Una denuncia gravísima, signada por la sospecha

Por Jorge Camarasa

El fiscal federal Alberto Nisman imputó hoy a la presidenta, Cristina Fernández, por el delito de "encubrimiento", sostuvo que la firma del tratado tenía como finalidad desvincular a Irán de la responsabilidad por el ataque a amia, a cambio de obtener una contraprestación energética del gobierno de Teherán.
El fiscal federal Alberto Nisman imputó hoy a la presidenta, Cristina Fernández, por el delito de “encubrimiento”, sostuvo que la firma del tratado tenía como finalidad desvincular a Irán de la responsabilidad por el ataque a amia, a cambio de obtener una contraprestación energética del gobierno de Teherán.

La denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Kirchner y el canciller Héctor Timerman, entre otros, por encubrimiento de Irán en la causa que investiga el atentado a la AMIA, tiene dos elementos distintivos: por un lado, el denunciante es la persona que mejor conoce el expediente hasta en sus detalles más mínimos y comprometedores y, por el otro, ha decidido hacer su acusación apenas setenta y dos horas después de la marcha antiterrorista en París, la más numerosa y convocante de la historia.

Esas dos características probablemente sean las que definan el futuro de la imputación, quizá la de mayor gravedad institucional de las realizadas en la democracia. Además, la denuncia ilustra de una manera diáfana lo mal que suelen terminar para el kirchnerismo algunas sociedades políticas: Nisman, que terminaría denunciándola, había sido uno de los candidatos que Cristina Kirchner había tenido in pectore para la Procuraduría General de la Nación, donde finalmente sería nombrada Alejandra Gils Carbó.

La cercanía del fiscal con el gobierno, en rigor, había comenzado hacia 2005. Para entonces, Nisman, que había estudiado como nadie los miles de fojas de la causa, había empezado a estrechar sus lazos con el sector de la vieja Secretaría de Informaciones que capitaneaba Antonio Stiusso, y había adherido a la hipótesis de los espías: Irán había sido el autor del atentado de 1994 en Buenos Aires, que había dejado ochenta y cinco muertos.

La identificación de esos autores coincidía además con las teorías que expresaban Estados Unidos e Israel, que descartaban a Siria como sospechoso de la masacre, y sería el relato que el entonces presidente Néstor Kirchner llevaría ante las Naciones Unidas.

Pero en el kirchnerismo las sociedades no son eternas, y la simbiosis entre el fiscal y el discurso oficial empezaría a hacer agua a principios de 2013, cuando el gobierno negociara entre gallos y medianoche un “memorándum de entendimiento” con la dictadura teocrática iraní, que establecía un mecanismo de indagatorias a los acusados a realizarse en Teherán.

La decisión, con fuerte oposición parlamentaria, iba a dejar pedaleando en el aire a los espías de Stiusso y al propio Nisman, que acababa de componer un dictamen de quinientas páginas donde acusaba a los iraníes no sólo del atentado a la AMIA, sino también del montaje de una red terrorista en América Latina.

amiaNo era apenas una voltereta táctica del gobierno: un año más tarde Stiusso terminaría eyectado de la ex SIDE, y Nisman cruzaría una línea sin retorno al acusar a la Presidente.

¿La acusación, entonces, es un nuevo capítulo de la sorda guerra de espías que hoy sacude al kirchnerismo? Es una probabilidad que algunos funcionarios ya se han encargado de instalar: Aníbal Fernández ha dicho que todo es parte de la “discusión” dentro de la Secretaría de Inteligencia y, como quien no quiere la cosa, ha recordado que Nisman y Stiusso lo iban a ver juntos a su despacho

El momento elegido para hacer la denuncia tampoco aventa las sospechas de una operación de inteligencia: el juez Ariel Lijo, que procesó a Amado Boudou, recibió el escrito de Nisman apenas tres días después de que casi cuatro millones de personas, encabezadas por cincuenta jefes de Estado, se movilizaran en Francia en repudio a la masacre en el semanario satírico Charlie Hebdo. Cuando el juez recibió la denuncia, oportunamente, el mundo estaba sensibilizado contra el terrorismo como no lo estaba desde septiembre de 2001, tras el atentado a las Torres Gemelas.

¿Fue una casualidad, o se aprovechó el momento adecuado?

Quizás eso no sea tan relevante como saber si el fiscal podrá probar sus acusaciones.

Con todo, hasta que lo haga, la denuncia seguirá siendo la institucionalmente más grave de las realizadas hasta ahora en democracia.