos que pueden ser determinantes para volcar al electorado en una u otra dirección.