Territorio y publicidad: Mestre intenta mostrarse cercano y hacedor

Por Daniel Zen
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p06-1De vez en cuando, la dirigencia interpreta que el poder se construye de abajo para arriba. Son generalmente tiempos proselitistas, o tiempos para mejorar imágenes. En el sector del radicalismo que gobierna la capital provincial se ha llegado a esa definición actualmente y hace unos meses, se ha parido un programa puntal para atacar el territorio.
“La Muni en tu barrio” parece ser que es lo que más ablanda los corazones barriales del padrón general, que vienen latiendo a un ritmo diferente que el del intendente Ramón Mestre, por cuestiones de empatía. O de habitus, diría el sociólogo francés Pierre Bourdieu.
Pero el éxito del programa, en términos políticos, ha sido todo un dato para que los planificadores de la gestión radical concibieran la idea de intensificarlo de aquí hasta la hora electoral. Esa es la novedad: el intento de desterrar al intendente de la lejanía en que la opinión pública lo colocó.
Lo concreto es que una vez por semana, diferentes áreas del gobierno comunal van a los barrios, en especial aquellos más humildes y poblados. La gente hace trámites de Registro Civil, empleo y accede a otros servicios municipales, como odontología y vacunación. Y claro, además se puede ver al intendente en formato dulcificado, rodeado de funcionarios y visitando (supervisión en la jerga), además, obras que justo se estén efectuando en la zona visitada. “Más allá del trabajo comunitario realizado, esto sirve para generar mayor empatía e intentar minimizar el impacto de los golpes mediáticos y de los reveses judiciales”, decía en off un funcionario de Desarrollo Social; en off pues ningún colaborador tiene vía libre en su palabra por definición comunicacional del mestrismo.
De cierta manera, lo que se busca es engordar la figura política de líder de la UCR para llegar al momento de la decisión (¿candidatura a intendente o a gobernador?) lo más robustamente posible.

Cadena semiótica
El mismo objetivo, engordarlo, tiene el nuevo despliegue semiótico de la gestión. Pero hilemos.
Primero fue la retórica del caos heredado (“Nos dejaron una tormenta perfecta”). En ese inicio la intención era ganar consenso y amenizar los costos políticos de tercerizar todo, subir tasas e impuestos como hacía mucho no se hacía y arrogar a la figura del intendente atribuciones especiales.
Después vino el discurso de la proactividad (“Estamos en marcha”). En esta segunda etapa donde en rigor de verdad no se vieron los cambios profundos que la gente creyó haber votado, el objetivo era inocular paciencia en los vecinos, alegando que la “barbarie” de los 12 años sin radicalismo había sido profunda.
Ahora, en la última etapa, el intento tiene que ver con convencer a la gente de que el Ejecutivo municipal hizo, obró para mejorar la ciudad (“Mejor no es poco”). En ese marco, aparecieron recientemente carteles en la vía pública enumerando acciones: “12 desagües en marcha”; “10,9% menos empleados”, etcétera.
Párrafo aparte merece justamente esto último, pues hay varios opositores que tienen reparos sobre la manera de contabilizar ese tal 10,9% menos de empleados. Los recursos humanos municipales propiamente dichos (o para decirlo de otra manera, los asalariados potencialmente afiliables al Suoem) son la misma cantidad o más. Lo que sucede es que el mestrismo descuenta los casi 1500 empleados de la extinta Tamse, que pasaron a manos privadas Ersa y Autobuses Santa Fe), y que ahora tienen carácter de trabajadores ciertamente indirectos para la Municipalidad al subsidiar la propia comuna a las prestatarias. Lo mismo ocurre con los ex empleados del servicio de higiene que ofrecía Crese y que ahora lo ofrecen, vía contratación directa abonada por la Municipalidad, prestatarias privadas.
En definitiva, la secuencia “Recibimos caos / Empezamos a gestionar / Algo pudimos hacer” redondea la gestión de Mestre a nivel comunicacional. Esta tercera etapa que arrancó con un spot televisivo rodado en el living de la casa del jefe comunal donde se avisaba que a pesar de las criticas (“digan lo que digan”) la ciudad había avanzado (“mejor no es poco”), será la que intente colocar en carrera nuevamente al mestrismo. Habrá que ver si el electorado interpreta lo dicho como lo hecho. O no.