Ser contemporáneos, antes y ahora

Por Gabriel Ábalos
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Arriba una obra visual actual de Alejandra Barrotto, y abajo una pintura del artista de los ‘50 Ronaldo De Juan.

El jueves pasado abrió su temporada de muestras el Museo Genaro Pérez, ofreciendo a los visitantes en la planta baja una importante selección de obras pictóricas de artistas cordobeses de colección del Museo, organizadas según un criterio de articulación estética que se explica en la historia, la ruptura que se produce en los años 50 del siglo pasado, y de qué maestros de los años 40 procede: obras de Bonevardi, De Juan, De Monte, Miravet, Cuquejo, Pecker, Pont Verges, Grifassi, Seguí, Saavadra, se complementan con las de sus maestros y precursores Farina, Viola, Pedone, Cerrito, Spilimbergo, Camiloni, Soneira, Alonso y otros, conviven en esta muestra que presenta el Museo municipal.
Por su parte, en la planta alta quedaron inauguradas tres muestras de artistas mujeres, de sello contemporáneo, en diversos lenguajes y con motivaciones existenciales. Sus trabajos en los altos del Museo formula apuestas estéticas por medios diversos. Territorio: una utopía de libertad, de Alejandra Barrotto, se expresa a través de las tramas, del detallismo, de la textura, del ideograma, de la escritura donde se concentra el mundo de la memoria, en tres paneles de acrílico que contienen más que lo que aparece a simple vista.
Analía Godoy expone Somos luz que se apaga, una instalación que básicamente apela a la fuerza de los faroles en un salón oscuro, pero esos faroles son cubos iluminados por dentro a diferentes intensidades, y todos sus lados están envueltos en imágenes transparentes de diversos rincones del cuerpo, con su color y edad de la piel. Es su modo de reflexión sobre el paso del tiempo en el reloj del envejecimiento humano.
Y Claudia Santanera proyecta lentas secuencias de antiguas filmaciones familiares, cuyas imágenes centellean e inspiran a la poeta a ponerle nuevas palabras a esos recuerdos propios o heredados, casi detenidos en la retina. Es una búsqueda alquímica de la expresión.
La topografía del Museo formula en cierta forma un contrapunto entre ambas muestras, reforzada por sus diferentes encuadres históricos. Arriba el arte llamado contemporáneo, no queriendo decir con eso sólo que es “de hoy”, aunque lo es, sino que se trata de un arte signado por la reescritura de la creación artística, de los lenguajes, de los modos de existencia de la obra, de la función social de los y las artistas. Podríamos decir que antes un artista visual trabajaba con el pincel o la talla, o la arcilla, así como hoy se trabaja con cualquier elemento que se pueda incorporar a un objeto, ambiente o representación, ya sea con sentido simbólico o como expresión emotiva.
Claro que sin duda también fue “contemporánea” la pintura de Cuquejo, la de José de Monte, la de Pont Vergez y los otros artistas que están representados por sus obras en el nivel de la entrada del Museo. En su caso por medio de estrategias para desarrollar trazos, colores, formas que no sólo dijesen aquello que denota el tema de su cuadro, sino una maestría del pincel y del ojo para reescribir la representación de la realidad.
Conversando con el director del Museo, Raúl Lafuret Pereyra, sobre estas modalidades de ser “contemporáneos” en cada época, expresa que “en el arte se insertan cada vez con mayor fuerza, la psicología, la filosofía y los problemas de la percepción de la imagen. La diversidad nos aproxima también a los distintos modelos de análisis con los que se abordan cada tema.” Siguiendo su razonamiento, engloba en el mismo análisis a los artistas cordobeses de los años ’40 y ’50 y a su problemática: “Si nos vamos más atrás aún, llegó a decirse: “no debería haber ninguna diferencia entre un cuadro y mirar por la ventana ese paisaje que la pintura representa”. Y si nos atrevemos a seguir el viaje hacia al pasado más lejano nos encontramos con que Platón definió el arte como imitación, siempre asumiendo que en aquella época no había nada más que se considerara arte, sumando que no se ha podido puntualizar si estos dichos fueron una teoría o se trataba de una sencilla expectación.”
Raúl Lafuret es músico, y su mirada se extiende a los procesos artísticos en sentido más amplio, cuando dice: “mucha gente pudo decir que eso no era arte porque no encajaba en los cánones establecidos por la historia hasta ese momento. «Esto no es arte» en general es equivalente a una afirmación que se justifica con los parámetros que la academia ha determinado hasta ese momento. En el presente, leyendo desde estas nuevas jerarquías dinámicas, observamos que una gran porción del arte u objeto artístico que se produce (se difunde), desvincula la representación, significado y fenómenos de expresión para adentrarse especialmente en la correspondencia que se instaura entre los materiales que lo forman”. Y no deja de citar al músico John Cage, para quien “todas las respuestas son respuestas para todas las preguntas”.
Lafuret subraya, en el caso de la muestra de los artistas de mediados del siglo XX, la labor de la curadora María Ester Pañeda. “Pocas veces en nuestros museos tenemos una curación bien ajustada como en este caso y es una de las tareas que me he trazado como objetivo. No es fácil por un anquilosamiento, un estancamiento que sufrimos y que nos deja tranquilos a todos. Las colecciones que manejan los museos de Córdoba (otras privadas) son ricas en su acervo pero más meritorio es el trabajo que se puede hacer con ellas”, afirma.