La chica más guapa



Por J.C. Maraddón
[email protected]

ilustra ornela muttiEn el libro “La muerte joven” de Juan Carlos Kreimer, que para muchos de nosotros constituyó la primera aproximación teórica al fenómeno del punk, se menciona específicamente una de las obras de Charles Bukowski titulada “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones e historias de locura ordinaria”. Según Kreimer, de los cuentos allí reunidos brotaba una punkitud equiparable a la de los Sex Pistols y, pese a su edad, el controvertido escritor compartía con las nuevas generaciones su nihilismo y su cosmovisión brutal.
Para nuestra mentalidad de adolescentes criados bajo la tutela de la censura dictatorial, el título del libro de Bukowski era un llamador imposible de soslayar. Por supuesto, en las librerías argentinas resultaba inútil tratar de conseguirlo por razones obvias, pero eso no detenía nuestra ansiedad por leer esas páginas a las que su autor había amontonado bajo semejante rótulo. Deberíamos esperar varios años hasta que la edición de Anagrama de los textos de Bukowski llegara a la vidriera de Rubén Libros.
Ávidos de regodearnos con los relatos del literato más punk que ofrecía el mercado, nos dimos un atracón de páginas y, en pocos meses, leímos sus novelas, sus cuentos y también sus poemarios. Mientras la gente común disfrutaba de esa primavera democrática que le permitía reencontrarse con la prosa de Julio Cortázar o Mario Benedetti, nosotros nos creíamos los peores del curso y depositábamos con orgullo sobre el mostrador de Rubén, uno sobre otro, los libros de Bukowski que en aquel entonces ahuyentaban a los bienpensantes.
Obviamente, cuando accedimos a “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones e historias de locura ordinaria”, el relato que más nos gustó fue “La chica más guapa de la ciudad”. Esa mujer que, harta de su belleza física, se flagelaba para ver si los hombres se le acercaban por algo más que sus atractivos externos. Típico personaje del universo bukowskiano, esa atormentada prostituta llamada Cass nos sedujo para siempre y se instaló en nuestro imaginario como una de las más recordadas heroínas de la ficción.
Fito Páez, también criado durante la dictadura y espabilado en los ochenta, le dedicó a “La chica más guapa de la ciudad” una de sus mejores canciones, “Polaroid de locura ordinaria”, donde se pone en el papel del protagonista del relato, que observa la degradación de esa mujer a la que solo puede contener con su cariño. La vida nos demostró después que las Cass reales pueden ir incluso más allá de la imaginación de Bukowski. Y que a la locura ordinaria, de tan ordinaria, muchas veces se la naturaliza hasta dejar de considerarla una locura.
También en aquellos años y gracias a la desaparición de las vendas de la censura, se estrenó en los cineclubes cordobeses el filme italiano “Ordinaria locura”, de Marco Ferreri, basado en aquel famoso libro de Bukowski al que habíamos conocido a través de Juan Carlos Kreimer. Como el alter ego de Bukowski, actuaba allí el veterano Ben Gazzara. Y en el papel de Cass, aparecía Ornella Muti, una actriz que no coincidía para nada con el retrato que se trazaba en el texto literario, pero que sin dudas merecía ser “la chica más guapa”, no sólo de la ciudad, sino del universo entero.
Muti, quien ayer cumplió 60 años, tenía jóvenes 26 cuando fue convocada para el rodaje de un filme al que “The New York Times” no dudó en calificar como “pornográfico”. A pesar de las no tan pequeñas diferencias entre Ornella y Cass, la actriz que había protagonizado innumerables comedias eróticas contaba con nuestra bendición. A contramano de la torturada prostituta que imaginó Bukowski, a ella nunca le costó convivir con su belleza. Ni a nosotros con la de ella.