Epec, historia de responsabilidad difusa

Por Gabriela Origlia

Los servicios básicos en Argentina parecen depender siempre de la voluntad de San Pedro. Córdoba no escapa a ese concepto. Hace una semana los cortes eléctricos eran producto del calor y una rama y este lunes de la “falta de jerarquía profesional” de los responsables de maniobras en Transener. A los clientes que reciben la factura de Epec las explicaciones ya no les alcanzan porque los problemas no son nuevos y la credibilidad en planes y promesas de inversión está agotada.
La Epec tiene dos problemas básicos. Uno es económico-financiero agudizado por la construcción de la usina de Pilar que -más allá de lo ilógico de hacer una obra de generación (decidida al ritmo de las presiones nacionales)- tiene un contrato mal hecho para venderle energía a Camesa por el que se promete una potencia que las instalaciones no pueden cumplir y que deriva en multas mensuales de US$ 700 mil, dinero que la empresa no puede destinar a las obras imperiosas que requiere la distribución. El “error” empezó a enmendarse en julio último con un acuerdo entre las partes.
El otro inconveniente es la estructura de la empresa que tiene una pata en cada sector (generación, transporte y distribución) cuando la tendencia hace años es a la división, donde cada actor se ocupe de su negocio. Varios expertos consultados por Diario Alfil coincidieron en que mantener generación y transporte es anti económico. Claro que la decisión de dividirla y, además, de recortarle poder al gremio no pasa por la conducción de la compañía, sino que depende del Gobernador. Aunque el momento más aconsejable para vender sectores fue antes de la crisis del 2011 (cuando hubo un intento de José Manuel de la Sota), hoy habría interesados. El gran escollo es la regulación nacional vigente.
En este contexto los expertos consultados advierten que las medidas que se tomen siempre son “parches” porque la estructura las condiciona. Enrique Neder, especialista en el tema de la Universidad Nacional de Córdoba, aporta un elemento más, relacionado a quién controla a Epec: “No se puede ser juez y parte, no se puede ser regulador y regulado. Mientras exista una dependencia muy fuerte del ente regulador con el gobierno de turno, la empresa pública quedará en una posición asimétrica (de ventaja) con respecto a los usuarios reclamantes”.
El mercado eléctrico es más convencional que otros; no es un área de innovación y ensayo y las principales modificaciones provienen de las formas de generación, por ejemplo, avanzar en la generación limpia (no es el caso de Pilar). Esto implica que la base de su funcionamiento es un diagnóstico y la planificación que debe acompañar el desarrollo y estar pensada en conjunto con las otras jurisdicciones (nacional y municipales).
Por ejemplo, la estación transformadora de Malvinas Argentinas (de 500 Kw a 132 Kw) parece ser un cuello de botella. La de este lunes no fue la primera falla. Si hay inconvenientes a repetición, ¿no debería invertirse en un sistema de seguridad? Si la inversión se debe hacer por problemas de otros (por caso, Transener) habrá que buscar la manera de cobrárselas y sino imputarla al presupuesto de la empresa.
La distribución –según coinciden especialistas, Luz y Fuerza y autoridades de la Epec- es el “gran” problema, principalmente en la capital provincial. El “error” en el contrato con Cammesa redujo recursos para hacer obras pero, además, la situación huele a tener falta de anticipación estratégica. No sólo la Municipalidad autoriza urbanizaciones sin el aviso lógico a quien deberá proveer la energía sino que la empresa podría haber ido tomando medidas para organizar de la mejor manera posible su servicio.
Neder menciona lo que se hace en algunas ciudades del exterior. A los compradores de electrodomésticos se les hace llenar un cuestionario muy corto en el comercio donde los adquieren. La información es anónima pero a las compañías eléctricas les permite disponer de una idea somera de los MW que le serán demandados. Con el tiempo esa información es muy valiosa para planificar y funciona mejor que la “denuncia” de aparatos que los clientes hacen en la empresa. Ya a nivel más general, sugiere que debería haber premios y castigos en cuanto a la demanda. Por ejemplo, promover con tarifas diferenciales que los consumos puedan trasladarse los horarios donde los consumos son menores.
Casi una vez al año los cordobeses asisten a un anuncio de un plan de obras de Epec que, salvo algunas excepciones, es casi el mismo hace una década. Siempre se terminan haciendo trabajos sueltos. Si el condicionante más importante es la estructura empresaria algún día habrá que tomar el toro por las astas. Sino seguirán las plegarias a San Pedro.