“En la Universidad, la excelencia académica no está en la agenda”

Alfredo BlancoPor Jorge Camarasa

-Extraño la gestión de Scotto…

Pausado, tranquilo, sin levantar la voz, Alfredo Félix Blanco (62, economista, cordobés de Río Cuarto), deja caer la frase como quien no quiere la cosa.

Al living de su casa entra la luz que viene desde el jardín, y en las paredes hay óleos con motivos serranos. Pese a que estuvo una docena de años en la función pública, primero como secretario de Gobierno municipal y después como legislador radical, no hay íconos que aludan a su militancia.



-Yo no hago catequesis ni trato de convencer a nadie- dice.

La nostalgia por la gestión de Carolina Scotto al frente de la Universidad Nacional de Córdoba entre 2007 y 2013, no refiere sólo a los logros sino a que también Blanco era parte de esa conducción. Como docente en Ciencias Económicas, facultad de la que fue decano, formaba parte de Cambio Universitario, una alianza entre kirchneristas, radicales e independientes, que se rompió en las últimas elecciones.

-¿Qué pasó con la Universidad?

-Fue como si se hubiera perdido el rumbo, y la consecuencia es que lo académico dejó de ser una prioridad. Ahora parece que las prioridades fueran políticas.

-¿Y está mal que la universidad “sea política”?

-No, a condición de que no se descuide lo académico. Pero bueno: probablemente, ésa sea la prioridad del rector.

El rector, Francisco Tamarit, un físico de filiación kirchnerista, fue quien le ganó a Blanco en segunda vuelta las elecciones de abril de 2013. Los resultados de los comicios fueron, por lo menos, sorprendentes.

-Tamarit ha dicho que su candidatura fue partidaria…

-En todo caso, fue tan partidaria como la suya. Él es kirchnerista pero terminó uniéndose a los sectores más tradicionales del peronismo, así que las que nos separan son cuestiones políticas. Con el rector hemos recorrido juntos muchos años de Cambio Universitario y tenemos una mirada similar sobre los problemas de la Universidad, pero esa impronta política que él le ha dado a su gestión, al final termina repercutiendo y marcando diferencias también en lo académico.

-¿No está de acuerdo con la elección directa de autoridades, por ejemplo?

-No, no. Con lo que no estoy de acuerdo es con que no haya temas académicos en discusión. No estoy de acuerdo con que no se fortalezca la autonomía de la universidad sobre el poder político, con que no se incentive la democracia interna y la excelencia académica…

-¿Pero con la elección directa de autoridades sí está de acuerdo?

-Mire: si el método va a contribuir a dar más transparencia a la elección, claro que estoy de acuerdo y voy a acompañar. Si va a servir para que no se repita lo de la última elección, por ejemplo, donde hubo un sorpresivo cambio de votos en las últimas veinticuatro horas antes de los comicios.

-¿Y esa elección directa no politizaría todavía más la gestión? Estaría votando un padrón de 120 mil electores, el tercero más grande la provincia…

-Bueno, pero la democracia universitaria no es una democracia de iguales sino de claustros. Y las elecciones para elegir los cuerpos colegiados que conducen la universidad, ya tienen mecanismo de elección directa: se vota a los consejeros que van a integrar la Asamblea Universitaria y a los consiliarios que forman el Consejo Superior. Pero seguimos discutiendo sobre cuestiones institucionales o políticas, y no académicas: la discusión electoral, el conflicto de Medio Oriente, los excesos policiales,las convenciones colectivas de trabajo del cuerpo docente…

-Es como una universidad donde faltara la academia, dice usted.

-¡Es que la excelencia no está en la agenda!

-¿Y los SRT?

Los Servicios de Radio y Televisión son un elemento fundamental de nuestra Universidad. En la actualidad, lo que se está debatiendo no son los contenidos ni cómo debería ser un canal universitario, sino si el canal de veinticuatro horas de noticias tiene que estar o no en la grilla de Cablevisión. Y se puede apoyar esto, de hecho yo estoy absolutamentede acuerdo con que esté, y hay dos fallos judiciales que así lo ordenan, pero no se habla de los contenidos…

-Con los que usted no está de acuerdo…

-Con algunos sí y con algunos no. Pero como dicen que decía Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a expresarlo”.

