El desempleo crece por la recesión y las expectativas

21 desempleados 29-10La recesión que atraviesa la economía no es la única causa que explica la destrucción de empleo. También pesan las expectativas empresarias. Hay destrucción de puestos de trabajo porque no hay proyecciones positivas a mediano plazo.
Las diferencias con respecto a la caída económica de 2009 -en plena crisis internacional- son varias. Entonces el PIB argentino se desmoronó el 3 % y la producción industrial el 6,4%, pero el país logró recuperarse rápidamente y de manera agresiva y el impacto sobre el mercado de trabajo fue más leve que ahora. Hoy la tasa de empleo retrocede 1,6 puntos porcentuales desde el tercer trimestre de 2013 y entonces disminuyó 0,3 puntos porcentuales.
Un eventual rebote el próximo año quedará lejos del 8,7% que subió el Producto en 2010, no sólo porque ahora el mundo no está en crisis sino porque los determinantes internos que llevaron a la recesión no fueron “removidos”.
Un informe del economista Jorge Vasconcelos del Ieral apunta entre esos problemas internas la elevada inflación de origen fiscal que afecta el consumo, la falta de competitividad que impide al sector exportador actuar como locomotora y los controles cambiarios que traban decisiones de inversión: ”Salir de la situación del default selectivo puede ayudar a convivir con esos desequilibrios, pero no los resolverá”.
En mayo de 2009 la producción industrial caía 7 % interanual, y un año después aumentaba un 9%. ¿Cuáles fueron los determinantes de ese comportamiento? En el primera fecha el comercio mundial se hundía un 18 % interanual, el precio de la soja un 20 % y las importaciones de Brasil caían 40 %. Un año después el comercio mundial crecía al 19% interanual, las importaciones de Brasil un 53 % y el precio internacional de la soja, aunque reaccionaba más lentamente, ya exhibía tendencia alcista, cerrando el año con una mejora de 19 %.
Esta vez no hay recesión mundial y tampoco hay expectativa de un repunte significativo de la economía internacional. Es probable que en 2015 el ritmo de crecimiento global ascienda un peldaño, hasta un nivel cercano al 3,5 % anual (salvo una crisis financiera en la Eurozona o en China), pero esto no alcanzará para dinamizar variables como el precio de la soja o las importaciones de Brasil. El “viento de cola” –dice Vasconcelos- decayó y “se necesita mucho más de la región y de la política económica propia para garantizar un punto de inflexión”.
Un replanteo del Mercosur que permita una mayor integración a las cadenas globales de valor sería un instrumento clave, pero habrá que esperar definiciones de Dilma Rousseff en Brasil, ya que en Argentina el tema no forma parte de la agenda de las autoridades. Incluso hoy, por la impotencia exportadora que muestra el país, el déficit se profundiza, hasta alcanzar el 1,7 % del PIB en el acumulado de cuatro trimestres.
“Esto le pone un techo a la eventual recuperación de 2015 –continúa el reporte-, porque aún en un escenario de arreglo temprano con los holdouts, habría primero una normalización de importaciones (y de pagos atrasados), hoy fuertemente reprimidas, por lo que el déficit de cuenta corriente podría rápidamente duplicarse. Pasaría a un nivel (3 a 3,5 % del PIB) a partir del cual el sector externo vuelve a condicionar la evolución de la macro, al margen del monto de reservas del Banco Central”.
También hay una declinación del ahorro nacional, directamente asociado al creciente desequilibrio fiscal. Si bien la recuperación pos 2009 estuvo muy apoyada en la economía global, también ayudó la política anticíclica aplicada internamente. Ahora, el gasto público crece 12 puntos por encima de los ingresos genuinos y el déficit primario escala a 3,5% del PIB, financiado con emisión. Para Vasconcelos puede que la magnitud de las tareas frente a estos desequilibrios, en un contexto de incertidumbre del mapa político de 2015 en adelante, puede estar “haciendo mella sobre el ánimo empresarial”.
Para el informe, sólo por una razón estadística la tasa de desempleo subió apenas de 6,8 a 7,5 por ciento entre el tercer trimestre de 2013 y el de 2014. Para llegar a ese resultado debió computarse un controversial “desaliento” en la búsqueda de trabajo de 362 mil personas. Sin ese ingrediente, la tasa de desempleo habría llegado a 10,4 % en el país.