Inclinación por el bronce

Por Gonzalo Neidal

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío al Congreso Nacional del nuevo Código de Procedimiento Penal por medio de la Cadena Nacional.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío al Congreso Nacional del nuevo Código de Procedimiento Penal por medio de la Cadena Nacional.

Hacia el final de su ciclo, Cristina Kirchner se niega a quedar en la memoria colectiva como la mujer que reintrodujo el flagelo de la alta inflación en la Argentina o como la gobernante que nos legó una hipoteca energética de complicada solución en los próximos años.
Ha elegido volcarse a la aprobación de Códigos y leyes cuyo establecimiento suponen, en un país organizado, la existencia siempre trabajosa de amplios consensos.
El Código Civil y Comercial, la Ley de Hidrocarburos y las modificaciones al Código Procesal Penal reclaman un debate mucho más amplio que el que se ofrece, además de su aprobación por una amplia mayoría que logre integrar a los distintos sectores y partidos políticos.
Al igual que una reforma constitucional, son temas que no deberían ser impuestos por una mayoría circunstancial en el Congreso que, además, quizá ya no represente la actual relación de fuerzas en la sociedad.
El delineamiento de una nueva política petrolera, por ejemplo, será obra de un próximo gobierno que deberá corregir las falencias de esta década de desaciertos manifiestos que nos llevó desde una situación de excedencia heredada a la nueva condición de importadores netos de hidrocarburos, lo que significará una pesada carga para quienes gobiernen en los próximos lustros. Hubiera correspondido a ellos, a quienes asuman en diciembre del año próximo, estudiar e implementar nuevas ideas y plasmarlas en leyes adecuadas.
Hace un par de días, Cristina avanzó sobre un nuevo Código de procedimientos penales que, muchos sospechan, está destinado a preservar a los que hoy gobiernan para el caso de que la Justicia intente caer sobre ellos en el futuro. Se verá si, en este sentido, se trata de un intento exitoso.

La mano dura
Lo curioso es que, puesta a publicitar este nuevo proyecto de ley, la presidenta apeló a mostrarse coincidente con lo que ella interpreta es una demanda de “mano dura” por parte de la sociedad. En su discurso, Cristina anunció que los extranjeros que fuesen sorprendidos en delito flagrante, serán deportados a sus respectivos países de origen.
Esta idea ya había sido expuesta por el secretario de seguridad Sergio Berni, hace algunas semanas. Y, por supuesto, no fue recibida con entusiasmo por la intelectualidad progresista ligada al gobierno. Incluso la última Carta Abierta deparó términos duros a Berni y afirmó que esa propuesta resultaba inaceptable para un gobierno popular. Pues bien, estamos ansiosos de ver ahora la reacción de la primera línea de los pensadores K, ya que lo que dijo Berni ahora Cristina lo ha ratificado y pide darle jerarquía de Ley.
El gobierno, que ha alimentado durante años al garantismo cuya máxima figura es el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, ahora parece opinar todo lo contrario y se vuelca hacia un pensamiento que expresa más bien los puntos de vista de la oposición y de quienes tienen posiciones más conservadoras respecto de la inseguridad.
Pero no es la primera vez que Cristina hace esto. En ocasión de intentar que algunos miembros de la Justicia sean elegidos por el voto popular, antes de las elecciones de 2013, Cristina cuestionó a los jueces diciéndoles que eran muy blandos con los delincuentes y que éstos “entraban por una puerta y salían por la otra”.
Es que pese a que al presentar las modificaciones al código de procedimientos penales, la presidenta afirmó que “la inseguridad tiene mucho márketing” (una frase ciertamente desafortunada), Cristina percibe con claridad la exigencia de la sociedad de una mayor penalización y control del delito y la delincuencia.
Distintas encuestas on line realizadas estos días acusan que un 95% de la población se muestra partidaria de la expulsión de los extranjeros que delinquieran, tal como propone Cristina. No parece, claro, un sentimiento muy afín a la hermandad latinoamericana pero denota una preocupación muy intensa por el delito y la inseguridad. Y la presidenta no podía obviar este dato de la realidad.
En tal sentido, su afirmación de que “la inseguridad tiene mucho márketing” no es más que una confesión de su propia búsqueda de algún tipo de afinidad con las clases medias.

Prioridades
De todos modos, su vocación por el bronce parece llegar en un momento asaz inoportuno. En efecto, el presente de la economía y la política no se muestra pacífico ni ofrece la calma que suele ser necesaria para pensar en los temas de fondo, esos cuya resolución consensuada debe ser de tales características que puedan permanecer durante décadas.
Sin dólares para importaciones sensibles, con inflación que bordea el 40% anual, con un tipo de cambio retrasado, con graves problemas energéticos, con precios internacionales en baja, con recesión y despidos, es curioso que la presidenta se concentre en temas que nada tengan que ver con estos problemas acuciantes.
Da la sensación que no ha centrado adecuadamente el foco de sus desvelos. Que no interpreta con claridad la grilla de prioridades que tiene ante sus ojos.
¿Será, nomás, que Dios ciega a quienes quiere perder?