Tinelli y la cultura



DIAPASON1Hace algunos días el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la la legislatura porteña entronizaron a Marcelo Tinelli como “personaje destacado de la cultura”.
Esto causó un gran revuelo y obtuvo el rechazo casi unánime de diversos artistas y políticos vinculados a la estructura y al presupuesto del gobierno nacional. Consideran que se trata de un premio inmerecido porque lo que hace Tinelli en la televisión argentina no reviste el carácter de “cultura”. Al parecer, para ellos, ese vocablo está reservado a expresiones tales como la literatura, la pintura, el teatro, el cine, la filosofía, la música y otras similares.
En todo caso, no incluyen a la televisión. O, si lo hacen, se circunscriben a Canal Encuentro, Paka Paka o 678. Con suerte y astros a favor, irían también programas políticos o algunos como Los 8 escalones.
Pero no Tinelli.
Los que no preferimos a programas como Show Match, siempre tenemos a mano el control remoto para elegir otras expresiones más afines con nuestros gustos. Es una de las ventajas de la diversidad y la libertad.
En todo caso cabría discutir –y no nos proponemos hacerlo aquí- si la televisión (telenovelas, humor o el Bailando) quedan fuera del concepto de “cultura” o si constituyen expresiones menores en comparación con otras más relevantes y exquisitas o si la palabra cultura les cabe plenamente.
La duda acerca de qué es “cultura” puede extenderse a expresiones más diversas tales como el deporte, la producción de artesanías, la gastronomía, los festivales de música y danza y otros.
Las objeciones a Tinelli también aluden a la procacidad de su programa, donde abundan, en intentos danzarines no siempre garbosos y lucidos, niñas con vestimentas magras que ponen a la consideración de los televidentes sus exuberancias anatómicas no siempre desdeñables a los fines de la recreación visual. Esta objeción mojigata no puede ser considerada con seriedad.
En estos tiempos la línea divisoria que separa la cultura de aquello que no lo es, resulta asaz borrosa y caprichosa. Recordamos por ejemplo que en ocasión de la Feria del Libro de Frankfurt, hace algunos años, el stand de Argentina, que seguramente fue pensado y armado por gente culta afín al gobierno, exhibía con orgullo, los retratos de Diego Maradona, el Che Guevara y Eva Perón.
Cualquiera sea la valoración que hagamos de cada uno de ellos, resulta muy difícil asociarlos con la historia cultural del país, si utilizáramos similares parámetros que los que hoy sirven para objetar a Tinelli.
También recordamos que Sarmiento, nombre asociado definitivamente a la cultura y la educación en la Argentina, fue borrado de los festejos del Bicentenario.
En materia de cultura existen pues, muchos criterios y todos ellos quizá muy valederos al momento de señalar a quienes merecen premios o distinciones.
Por el programa de Tinelli han desfilado desde bailarines clásicos (Maximiliano Guerra, Hernán Piquín, Eleonora Cassano) hasta humoristas de nota y cantantes y actores notables. Todos ellos habitantes dilectos de las cúspides del espectáculo en la Argentina.
Si se considera que la palabra “cultura” queda grande a un espectáculo como el de Tinelli, quizá se considere más apropiada una distinción en el rubro “arte y espectáculo”. Pero también allí, estamos seguros, Tinelli habría recibido expresiones de repudio y cuestionamientos severos.
Pero ha sido Tinelli el dueño del rating y de las preferencias de los televidentes argentinos en los últimos veinte años.
Se trata de un producto inobjetablemente “nacional y popular”.
Tanto como León Gieco, Ignacio Copani o Teresa Parodi.
DVG