El ruido de las peleas miserables de los candidatos hace que se escuche aún más el silencio presidencial

DYN08.JPGPor Hugo E.Grimaldi (*)

Mucho no se supo de ella durante estos días, salvo por los lavados partes médicos que son dados a conocer a las cansadas. Está claro que mientras estuvo internada se le han restringido las visitas y salvo familiares cercanos, ni siquiera se conoce si los ministros han pasado a verla. Hasta el aparato de movilización kirchnerista se puso de acuerdo esta vez para no hacerle el aguante en la puerta del sanatorio. Seguramente, así se lo han ordenado los ideólogos de la comunicación.
Hay cierta desorientación en la militancia, pero también mucho de incredulidad en quienes saben que siempre el kirchnerismo tiene cuchillos escondidos bajo el poncho. Apenas, se desquitan con un video donde Cristina Fernández habla de la calidad de los hospitales públicos que certifican los gobernantes que se atienden allí. Más allá del respeto por los cuidados médicos, lo cierto es que la imagen está primero y alguien con dolores no parece que sea algo excitante para mostrar. Sin embargo, se trata de la presidenta de la Nación y para el aparato de propaganda muy malo sería también que no se la extrañe. De destacar que es ella misma quien da todas las órdenes se ocupa a diario la verba de Jorge Capitanich.
Pese a todo, con suero y antibióticos trasfundidos en sus venas para atacar la infección, quizás desde la cama o aún desde la oscuridad de su habitación, como cualquiera desee imaginarla, en estos días, Cristina siguió marcando al compás. Sus decretos van al Congreso bajo la forma de proyectos, se avalan a mano alzada y salen convertidos en leyes o códigos. Apenas, alguna voz disonante, como la de Miguel Angel Pichetto se anima a despegarse de las viejas prácticas menemistas, como las leyes de hidrocarburos o de telecomunicaciones, hechas a medida de algunas empresas.
En este tema, hay quienes piensan que la voltereta del rionegrino es parte también de una estrategia concertada para mostrar lo benévolo que es el kirchnerismo: entregar algo para obtener el todo. No será la primera vez. Alguien ordenó que en el anuncio sobre subsidios para las familias bonaerenses damnificadas por el temporal, un tema de la seguridad social, apareciese el martes en el centro del cuadro Axel Kicillof. Cosas de la interna que no se descuidan.
En tanto, mientras la Presidenta hace silencio por orden de los médicos y se supone que es quien mueve todos esos hilos, quienes dicen que van a sucederla se han peleado por cuestiones miserables, como saber quién es más o menos solidario y se moja más los pies en las inundaciones o hizo las cosas mejor esta vez. Se acusan, se agreden, se hacen juicios, se chicanean o se molestan por supuestas operaciones de prensa pero, en general, no hay quien se salga del libreto de seguir con la onda del no cambio.
Se hacen los distraídos, porque en el fondo, casi todos los que se dicen opositores avalan el modelo, aunque esperan que las consecuencias las pague el kirchnerismo. Mientras tanto, la bajada de línea del Gobierno, la que se cuela aún en los medios que menos lo acompañan, es que la oposición no produce, que está perdiendo el tiempo y que la agenda la marca el oficialismo.
Más allá del trago amargo, está claro que, desde el silencio y la penumbra, desde el Otamendi o desde Olivos y aún con la crisis económica encima y el físico maltrecho, Cristina seguirá encendida hasta el último día de su mandato y nunca se resignará a perder poder. Para “pato rengo”, Barack Obama.
(*) Agencia DYN