Fassi y el desafío de que Talleres no sea filial de Pachuca

2014-11-18_ESPEJO_webNo hubo apelaciones y objeciones de ningún tipo. Las urnas convalidaron al legítimo ganador, y por Andrés Fassi se proclamó presidente del Club Atlético Talleres, después de 10 años de proceso de quebranto y 19 años sin comicios en barrio Jardín. Es decir, una parte del oficialismo, la mayor salvo algunos integrantes “disidentes” del Fondo de Inversión que co-administraba junto al fideicomiso a la institución, tendrá un continuismo de su mandato hasta 1017 pero, esta vez, convalidado por los socios.
Lo de Fassi y el Grupo Pachuca fue arrasador. De un padrón de 1.798 socios, votó el 78,3% (1.406) y la lista “Talleres vuelve” obtuvo 1.099 sufragios. Categórico. En cambio, el grupo de Gustavo Lawson cosechó apenas 307 votos. La proporción fue 78,16% del escrutinio, contra el pálido 21,84% de “Talleres es de su gente”. Hubo un solo voto impugnado. En otras palabras, 8 de cada 10 socios eligieron el proyecto de Fassi, que prometió un “gran salto de calidad” institucional en base a inversiones nunca registradas por estas latitudes. Las urnas dicen que el hincha se vio cautivado con la posibilidad de poder lograr lo que consiguió el grupo mexicano en el país Azteca.
Claro, los aportes hablan de la friolera suma de nueve millones de dólares en tres años para dotar de infraestructura acorde en el predio de las 24 hectáreas (bautizado como “Amadeo Nuccetelli, en honor al presidente albiazul en tiempos dorados), refacción en la sede, conformación del plantel profesional con jerarquía y revitalización de las “fuerzas básicas”, es decir, las divisiones inferiores.
Seduce, sin dudas, un horizonte de esa magnitud. Invita a soñar en grande a Talleres en pos de recuperar su mística y tradición perdida. Por eso, el plan de Lawson de un club bien social y participativo, con 100 mil adherentes con cuota, con un presupuesto autosustentable y austero, no conformó ni brindó garantías a los empadronados.
Entonces se viene una nueva era en barrio Jardín, al menos por tres años, con proyecto inusitado: profesionalización total en todas las áreas, captadores de talentos en cada rincón del país, dotación de equipamiento de última tecnología en el gimnasio del predio y en la enfermería, canchas sintéticas y todo el know how de 20 años de desarrollo en México, con resultados evidentes.

Champagne y tequila
El festejo de Fassi y su grupo en su búnker, el Windsor Hotel, derramaba euforia. Cada apellido que Fassi nombraba (en señal de gratitud a los que participaron en la contienda proselitista) fue aplaudido con fuerza y júbilo por los demás participantes. Lo acompañaba Rodrigo Escribano, una de las imágenes más golpeadas tras el descenso al Federal A, ahora con aires renovadores. Si Escribano era “piantavotos”, como se supuso en la previa, a lo mejor la presencia de Fassi alcanzó para compensar. Y el “voto castigo” no se logró en tal dimensión, habida cuenta que el “grueso” del hincha visceral y temperamental no participó de los comicios. Entonces, cuando la pelota pega en el palo y sale, la calentura se traduce en insultos pero no en votos.
También participaba de los festejos el vicepresidente segundo José Tanus Rufeil, hombre con trayectoria ligada al peronismo provincial de José Manuel De La Sota, y quien fuera titular del COSEDEPRO (Comité de Seguridad Deportiva de la Provincia). Y no pudo faltar el hombre histórico para todo partido político: Paco Cabasés: a su 98 años, el intendente de la Boutique es todo un símbolo en Talleres, que reúne ternura y termina siendo debilidad de todos los hinchas. Es como un tesoro que se debe cuidar, y en el pensamiento de la dirigencia, darle cariño públicamente puede sumar aceptación social.
En su discurso, Fassi no se guardó nada. Invitó a la oposición a que acepte el proyecto, agradeció a los miembros del Fondo de “disidentes” (Ernesto Salum y Hugo Bertinetti) por haber colaborado en tiempos de quiebra y sin endeudar al club, y endulzó oídos también: “River y Boca van a tener celos del predio que tendremos”.
Lo que no queda del todo claro es que si este gobierno se trata de un gerenciamiento. No es nítido bajo qué figura o modelo puede enmarcarse el desembarco de Pachuca en Talleres. Porque a pesar de que este estilo de conducción está convalidado por asamblea y socios, los aportes privados y el plazo de recupero tras cuatro años de proceso (con elecciones antes, ya que el mandato culmina en tres años) genera algunas intrigas lógicas. “Talleres no va a ser filial de Pachuca”, repiten sus compañeros de agrupación. Sin embargo, desde México, los diarios y de boca del propio Jesús Martínez, presidente del grupo Pachuca, habla de administrar al club argentino y expandir en otro continente el modelo de trabajo que tantos réditos deportivos y económicos dio en la tierra del “Chavo del 8”.

