Agronomía no cede: nuevo convenio con Monsanto



Por Gabriel Osman
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DSC_70541-1024x680A días que la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC decidiera derogar el convenio con Monsanto luego de los graves incidentes que se produjeran el martes 21 de octubre, el decano Marcelo Conrero informó que, mayoritariamente, la comunidad educativa de la unidad académica bajo su conducción decidió aprobar un nuevo acuerdo con la multinacional, que tiene por objeto hacer un control de calidad al segundo estudio de impacto ambiental sobre la planta de tratamiento de semillas de maíz que pretende radicar en la humilde localidad de Malvinas Argentinas.
En buen romance, esto significa que vuelven los violentos piquetes de ambientalistas al Consejo Superior, como sucedió el 21 de octubre, cuando le arrojaron en el cuerpo agroquímicos a tres consiliarios –entre ellos, Conrero-, lo que obligó a suspender la sesión sin que se tratara ningún punto del orden del día y pasar a cuarto intermedio, no sin antes arrancarle al decano de Agropecuarias el compromiso de anular el convenio, lo que hizo a los pocos días el Consejo Directivo de esa Facultad.
Lo que pasó fue que mientras esto sucedía ya Conrero había puesto en marcha un ciclo de jornadas de debate en la comunidad educativa de Agropecuarias –autoridades, profesores, no docentes, egresados y alumnos- que finalmente culminó el miércoles en Feriar, en donde se decidió por amplia mayoría firmar un nuevo contrato con la empresa Monsanto, que pretende instalarse en Malvinas Argentinas.
“Mayoritariamente, la gente opinó que sí (hay que firmar un nuevo convenio), aunque hay otros que opinaron que no era el momento por lo que se había generado a nivel social”, dijo Conrero a Cadena 3, agregando que se debía “evaluar lo que se habló, lo que se propuso; nos va a llevar un tiempo acordarlo y redactarlo”.
Más allá de estos tiempos administrativos referidos por Conrero, la decisión política está tomada y se abre un nuevo período de conflictividad gremial en el Consejo Superior, epicentro de los incidentes que se han producido últimamente. Casualmente, el martes próximo debe sesionar este máximo organismo de gobierno de la UNC y ya los violentos ambientalistas estarán enterados de que su prepotente reclamo finalmente no prosperó.
Por supuesto que las autoridades de la UNC tienen todos los recursos disponibles para evitar que los activistas lleguen al lugar de la sesión. El martes 21 también los tenían y se bloquearon todos los accesos al recinto, pero un aula que da al exterior del edificio Claustrorum quedó abierta por decisión de “alguien” y por allí ingresaron los revoltosos. El edificio tiene un diseño feo –su autor es el ex decano de Arquitectura Miguel Angel Roca- pero al parecerse a un castillo medieval, en este caso de hormigón armado, es propiamente una fortaleza, incluso con una zanja que lo circunda.
Si la decisión es firme, los piqueteros no podrán ingresar. El problema que tiene el rector Francisco Tamarit es que su brazo estudiantil La Bisagra – por la cantidad de bancas en la Asamblea Universitaria y en los órganos de gobierno, con poder en la sociedad oficialista que lo llevó al Rectorado- ha logrado una síntesis inexplicable: es anti Monsanto y es kirchnerista. Esta flagrante contradicción es porque quien gestionó y obtuvo finalmente el compromiso de Monsanto de radicar una planta en Malvinas Argentinas es Cristina de Kirchner.
Los ambientalistas no quieren que comisión alguna -sea de Agropecuarias o del Consejo Superior- dé un dictamen técnico y científico sobre los riesgos ambientales de la planta de Monsanto. Ellos, que en su mayoría no son de Malvinas Argentinas, ya han elevado veredicto apoyados vaya a saber en qué información y conocimientos, conculcando a quien tiene todos los títulos, la Universidad, la potestad e incluso obligación de expedirse sobre esta controversia.