El extraño caso de Cristina y Berni

DIAPASON1Debemos al escocés Robert Louis Stevenson el haber tomado conocimiento amplio y realista de los detalles que supone el desdoblamiento de personalidad.
En su relato El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, nos informa de todo cuanto hay que saber acerca de quienes están habitados por dos personas que pugnan por imponerse una sobre la otra.
La idea de esta dramática situación ha sido utilizada ya varias veces en el análisis para aludir a personajes de la política que, en un mismo lapso opinan de un modo diverso e incluso antagónico.
Un caso ilustre de esta dualidad ocurrió en 1955 cuando Raúl Prebisch presentó su breve informe económico sobre la situación del país tras el derrocamiento de Perón. En él, cuestionaba políticas de índole proteccionistas que él mismo, en su condición de Secretario de la CEPAL, apoyaba. Perón y Jauretche lo compararon con los personajes de Stevenson.
Por estos días, el mal que abrigaba el apacible Henry Jekyll parece haber recalado en la propia presidenta de la Nación. En efecto, la Sra. Kirchner durante largos años ha bancado e incluso promovido una determinada visión del derecho penal. Es la que se conoce en la Argentina como “garantismo” y consiste es poner en un primer plano los derechos y garantías de aquellos que cometen delitos.
El líder indiscutido en nuestro país de esta corriente del derecho penal es Eugenio Zaffaroni, próximo a abandonar la Corte Suprema por razones de edad. Zaffaroni cuenta también con la adhesión efusiva de la intelectualidad K (Carta Abierta, Página 12, izquierda en general) para quienes el delito tiene un trasfondo social que debe ser considerado como atenuante al momento de la punición.
La presidenta siempre se recostó sobre esta corriente. Es, sin duda, la que mejor conviene a su filosofía política. Pero últimamente parece haber percibido que existe en la población una fuerte inquietud en materia de seguridad. Cada día los diarios nos imponen sobre asaltos, secuestros agresiones y asesinatos.
Esta inquietud por la seguridad, siempre desdeñada desde el gobierno, parece haber sido descubierta por la presidenta que ahora se muestra ella misma como una partidaria de la severidad en el tratamiento del delito. Lo ha mostrado en su proyecto de modificación del Código de procedimientos penales y también lo hace cada día a través del mediático Sergio Berni.
Berni es, en cierto modo, el “otro yo” de Cristina.
Esta semana cobró notoriedad el caso de siete colombianos detenidos por los guardias del fiscal Stornelli, en un confuso episodio. Berni reveló que varios de ellos ya han pasado por la cárcel más de una vez en razón de asaltos perpetrados con uso de arma de fuego y que rápidamente recuperaron su libertad. Los datos aportados por Berni abonaron su propuesta, que es la de la presidenta, a favor de la expulsión del país de todo extranjero descubierto en flagrancia delictiva.
En el libro de Stevenson el bien y el mal estaban claramente delimitados. Nadie podía dudar acerca de qué personaje encarnaba a uno y otro. En el caso de Cristina, no todo está tan claro.
Unos aman a la Cristina garantista.
Otros a la que se identifica con Berni, propone mano dura y quiere expulsar a los extranjeros que delinquen.
El deseo de obtener votos es lo que opera este curioso caso de desdoblamiento de personalidad. Se trata, claro, de una reproducción en tono de comedia de drama planteado por el escritor británico.
DVG