Elecciones en Talleres. ¿Club social o corporativo?: dos modelos sin filántropos

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Pocos ambientes  existen con tanta convulsión y controversia en el seno de una entidad deportiva como en Talleres. A días nomás de celebrar elecciones, superando una década bajo la órbita de la Justicia, con una quiebra superior a los 30 millones de pesos, los aspirantes a conducir la institución no dan tregua en la batalla discursiva y proselitista, mientras debajo de la alfombra esconden miserias y rencores, además de proponer estilos de conducción totalmente diferentes y con antinomias que no tienen compatibilidad en la faz ideológica.
Por eso, hasta el 16 de noviembre, día de los comicios, se escucharán cantos de sirena, ideas tentadoras, proyectos edulcorados y promesas no del todo viables en pos de conquistar al electorado. Las especulaciones existentes sobre padrones “cautivos”, con candidatos ya seleccionados y trabajados, le aportan el condimento ideal a toda la víspera de la renovación de autoridades en barrio Jardín, que no tiene nada que envidiar a la política nacional, con tantas internas y fuego cruzado.

Del gerenciamiento al Fondo de Inversión
Con respecto a los postulantes, se diferencian claramente en las intenciones y los modelos de gestión a emplear. Talleres hoy es manejado por el fideicomiso en co-administración de un fondo de Inversión que aportó casi 13 millones de pesos desde 2010 hasta hoy. Una vez licuado el pasivo, el club debe volver a sus órganos naturales, que son sus socios, discurso interpretado por el juez de la quiebra, Saúl Silvestre, y por todo aquel que desea aspirar al trono.
Claro, en aquel entonces, tras el fin del gerenciamiento de Ateliers y una deficitaria gestión de la fundación Azul y Blanco con el fideicomiso (año 2009-10) nació el Fondo de Inversión. El nombre de Aldo Roggio, junto al del ya fallecido Miguel Srur, era garantía suficiente para mantener ordenadas las cuentas, más allá de lo variable de la contaduría administrativa en una entidad deportiva. Otros apellidos, como el de Hugo Bertinetti, del Banco Bonex, y Ernesto Salum, de Onda Sports, José Maslub y De Biasi, propietario de la gaseosa Pritty, le daban solidez a la estructura. Ahora Talleres pierda esa estructura económica para convertirse en club social, y entonces, aparecen los primero vacíos por llenar.
Rodrigo Escribano, representante de Roggio en Talleres, se quedó sin el aval de quien lo bendijo y debió adaptarse. Demasiada tentación ofrece el Grupo Pachuca con los aportes mexicanos en dólares y la alianza con Fassi se logró casi por decantación, porque Escribano necesitaba cambiar su imagen vapuleada (es hoy centro de todas las críticas). Pero antes, hubo divorcios. Esos matrimonios por conveniencia pueden traer consecuencia entre aportantes. Por eso, Salum y Bertinetti quedaron fuera de la alianza con el empresario mexicano, y no tardaron en anunciar el rechazo. Es que en vez de devolverle el club a los socios, quedaría en manos de capitales privados. Un gerenciamiento a todas luces avalado por asamblea.

Gerenciamiento o club social
En ese contexto, pagado ya el pasivo, el magistrado avaló la presentación de dos listas: “Talleres vuelve”, encabezada por el manager de Pachuca de México y cordobés de nacimiento, Andrés Fassi; y el movimiento “Talleres es de su gente”, con Gustavo Lawson a la cabeza (hermano del ministro de Comunicación Jorge Lawson).
¿Qué es lo sustancial que los separa? Mientras que Fassi apunta a aportes privados de un grupo empresario mexicano (pretenden invertir la friolera 9 millones de dólares), a modo de un gerenciamiento como Sociedad Anónima, legitimada por la asamblea societaria, Lawson imagina una especie de “socialismo”, de las entidades civiles sin fines de lucro, reclutando socios con la intención de sumar 50 mil o 100 mil, para fortalecerlo desde el “Estado” y con una administración ordenada y austera, para no depender tanto de los mecenas económicos.
Talleres hoy tiene un giro ordinario total de $ 3.300.000, y la intriga está planteada en la forma de sustentarlo. El proyecto del hombre de Pachuca es precisamente generando comisiones rentadas, inversiones en infraestructura y captación de talentos, por lo que los gastos corrientes se elevarían a casi el doble. En tanto, el hermano del ministro orienta las bases del presupuesto en el compromiso del hincha, con la creación además de un fideicomiso regulado por la bolsa de valores, pero con el mensaje de que la institución puede ser autosustentable.
Y entonces llegan las acusaciones lógicas y típicas de toda contienda electoral. Los “socialistas” acusan a que sus rivales de que Talleres será una filial del equipo mexicano (hay testimonios donde el presidente del grupo Pachuca Jesús Martínez ratifica la intención de invertir y expandir el proyecto en Córdoba). Los “privatistas”, por su parte, hincan a Lawson sembrando dudas sobre al club y argumentan que de esa manera, volverán las deudas y la rueda de préstamos que fundirá otra vez a Talleres
Lo que está en claro es que nadie pone plata sin llevarse algo a cambio. Nunca. En ningún contexto de la vida del fútbol argentino moderno, aparecieron filántropos solidarios para regalar ayuda a los clubes. El recupero llegaría por venta de juveniles, jugadores, con reparto en proporciones a especificar en un acta. Como también sería necio entender que se puede vivir solo con los recursos genuinos del club, más allá del orden y la perfecta administración. Entre esos dos horizontes se define la vida institucional en Talleres. Solo 1.845 socios empadronados elegirán autoridades el 16 de noviembre, lo que denota a su vez la escasa participación del hincha, que prefiere visitar la tribuna antes que la sede.