-Desde el Rectorado no se aplica el mismo criterio para el tema de Monsanto.

-No, claro… Yo creo que esa es una cuestión sobre la que hay que discutir sin prejuicios. Está claro que Monsanto es una empresa multinacional que deja muchas dudas sobre la pureza de sus procedimientos técnicos, y yo mismo he pasado a mis alumnos de la cátedra de Historia del pensamiento económico “El mundo según Monsanto”, esa película crítica de la documentalista francesa Marie Monique Robin, para debatir el tema. Lo que no se puede hacer institucionalmente es censurar lo que piense o decida una unidad académica de la universidad, como está sucediendo a partir del acuerdo firmado por la Facultad de Ciencias Agropecuarias a través de su decano, el ingeniero Conrero.

-¿La universidad no tiene que tener una posición orgánica, “oficial”, sobre esos temas?

-No, no sobre cuestiones controversiales. La Universidad es un territorio de pluralidad de miradas. Esos temas hay que debatirlos y escuchar todas las opiniones. Sobre lo que sí la Universidad debe tener una posición institucional es sobre temas como el respeto a los derechos humanos o la defensa irrestricta del sistema democrático. Sobre esas cuestiones sí tiene que tener una posición orgánica, única. Sobre los temas institucionales, sí.

-Usted diría, si le entiendo bien, que la Universidad de Córdoba está perdiendo parte de su autonomía, que está supeditada a la cuestión política…

-¡Y la autonomía es uno de los principios básicos, fundacionales, de la Reforma de 1918 de Deodoro Roca, Grabriel del Mazo, Arturo Orgaz y tantos otros…!

-Le preguntaba lo de la dependencia del poder político, porque el año que viene habrá elecciones presidenciales y existe la posibilidad de que el kirchnerismo puro no retenga el poder…

-Sí… Y entonces las actuales autoridades tendrán que reflexionar sobre qué van a hacer…

-Y tras las elecciones de Presidente, al poco tiempo, las de Rector. Tamarit aún no define si se va a presentar de nuevo. ¿Usted qué va a hacer?

-Lo mismo que he hecho desde que accedí a la cátedra universitaria. Tratar de cumplir con mis responsabilidades académicas y contribuir en todo lo que me sea posible por el bien de la UNC. Mientras tanto, voy a acompañar todas aquellas cosas que sean para mejorar la Universidad: la democracia interna, la excelencia académica, la autonomía, la transparencia…

-Tiene una idea fija con la transparencia, usted. ¿No es suficientemente transparente la gestión actual?

-En general le puedo decir que está politizada, y que en tanto no se admita que lo está, no es todo lo transparente que debería ser. Y en lo particular, le cuento algo: hace unos meses que presenté un proyecto para que se suban a la web de la Universidad las actas de las sesiones del Consejo Superior. Fue una iniciativa parecida a otra que ya había presentado la Facultad de Psicología.

-¿Y?

-Todavía no contestó nadie.

-Vuelvo al 2015: ¿qué país tendremos para entonces? Esto se lo pregunto como economista.

-Hoy le diría que el mismo país de siempre: impredecible. La política económica perdió sus fortalezas en el sector externo, la situación fiscal holgada y el tipo de cambio competitivo. La consecuencia de todo esto, producto de las malas políticas, es que se ha caído en un desequilibrio estructural y se ha fracasado en contener la inflación. El gobierno perdió credibilidad, y la proximidad de la finalización del mandato lo complica más.

-Los pronósticos para este diciembre son inquietantes…

-Por ahora no se puede saber lo que va a pasar en diciembre. Está lo de los fondos buitres, a los que se puede decidir pagar o no pagar, y cualquier decisión que se tome va a traer consecuencias. Lo que sí está claro es que va a aumentar la conflictividad social y la incertidumbre económica.

-¿Y entonces?

-Y entonces, hay que esperar.