No hay proyecto consensuado para elecciones directas en la Universidad

Por Gabriel Osman
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SIN CONCURSO - UNIVERSIDAD
SIN CONCURSO – UNIVERSIDAD

De todas las universidades nacionales estatales, sólo las de La Pampa, Luján, Misiones, Rio Cuarto, Salta, San Luis, Santiago del Estero y Villa María tienen elecciones directas para designar autoridades para cargos unipersonales (rector y vice, decanos y vices). El resto, es decir, el núcleo duro del sistema, prevé elecciones indirectas. Si se prefiere una ponderación en cantidad de estudiantes, el sistema que rige actualmente en la UNC incluye al 90% de la matrícula universitaria del país. O más aun porque ya la estructura histórica que forman UBA, UNC, Cuyo, Litoral, La Plata, Rosario y Tucumán, absorben ya ese porcentaje.
No es en absoluto soslayable que sean las universidades chicas las que tengan sistema directo e indirecto las más masivas. Una respuesta probable tal vez sea la extremada complejidad que traería aparejado un sistema directo con doble ponderación (por claustro y por Facultades) en universidades con 120 mil electores, como la UNC (100 mil estudiantes y 20 docentes y no docentes), por contar sólo tres de los cuatro claustros (el restante es el de los graduados, de un número indefinido).
En principio, hay ideas en circulación que no han llegado aún a nivel de proyecto concreto, que admiten una infinidad de mezclas. Algunas consisten en dejarle a la Asamblea Universitaria su rol de actualización estatutaria y sustraerle la función electoral, que podría ir a parar a un “colegio electoral” ad hoc, que cumple con su única función y se disuelve. Con justeza, esta sería una elección tan indirecta como la actual, con un agravante: si los “electores” deben cumplir exactamente con el mandato electoral (no como el que nacionalmente consagraba la Constitución de 1853) y ninguno de los candidatos supera la mitad más uno de los votos, deberían pasar a sucesivos “ballotage”, con tantas elecciones como fueran necesarias para acumular la referida masa crítica.
Una cosa es una o varias vueltas en un cuerpo de 247 electores (el número actual de la Asamblea Universitaria que prevé hasta cuatro votaciones) y otra bien distinta mandar a votar varias veces más a lo que sería el tercer electorado de Córdoba (detrás del de la provincia y del municipio capitalino). Por supuesto, cabe la posibilidad de una disposición donde las autoridades surjan de mayorías simples, pero su debilidad política e incidencia funcional estaría en su ADN.
Es probable que en la UNC estén sucediendo cosas muy distintas a las que describen algunas versiones. Por ejemplo, que la tan mentada reforma hacia un sistema directo no esté ni en pañales, mucho menos contar con la adhesión de ocho de las trece Facultades que existen. En este caso habría que pensar que se está tratando de generar corrientes de opinión pro reforma y que luego, de no concretarse, cargar con las responsabilidades a la actual oposición, con muchas prevenciones sobre el sistema directo.
Otra variante de esta misma alternativa es que el oficialismo rectoral, con imposibilidades reales de crear dos nuevas Facultades y un contexto fiscal que desaconseja este dispendio, no quiera quedar paralizado por falta de iniciativas e instale el meneado proyecto de las elecciones directas.
Pero en el fondo de este debate subyace otro problema que el oficialismo rectoral elude, dada la constitución de su alianza política con sectores de izquierda. Abrir el Estatuto en una Asamblea Universitaria podría ser destapar la caja de Pandora, al plantearse la posibilidad de que el progresismo demande una votación sin ponderación de claustros que conviertan a los 100 mil estudiantes en los verdaderos electores. Y el cuerpo docente –también el que compone el oficialismo- sabe que el gobierno de la universidad es una meritocracia, no una democracia, como sostiene Beatriz Sarlo.