Recontar la historia

Por J.C. Maraddón
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ilustra como vinno la manoEn las vísperas de su cincuentenario, el llamado rock nacional cuenta ya con una bibliografía nutrida y variada, que ha ido acumulando conocimientos acerca de un género musical de aceptación masiva. Proliferan las biografías de los ídolos indiscutidos, pero también hacen su aporte aquellos títulos que indagan más en el fenómeno en sí que en los nombres destacados de su Olimpo.
Quizá uno de los primeros volúmenes que se ocupó del tema haya sido “¡¡¡Agarrate!!! Testimonios de la música joven en la Argentina”, un anticipatorio trabajo de 1970 escrito por Juan Carlos Kreimer. Allí, el autor se explaya sobre quiénes son estos chicos pelilargos que han irrumpido sobre la faz sonora del país, alterando de una vez y para siempre la manera de entender la música argentina, de la misma forma que sus congéneres angloparlantes lo habían hecho en el hemisferio norte unos años antes.
Pero el texto al que muchos adolescentes accedieron como una catequesis para entender los orígenes del rock argentino, a partir de testimonios de los pioneros y datos tomados por testigos directos, fue “Cómo vino la mano”, de Miguel Grinberg. Editado en plena dictadura, allá por 1977, el libro repasa las características que tuvo la aparición del rock en estas australes regiones y explicita cómo analizan la evolución de los hechos -tiempo después- sus propios protagonistas.
Junto a columnas y artículos publicados por las escasas revistas especializadas que existían en el país durante esos años, el ensayo de Grinberg constituyó un primer intento de teorizar sobre un movimiento artístico que, al momento de aparecer “Cómo vino la mano”, llevaba poco más de una década de existencia. Muchos de los acontecimientos relevados permanecían frescos en la memoria de la gente. Por eso, lo que conseguía el autor –más allá de sus intenciones- era canonizar una versión oficial del mito sobre los orígenes de un estilo con destino de gloria.
Apenas cinco años después de lanzada aquella primera edición, el rock nacional despegó de ese carácter alternativo al que se lo había confinado, para abrirse a un mercado mucho más amplio. Y entonces hizo falta reeditar la obra de Grinberg, aunque corregida y aumentada: a las entrevistas a Moris, Pipo Lernoud, Litto Nebbia, Jorge Álvarez y Luis Alberto Spinetta, se les sumaron las de Charly García y León Gieco. Y a medida que surgieran ediciones posteriores, irían incorporando más testimonios, además de nuevos documentos y fotografías.
Llegado el momento, “Cómo vino la mano” ingresó al siglo veintiuno con una versión aparecida en 2008, en la que Miguel Cantilo y Rodolfo García se agregaron a la lista de entrevistados, mientras que se sumaron dos manifiestos, de Claudio Gabis y Pablo Dacal, al ya conocido de Luis Alberto Spinetta. A más de tres décadas de su primera edición, el libro daba señales de una vigencia impensada y se proponía como una opción para seguir pensando el rock nacional desde una perspectiva histórica.
Aquella reelaboración de seis años atrás fue publicada por el sello Gourmet Musical, que no contento con ese acierto se muestra reincidente por estos días, con un relanzamiento del volumen escrito por Miguel Grinberg, que de esta manera arriba a una feliz quinta edición. De paso, esta noticia sirve para reflexionar acerca del caudal de agua que ha circulado bajo el puente a lo largo de todo este tiempo. Y para dimensionar hasta dónde ha llegado ese grito primal que fuera víctima sacrificial de los censores del dictador Onganía, y que hoy es el engranaje mejor aceitado de una industria a la que poco y nada le queda de aquel tono protestón que tan bien refleja “Cómo vino la mano”.