Lo que viene: más verdades a medias

Por Gabriela Origlia

DYN913.JPGCon el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el Congreso se cerró una etapa. Más allá de que quien la sucede sea del “palo”, un ciclo de cierra en el país, el que empezó en el 2003. Un período que tuvo dos etapas muy marcadas, una hasta el 2007 con una economía vigorosa y la que le siguió, durante la que se fueron deshilachando muchos de los logros frente a la decisión de no meter el auto al taller aun cuando el motor echara humo. Pero ya está, “ya fue”, como dicen los chicos. Ahora hay que mirar y escuchar a quienes tienen chances de ser el próximo en llegar a la Rosada.
A siete meses de –y sin muchas expectativas de cambio- ninguno abre el juego. Todos dicen medias verdades no sólo económicas sino también políticas. Para no perder ni un posible voto Mauricio Macri juega a la “vejez” de hablar de derecha e izquierda; Sergio Massa coquetea con el peronismo pero no se asume peronista con todas las letras y Daniel Scioli es kirchnerista pero no tanto. Es el trío que hoy tiene un virtual empate técnico. Si eso declaran en el plano político… imagine que no son contundentes y directos en lo económico.
Es cierto que ningún jugador muestra todas las cartas de entrada, pero sería bueno que los ciudadanos no sigan creyendo en promesas que no tienen base para ser cumplidas. Es claro que nadie en sus cabales podría pararse y decir que vendrá un ajuste, pero todos los caminos conducen a ese “retoque”. Por supuesto que hay una escala de grises para actuar, pero lo impensable es que todo siga como hasta ahora y la economía, porque hay gobierno nuevo, reaccione.
No van a llover inversiones porque en vez de Cristina esté otro. Al que le siga lo testearán. Los capitales –como dice la Presidenta de los chinos- son “capitales pero no tontos”. El primer año del próximo no será una fiesta pero, si se toman algunas de las medidas correctivas, es posible que el 2017 empiece un período más positivo.
La economía no es una bomba a punto de explotar lo que permitiría una transición ordenada. Los aspectos a arreglar no son pocos. Inflación y atraso cambiario lideran una lista que incluye también política energética, holdouts y subsidios desmadrados. La madre de todas las batallas –que en Argentina no es novedad, sino una constante- es que se gasta más de lo que se tiene y, en determinado momento, la frazada es corta y se le empiezan a poner parches (transferencias del Central, Anses, emisión de bonos). Al final, igual que cualquier ciudadano de a pie, el país termina en el Seven y no consigue plata o la que logra es a tasas altísimas.
El que llegue no sólo tendrá que salir del intríngulis sino luchar contra una imagen (construida en décadas) de “pastorcito mentiroso”. La percepción del mundo es que, tarde o temprano (más o menos unos 10 años), Argentina tiene una crisis.
Massa, Scioli y Macri insisten con sus promesas de crecimiento, repiten que dejarán lo que está bien y cambiarán lo que no (sin detalles de cómo), juran que lucharán contra la pobreza, crearán trabajo y atraerán a los inversores deseosos de desembarcar en estas tierras. Una larga cadena de lugares comunes que no deberían colarse tan fácilmente entre los votantes. No estaría mal exigirles un poco más. Son indefinidos porque quieren ganar y para lograrlo requieren de los votos. Pareciera claro dónde está el poder para presionar y sacar algo más a la luz.