Miren hacia el norte

DIAPASON1Cerca de la presidenta hay muchos que adjudican la Guerra de Malvinas a las supuestas preferencias etílicas del General Galtieri.
Sería muy interesante conocer las reflexiones de estos revisionistas salvajes acerca de los dichos de Cristina sobre Estados Unidos.
¿A qué inclinaciones presidenciales podrán atribuirlos?
Lo cierto es que Cristina ha dicho que Estados Unidos podría atentar contra su vida. No lo dijo con esas palabras exactas pero la frase “si me pasa algo, miren hacia el norte” no admite demasiadas lecturas.
Obama es el enemigo. El que, seguramente movido por la envidia, pone piedras en el camino del avance argentino hacia su consolidación como una poderosa nación.
Pero no está dicha la última palabra en este tema. En materia de elección de enemigos, Cristina es una mujer asaz cambiante.
Recordemos lo que le pasó con Bergoglio, por ejemplo. Hasta que fue elegido Papa, figuraba como entregador de sacerdotes y colaborador de la dictadura militar.
Ahora, ya lo sabemos, es Gardel con sotanas.
Los muchachos de La Cámpora pasaron de dejar recuerdos escatológicos en el altar de la Catedral Metropolitana (por si no se entendió, estamos hablando, concretamente, de pis y caca), a marchar en procesión a Luján para encomendarse a la virgen en su denodada lucha contra los fondos buitres.
En la relación con los Estados Unidos, la presidente se mueve con pulsión adolescente. Como una militante universitaria de los años setenta.
Como una chica que pinta grafitis contra los yanquis y volantea consignas para juntar votos para una elección de centro de estudiantes de Filosofía y Letras.
Si no fuera patético, sería gracioso.
La principal ocupación presidencial ha pasado a ser la búsqueda de un culpable de las turbulencias que están llegando.
Y, para eso, nada mejor que los yanquies.
Esta línea la empezó Néstor. Primero fue recibido por Bush hijo. Eran tiempos de amistad. Era cuando le tocaba la rodilla cariñosamente al presidente norteamericano.
Luego vino el desbarajuste de Mar del Plata, en 2006, cuando el Néstor propició un acto de repudio hacia el presidente norteamericano, con Chávez y Maradona, en momentos de la Cumbre de las Américas.
Otro capítulo fue el desaire de Obama, que visitó la región y salteó a la Argentina. Enseguida vino el episodio de la alicates en Ezeiza, encabezado por Timerman.
Y la gota que rebalsó el vaso: el fallo de Griesa.
Muchos dicen que Cristina arreglará con los holdouts en enero, cuando venza la cláusula RUFO.
Nos permitimos dudar de ese pronóstico.
Cristina encontró un tono político exacto para el último tramo de su gobierno, el tramo del descalabro.
Y es éste: el de la victimización. El de la conjura internacional contra el país exitoso.
Al menos Néstor se peleaba cuando la soja estaba a 600 dólares la tonelada.
Ahora, con la inflación al 40% y la soja a mitad de precio, necesitamos amigos para que inviertan en el país y nos ayuden a salir de los problemas.
Cristina teme que le ocurra algo malo. Que desestabilicen su gobierno y tenga que irse antes de tiempo.
Quizá, en su fuero íntimo, tema que le ocurra lo peor.
Y lo peor para ella es que tenga que gobernar hasta el último día de su mandato.
DVG