Gasto alto con menos resultados

Por Gabriela Origlia

Aunque en las últimas semanas hay paz cambiaria, el escenario de fondo de la economía argentina no se modificó. Los problemas siguen en el mismo lugar y no hay señales de que las soluciones vayan a llegar. El gasto público mantiene niveles de crecimiento en torno al 40% anual, superando la dinámica de los ingresos (aún con una presión impositiva en nivel récord). El rojo fiscal y el cuasi fiscal (término que no se escuchaba hace dos década) no encuentran su techo, las fuentes de financiamiento internas están al límite y la posibilidad de un acuerdo con los holdouts el próximo año se aleja con la mejora del stock de reservas lograda por la licitación del 4G, el swapcon China y una aceleración en la liquidación de granos.
En noviembre las cuentas públicas mejoraron porque –por primera vez en un año- los ingresos subieron por encima del gasto, el 54,9%. Un trabajo del Iaraf indica que si bien el gasto primario atenuó su ritmo de expansión respecto a octubre, la desaceleración fue moderada, de cinco puntos porcentuales (pasó de crecer un 43,8% a un 38,7%). De sus componentes ninguno se frenó de manera crucial; por caso los subsidios económicos aumentaron el 46,1% interanual (con todo, 13 puntos por debajo de octubre).
La mejora de noviembre no alcanzó para compensar octubre. Ese bimestre cerró con un déficit primario de $14.806 millones, un 56,9% más alto que el de igual periodo de 2013. En este mes ese ítem –según proyecta el Iaraf- sería de aproximadamente $65 mil millones; un resultado que más que triplicaría el último récord de déficit primario,de diciembre de 2013, cuando fue de casi $20 mil millones.
El equipo económico mantiene su decisión de cubrir esa brecha con emisión, transferencias del Central y de Anses y colocación de deuda doméstica (incluyendo el fracaso del canje de hace dos semanas). El financiamiento externo –sin acuerdo con los bonistas- no llegará. Además, el próximo año se presenta más complicado a nivel internacional, con baja del precio de las comodities y un panorama alterado en el que Europa no reacciona, China crece menos y Rusia vive su propia crisis. Después de una década el viento de cola dejó de soplar para Argentina.
Todos los pronósticos coinciden en que se mantendrá la recesión, lo que podría hacer que la inflación bajara algunos puntos, pero manteniéndose en un nivel alto, de alrededor del 30% anual. En un año electoral con gasto público creciente ese esquema permite augurar que los esfuerzos del Estado rendirán menos: cada vez necesita de más recursos y sus efectos no son proporcionales.
Otra señal que están dando Axel Kicillof y Alejandro Vanolli es que intentarán mantener el tipo de cambio oficial como ancla de la inflación. El presidente del Central el viernes auguró, incluso, un flexibilización del cepo. Sólo sería posible si acortan la brecha con el paralelo hasta un nivel cercano al 20%. Este esquema, útil a corto plazo, presenta riesgos en el mediano ya que deja una herencia compleja a quien suceda al kirchnerismo. Diferentes estudios colocan al actual tipo de cambio en los mismos niveles que a comienzos de 2002.