Año pobre pero con expectativas de mejoras

Algunas de las tendencias de los últimos meses de 2014 (inflación moderada, estabilizándose por debajo del 2% mensual; estabilidad del tipo de cambio,  recesión y astringencia monetaria) podrían seguir. Para la consultor Muñoz y Asociados, el ritmo promedio de aumento de los precios se mantendrá levemente por debajo del 2% mensual  y la evolución del nivel de actividad estará condicionada por ese dato que implicará que no haya caída de los salarios reales, por lo que  podría volver a tonificar el consumo interno y generar impulsos reactivantes.

De hecho, la consultora indica que en los últimos meses hay una mejora en la confianza de los consumidores que avalaría esa hipótesis. Pero en contrapartida, la agudización del retraso cambiario complicará aún más la situación de un buen número de sectores transables (especialmente, economías regionales) que agonizan por la pérdida de competitividad.  Además, la merma del valor de la producción agrícola (la estimamos unos US$6.000 millones inferior a la de 2014) por la fuerte caída de los precios de los commodities, también conspirará contra las chances de crecimiento.

En síntesis, Federico Muñoz proyecta un nivel de actividad que deja de caer y se mantiene relativamente estable en 2015. De todos modos, el arrastre estadístico negativo nos condenaría a una nueva contracción del PBI cercana al 1% al cabo del año. De confirmarse esa previsión, tres de los cuatro años del segundo mandato de Cristina Fernández terminarían mostrando un descenso del PBI. Ese pobre desempeño no puede atribuirse a un contexto externo desfavorable. Si bien la consultora admite que fue notorio el deterioro del escenario internacional, casi todos los restantes países de la región se las arreglaron para mantener una performance económica aceptable.

“Es evidente que las penurias de la economía argentina son atribuibles, básicamente, a vicios domésticos. Más precisamente, en el segundo mandato de  Fernández terminó de cuajar la mala praxis en materia económica que caracterizó a gran parte de los doce años de kirchnerismo. Esta mala praxis, tanto en la gestión macro como en la concepción del clima de negocios, terminó instalando una persistente incertidumbre que primero ralentizó y, en los últimos años, paralizó la marcha de la economía”, dice el informe.

En ese marco, todas las miradas están puestas en el sucesor que deberá atender, atacar y corregir estos vicios. Los problemas más urgentes de la herencia son:  inflación persistentemente elevada, con un importante componente inercial y una dosis también significativa de inflación reprimida por los controles de precios; severo retraso cambiario que castiga la competitividad de los productores de bienes transables y derivó en la evaporación del superávit de balanza comercial (pese a la vigencia de un celoso cepo a las importaciones); retraso tarifario que implicó una degradación de la infraestructura energética y de transporte; déficit fiscal creciente y una estructura tributaria que reclama correcciones.

Además, el Central quedará en una “delicada situación patrimonial”, por el creciente peso en su activo del crédito al sector público y por la caída de las reservas (con buena parte de éstas siendo yuanes inconvertibles depositados en Hong Kong). A esto, hay que sumarle un clima de negocios “hostil, por la conjunción de inseguridad jurídica, arbitrariedad en las intervenciones estatales y vigencia de cepos varios”. En el plano judicial, queda por resolver la deuda en default y en lo institucional, la reconstrucción del Indec.

Para Muñoz el clima de negocios podría mejorarse con relativa rapidez mediante unos cuantos gestos que den cuenta del final de la etapa “de irracionalidad que caracterizó a la conducción económica en los últimos años (sinceramiento estadístico, levantamiento de trabas a las exportaciones, compromiso de menor arbitrariedad en las intervenciones en la economía)”. En cambio  recuperar la salud de la macro demandará bastante más tiempo y esfuerzo: “Bajar la inflación, devolver competitividad al tipo de cambio y reducir sustancialmente el déficit fiscal exigirá pericia técnica, capacidad comunicativa y paciencia para la maduración de los logros. Además, la tarea seguramente entrañe un costo político no despreciable”.

“Creemos que un equipo económico solvente y con respaldo político no debiera encontrar obstáculos insalvables para llevarla adelante. A priori, diríamos que los referentes económicos de los tres pre-candidatos presidenciales con mayores chances estarían en condiciones de hacerse cargo de la empresa”, dice la consultora aun cuando aclara que varios de esos referentes les despiertan “ciertos reparos” pero entienden que todos “garantizan una mejora sustancial de la calidad de la política económica”.