Dignidad y overol

Agustín ToscoPor Rodrigo López Tais

Su nombre, por derecho propio, quedó cincelado en el mármol donde la historia escribe páginas inmortales. Su conciencia esclarecida lo convirtió en un referente de épicas batallas por la justicia social, la libertad y la igualdad.
La profundidad de la mirada de Agustín Tosco nos interpela cuando recordamos a esa generación virtuosa del movimiento obrero, que venciendo a burocracias desclasadas, vivía con la misma decencia y austeridad que los compañeros a los que representaba, alejados del sensualismo del poder y aferrados a su compromiso con los trabajadores.
Convencido de que la liberación de los pueblos no puede ser nunca obra de quienes lo oprimen, Tosco no trepidó en enfrentar al falangismo y tomar partido en esa gesta colectiva que conocimos como “El Cordobazo”, carta de identidad del frente obrero – estudiantil.
Los días en prisión encontraron a Tosco sin quebrantos en su moral. Como Mandela en Robben Island, soportó con estoicismo los lúgubres muros que lo aprisionaban en Trelew. Sin embargo los carceleros no pudieron impedir que su dignidad, vestida de overol, siguiera iluminando la esperanza popular.
Aquel hombre, nacido en Coronel Moldes, cuando ponía su puño en alto como símbolo de lucha, izaba los principios de la palabra empeñada, la honestidad insobornable y la solidaridad sin especulaciones. Su carácter de hombre de pensamiento y acción nos impone recordarlo, más allá de la merecida evocación histórica, con la mirada puesta en el futuro y como orientación deontológica de los valores que debe profesar un dirigente sindical.
Así, por encima cualquier pertenencia sectorial, para quienes tenemos a la democracia social como vocación, Tosco no es un recuerdo. Tosco es un mandato.
Mandato que se encuentra en palabras vertidas en una carta enviada por él a Don Arturo Illia desde la prisión. Allí Tosco cifraba un mensaje para los tiempos futuros: “Estamos viviendo un presente de lucha y sacrificios para construir un porvenir de paz y fecundidad. El hombre nuevo ya está en la calle con una correcta valoración de lo que debe ser una sociedad justa y aporta su fe, energía y combatividad para edificarla con urgencia. Los pueblos y naciones avanzan hacia superiores formas de vida y los argentinos no debemos quedarnos retrasados. Es preciso derrotar entonces a aquellos, que, como usted bien señaló, pretenden convertir al ciudadano en súbdito”.

N de R: Suscribimos en toda su extensión las palabras expresadas aquí sobre la honestidad de Agustín Tosco que brilla aún más en el contexto actual del gremialismo. Pero no su pensamiento político y, menos todavía, el convenio colectivo de Luz y Fuerza, de su inspiración, que han transformado a los trabajadores de Epec en una aristocracia obrera.