Al rescate del naufragio juecista



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Por Pablo Esteban Dávila

Luis Juez no para de sumar fracasos en su supuesta cruzada contra la corrupción. Justo en el último día del año pasado, la Cámara de Acusación envió a archivo la denuncia por supuestas dádivas formuladas contra Ramón Mestre que el senador en persona había presentado. La resolución se conoció diez días después que la justicia federal resolviera sobreseer al intendente en una causa por el supuesto desvío de subsidios al transporte público, iniciada oportunamente por Daniel Juez, el hermano concejal. La yihad juecista por la decencia es, por estos tiempos, una parodia que ya no asusta a nadie.

Estas frustraciones se suman a los previos (y cuantiosos) reveses judiciales acumulados por Juez y sus cofrades a lo largo de una década. Es un hecho incontrastable que jamás lograron probar ninguna de sus denuncias, pese a que contaron como nadie con el apoyo de buena parte de la corporación mediática cordobesa. Desde un punto de vista político, Juez y su programa anticorrupción es un fraude, un mito que aun se esfuerza por sobrevivir pese a todas las evidencias en su contra.

No debería sorprender, por lo tanto, que tanto el Senador como su Frente Cívico se encuentren en plena caída libre electoral. En rigor, no han dejado de perder votos desde aquél sorprendente 36% en las elecciones de 2007. El desangelado 3,7% obtenido por Ernesto “Pollo” Martínez en las últimas legislativas es todo un editorial sobre el devenir de una fuerza que, con su líder a la cabeza, prometía un combo de redenciones varias para salvarnos de la “vieja política”. Con estos antecedentes, cualquiera podría decir que el de Juez es un experimento acabado.

Pero el hombre parece tener un ángel de la guardia que lo protege in límite. Cuando todo hace prever que su final político es sólo una cuestión de tiempo, aparece un inexplicable Mauricio Macri dispuesto a hacerlo su aliado en una entente con la UCR. El PRO es, por estas horas, una tabla de salvación para un Frente Cívico que se encuentran en pleno naufragio.

La opción de Macri por Juez es inentendible desde el punto de vista programático. Juez no sólo había construido un pastiche pseudo izquierdista como coartada de su progresismo (que, con las pruebas a la vista, parece no ser tal) sino que, además, tenía un pobre concepto del porteño. Por si fuera poco, el Senador es un afecto a las denuncias sin pruebas, del mismo modo que el kirchnerismo lo es respecto a la administración de Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Un potencial acuerdo entre ambos es, por lo tanto, tan antinatural como extravagante. ¿Por qué, entonces, Macri se empecina en rescatarlo contra toda evidencia?

Podría argumentarse que lo hace por el 15% que el senador aún detentaría a nivel de intención de voto. El porcentaje, aunque bajo, sería lo suficientemente atractivo como para cimentar las posibilidades de triunfo de la triple entente que se proyecta desde el PRO. Otra razón sería que, como nadie en el partido amarillo ha sufrido aún en carne propia las denuncias y maledicencias juecistas todavía no se lo considera una anomalía, como sí lo hacen aquellos que han pasado por el escarnio de haber sido víctimas de su gatillo fácil justiciero.

No obstante, puede que ambos razonamientos no sean del todo correctos. Es probable que, en su minué con el senador, Macri se encuentre enviando un código Morse a sus socios en la UCR, del tipo “apúrense porque, de lo contrario, ya tengo mi plan B”. En el radicalismo algunos son receptivos al mensaje pero otros, como es el comprensible caso de Mestre, sólo se encojen los hombros. Al intendente le cuesta verse de socio con alguien que, amén de querer esmerilarlo desde el inicio de su gestión, se le antoja como un referente ya irrecuperable desde lo electoral.

No hay dudas que Macri se encuentra en medio de un operativo de rescate del que, tal vez, no haya tomado debida conciencia. Se encuentra a punto de salvar a alguien que tiene ya poco que ofrecerle y que, incluso sin aportarle nada significativo, todavía puede dañarlo en la provincia en que mejor mide. ¿Será comprensivo con este salvataje el votante macrista promedio? ¿Cómo podrá leer esta incorporación un elector que se define como centrista y moderado, justamente cuando Juez no posee –ni de lejos– tales atributos? Es un riesgo que ninguna razón objetiva recomienda correr y que, sin embargo, los operadores macristas se empeñan en desdeñarlo.