Alianzas y estrategias
Más allá de las propuestas, clave fue en los escrutinios las alianzas y estrategias corporativas para llegar al gobierno. El grupo Viamonte, ligado al oficialismo, fue de vital importancia con el trabajo silencioso, casi como punteros políticos. Comandados con Néstor Quiñonez (hoy vicepresidente tercero), desde hace unos años se encargaron de armar “socios cautivos”, aprovechando sus contactos y relaciones personales con individuos de diversos ámbitos, para desarrollar un nutrido conjunto de voluntades. Y también lo fue por ejemplo, el “Núcleo Centenario”, dirigido por Daniel Quinteros, que dos días antes de la contienda electoral manifestaron su apoyo a Fassi, con casi 100 votos más, a pesar de que en su filosofía pregonaron los valores del estatuto y de los derechos del socio en la institución.
Por su parte, José Maslub, del Fondo de Inversión, enojado por la “traición” de Escribano al grupo, votó a Lawson, por ejemplo, pero no alcanzó para arrastrar mayores adhesiones. En se plano, tuvieron mejor movimientos y reflejos la gente de Escribano y compañía. El tacto aplicado, a pesar de los golpes por el magro presente deportivo, les fue suficiente para evitar que los votos apalabrados se les cruzaran de vereda.

Golpes bajos y acusaciones
Está claro que en la previa en cada campaña, más allá de propuestas, hubo ataques y golpes bajos. Por ejemplo, salieron a la luz en redes sociales unas supuestas deudas del candidato Gustavo Lawson con algunos bancos locales. Y desde el otro bando, acusaron a cierto “incentivo” por parte de los operadores de Fassi, con 300 pesos, a aquellos que depositen en la urna un sobre especial con el voto adentro. Incluso recorrieron imágenes de un supuesto acto ilícito, aunque con imágenes muy confusas. Ni hablar de denuncias públicas o sociales de la idoneidad de cada uno, y sobre la capacidad de solvencia económica del otro bando. Eso fue constante en la campaña. Por eso hubo fuerte presencia policial en la sede y solo fue increpado Fassi cuando fue a emitir sufragio, pero no pasó a mayores.
Pero los socios eligieron y la elección fue soberana. Fassi comandará los destinos de Talleres, al menos por los próximos tres años, aunque su proyecto a largo plazo habla de mucho tiempo más. “Entramos y no nos vamos más”, declaró en la conferencia protocolar. Deberá revalidar la confianza de los socios en 2017, cuando los comicios vuelvan a hablar por intermedio de las urnas. Así es la democracia en una asociación civil sin fines de lucro, como rige en los clubes de Argentina. Aún no se convirtieron en sociedades anónimas como en México, aunque quizás este sea el primer paso para cambiar la naturaleza de las instituciones en el fútbol argentino, fenómeno que ya ocurre a grandes escalas en el fútbol mundial y parece no detenerse, sino al contrario, tiende a expandirse.