Giacomino proyecta su retorno: ¿utopía o chance real?

0 slide - copiaPor Pablo Esteban Dávila

Daniel Giacomino ha acometido, con sorprendente vigor, la tarea de retornar al Palacio 6 de Julio. El objetivo es ambicioso, especialmente cuando la opinión pública parece no albergar tiernos recuerdos de su paso por el municipio. Muchos dudarían en seguir adelante con tamaño viento estadístico en contra. Pero las acciones del ex intendente parecen sugerir que este contratiempo no le importa demasiado y que, en definitiva, cualquiera se dice político cuando el electorado lo acompaña, pero que el político verdadero es aquél que desafía los humores del pueblo, los que sabe son siempre pasajeros.
El operativo regreso está, no hace falta decirlo, plagado de obstáculos, en donde los malos recuerdos de su pasada gestión constituyen, apenas, uno de los menos relevantes.
Es un hecho que la reelección del intendente ha sido cancelada de facto desde 1999, y que la causa eficiente de tal derogación no ha sido otra que los magros resultados obtenidos tras sus sucesivos períodos.
Desde Germán Kammerath hasta el propio Giacomino, ninguno de los tres mandatarios intentó buscar otro período consecutivo, pese a estarles perfectamente permitido. Ramón Mestre, el autoproclamado restaurador del orden perdido, todavía no acierta a discernir si su destino político estará más próximo al de los pasados intendentes radicales o al de sus antecesores inmediatos; así de módicos lucen sus actuales logros.
El contraste entre las dos primeras décadas de democracia con el del último decenio en la ciudad es marcado. Tanto Ramón Bautista Mestre como Rubén Américo Martí monopolizaron el poder durante largos dieciséis años y, desde el edificio del Departamento Ejecutivo, imaginaron una proyección política de vasto alcance. Esto fue posible porque, en aquellos tiempos, la Municipalidad era una jurisdicción opulenta, que contrastaba con la realidad más frugal que vivía la provincia. Gracias a tal holgura, aquellos intendentes miraron de soslayo a diferentes crisis, algunas de las cuales trajeron fuertes dolores de cabeza al gobernador de turno.
Pero todo esto es parte del pasado, siendo la actual realidad mucho menos glamorosa. Desde los tiempos de Luis Juez, el municipio se ha transformado en una organización que paga sueldos cuantiosos a una nómina de personal siempre lista para hostigar al intendente que les toque en suerte y negarles servicios esenciales a los ciudadanos. Esta lógica una perversión sistémica que, en los hechos, incapacita a la política para independizarse eficazmente de la tutela del SUOEM, al punto tal que bien puede hablarse de un cogobierno sindical, en donde el intendente electo por el pueblo tiene menos poder que el Secretario General elegido por los empleados.
Estas dificultades harían flaquear a cualquiera, especialmente a quienes tuvieron que pasar por el calvario; sin embargo, no parecen afectar la decisión de Giacomino, empeñado como lo está en relanzar su imagen y proyecto político.
¿Cuándo de volitivo y cuánto de raciocinio tienen sus propósitos de ser elegido nuevamente como Intendente? Probablemente sorprenda constatar que el lado racional es, con mucho, el aspecto que predomina en el cálculo. Ya se ha dicho que, tras la defección de Carolina Scotto, las minis tribus kirchneristas en la ciudad de Córdoba se han quedado sin un referente que las aglutine. El ascenso de Ernesto “Tatú” Bernabey al deshilachado parnaso K del interior provincial no mueve la aguja en la capital. Es un hecho que, con semejante panorama, Giacomino tiene chances de ir por más dentro de un grupo anímicamente golpeado y próximo a quedarse sin los recursos que provee la Nación.
Además, las encuestas no les son del todo desfavorables. Si se tiene en cuenta que Mestre fue elegido, apenas tres años atrás, con el 35% de los votos, no podrá calificarse como irrelevante al diez o doce por ciento de apoyos que, por estos tiempos, ostenta Giacomino. Aun manteniendo este porcentaje hasta el día de la elección, el actual diputado kirchnerista podría asegurarse dos o tres bancas en el Concejo Deliberante, y desde allí seguir fogueando su vocación municipalista, del mismo modo que lo ha hecho Olga Riutort en los últimos años. No está de más recordar, en este sentido, que Esteban Dómina, concejal del tullido juecismo deliberativo, se las ha arreglado perfectamente para estar en el candelero pese a la modesta votación obtenida en 2011.
Si, como todo indica que sucederá, las elecciones municipales de 2015 se convocaran en fechas distintas a las de presidente y gobernador, sus chances también se incrementarían por ausencia de arrastre extra distrital. Es en este punto en donde el panorama se abre sorprendentemente, pues muchas cosas podrían pasar. Una de ellas, que el justicialismo acceda al poder mediante la confluencia (tantas veces postergada) de Riutort con el delasotismo; la otra, que Mestre decida buscar su reelección con el apoyo del PRO y convencido que no tendría chances a nivel provincial. En cualquier caso, el espacio dejado vacante por el juecismo (a menos que Juez decida imitar a Giacomino) podría fluir hacia el candidato kirchnerista, de la misma manera en que un interesante sector del electorado terminó de decantarse por Scotto.
No obstante, el escenario podría variar abruptamente si Olga continuase con su porfía de ganar por fuera del peronismo y si el PRO determinase que la candidatura de Felipe Lábaque es innegociable. En este supuesto, la dispersión del voto resultante sería ganancia pura para el exintendente que, no sin cierta astucia, supone que sus apoyos – aunque menores – constituyen un núcleo duro que no se dispersaría ante una oferta electoral tan inflacionaria. En este sentido, sería perfectamente comprensible que, en los próximos meses, Giacomino atizara por todos los medios a su alcance las brasas de la discordia entre sus potenciales competidores.
La distancia que media entre “Regreso sin Gloria” y “El Retorno del Jedi” no es, únicamente, una métrica de la estética que interese sólo a la filmografía. En el caso de Giacomino, cualquiera de los desenlaces de estas películas – el fracaso o la gloria – bien podría acontecerle, con la inevitable simbología asociada; lamentablemente para él, no hay forma de conocer de antemano a cuál de estos títulos se asemejará la carrera hacia el poder que acaba de iniciar con tanto entusiasmo y que muchos observan con incredulidad.