Vieja ciudad que se desploma

Por Víctor Ramés
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Estremecido 2La acción de los picos y las mazas sobre los viejos edificios y casas ha sido y es temido signo histórico de una indiscriminada expansión del negocio inmobiliario, y demasiadas veces causa de dolorosas pérdidas del patrimonio urbano. La línea entre lo “antiguo” y lo “viejo”, lo “moderno” y lo “perimido” ha dejado, en las entrelíneas de las discusiones, lugar para muchos atropellos del valor arquitectónico en beneficio de la especulación; también hay que reconocer que ha posibilitado muchos evidentes progresos urbanos, menos discutidos. La dialéctica de la demolición y la construcción, aun con los dramas humanos y sociales que las atraviesan, vista desde su materialidad urbana puede verse como un “pelechar” de la ciudad: una sucesión de capas que la fueron cubriendo, en torno a ciertas referencias históricas a las que respetó el tiempo.
El foco de esta nota no apunta a ese proceso, sino a otras señales de decadencia urbana que formulan contrastes con la dignidad de la arquitectura patrimonial: la miseria de las casas vetustas y derruidas que se venían abajo por su propio peso, en los años de la gran modernización urbana de Córdoba, fines del siglo XIX y principios del XX.
Ya entrevimos en su momento el tema de los ranchos y de los conventillos, hábitats degradados y degradantes, signo de lo vetusto, lo inhabitable, carentes de la infraestructura sanitaria básica. También, en la mentalidad burguesa de la época, aquello que “ensucia” el paisaje urbano de la ciudad, sitios de hacinamiento y promiscuidad, algo a ser erradicado.
Por lo tanto sabemos que, además de las casas señoriales y palacetes, existían las viejas, precarias, pobres construcciones, de cuyo estado a veces obtenemos noticia por medio de las concentradas menciones en los diarios.
El foco de la noticia no está en la casa, sino en la víctima, en la siguiente publicación del diario La Patria de mayo de 1896, como corresponde cuando se trata de alguien respetable en el tablero social:

“Víctima de un accidente
Ha fallecido ayer el conocido comerciante italiano Rafael Sabelli, a consecuencia de las heridas recibidas en el accidente ocurrido hace algunos días en el almacén situado en la calle Constitución y Maipú.
Como se sabe, el techo del edificio se desplomó hiriendo gravemente a varias personas, entre las que se encontraba Sabelli. Descanse en paz el honrado industrial.”
Otras veces lo que cae con polvareda y estrépito son partes de construcciones que afectan los espacios públicos, como ocurrió el caso que refiere La Libertad en 1898, que también dejó a un transeúnte herido:

“Derrumbe
Ayer a las 5 p.m. desplomóse una pared de unos 10 metros de longitud en la calle Rivera Indarte entre Rioja y Progreso.
Al estrellarse los escombros en el suelo del lado de la vía pública, prodújose una gran polvareda, en la que quedó envuelto el barrio, por algunos minutos.
Hace tiempo que llamamos la atención de la autoridad correspondiente acerca del desnivel de la muralla en cuestión, que hubo de apretar ayer mismo a una persona que transitaba por el punto indicado.
En iguales condiciones de peligro, o poco menos, hállanse las paredes de la calle Progreso esquina Gral. Paz, y Sucre entre Santa Rosa y Progreso.”
Con la pared desplomada y las que señala el diario como a punto de caer, sumaban tres los puntos de riesgo para los cordobeses que circulaban por la vereda. Hay casos que incluso espeluznan, porque uno imagina que las cosas podrían haber sido mucho peores. Ocurrió durante el carnaval de 1906, según refiere el diario La Patria:



“Derrumbe de un balcón
De la azotea de una casa situada en la calle San Jerónimo
Entre Ituzaingó y Chacabuco cayó el lunes a la calzada una joven que se entretenía en jugar carnaval.
El hecho se produjo por rotura de una baranda que hacía las veces de balcón y sobre el cual descansaban varias personas las que felizmente escaparon a una muerte segura.
La infeliz sufrió la fractura del cráneo y otras heridas no menos graves, siendo transportada al hospital por intermedio de la policía.
El accidente tuvo lugar a las 5 y 30 p.m.”
La última cita es de 1911 y el escenario es un conocido barrio humilde situado en el sudoeste de la ciudad, muy próximo al casco céntrico.

“Derrumbe en el Abrojal
Varios heridos
Ayer de mañana a las 6.30 ocurrió el derrumbe de una habitación en el Abrojal, que si bien pudo traer graves consecuencias, tuvo felizmente escasas proyecciones, resultando víctimas varias personas, con contusiones de escasa importancia.
En el paraje mencionado está situado un rancho en el que habita el ciudadano Justo González de 45 años de edad, viudo y con cinco hijos varones.
A la hora en que ocurrió el derrumbe, hallábanse allí presentes todos los habitantes de la humilde morada, cuando de repente sintieron una fuerte conmoción, viendo desplomarse el techo del rancho.
Todos quedaron sepultados bajo los escombros.
Acto continuo, corrieron varias personas que viven en las inmediaciones, quienes procedieron con ardor a la tarea de desenterrar a la desgraciada familia, cuyos lastimeros ayes daban compasión.
Minutos después intervino la comisaría 10ª en cuya jurisdicción se había producido el accidente, coadyuvando eficazmente en la tarea de salvar a las víctimas.
Como ya lo hemos dicho, todos han resultado contusos, pero los que han sufrido más son el padre y sus hijos menores Ricardo y Justo de 16 y 18 años respectivamente.”