Especialización

diapasonLa división del trabajo ha significado uno de los grandes progresos del capitalismo. Con ella llegó la especialización y de su mano, la destreza y el dominio (en materia de velocidad y precisión) de cada una de las tareas en que se divide la producción de cualquier artículo. La especialización se extiende todas las actividades. El deporte, incluso. Los defensores se especializan en marcar, robar pelotas, proteger el arco propio. Y los atacantes, en conquistar goles. Y así. Los beneficios de la especialización son innegables. Todos deberíamos tomar nota de esto que resulta tan obvio. Por ejemplo, el presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, debería preocuparse por hacer que la empresa que dirige sea eficiente. Y debería dejar que sean los directivos de American Airlines los que se ocupen de cuidar a la empresa norteamericana. Esta empresa ha decidido emitir pasajes para los próximos 90 días y no más. Sienten que el riesgo cambiario es elevado y temen incurrir en pérdidas si venden más allá de ese plazo. Ellos saben cómo cuidar su propia empresa. Y Recalde debería imitarlos, es decir, cuidar a Aerolíneas Argentinas. Tratar de que cada vez pierda menos dinero y que, pasado el tiempo, sus balances puedan incluso arrojar ganancias. No sería un objetivo alocado. Pero no es lo que está ocurriendo. Recalde se larga a opinar sobre la medida tomada por su competencia, a la que considera “inexplicable”. Entiende que se trata de un error de American Airlines. Es probable que así sea: que los empresarios no estén evaluando correctamente la situación de la actividad y que, en consecuencia, estén tomando una decisión que los perjudica. Esto ocurre cotidianamente en éste y otros rubros. Si fuera así, el resto de las empresas de aeronavegación se estarían beneficiando pues podrían vender pasajes para plazos posteriores a los 90 días y, de ese modo, avanzar sobre el mercado. Pero Recalde no funciona, al parecer, conforme a esta ley capitalista elemental. Él no está abocado a la empresa que dirige sino que está preocupado por lo que le ocurre a la empresa norteamericana. Debería estar feliz si su competencia se equivoca y resigna una porción del mercado. Pero no: los cuestiona y critica por la decisión que tomaron. Les adjudica intención política. Recalde razona como un empleado público, no como un empresario. Debería ocuparse de hacer eficiente a Aerolíneas Argentinas. Para eso cobra. Uno podría pensar que Recalde hace marchar sobre rieles a la empresa que conduce. Pero no es así, según su propia confesión. La empresa estatal está en dificultades. No sólo porque pierde 2 millones de dólares por día sino que, además, tiene problemas con los gremios aeronáuticos. Y éstos son de tal envergadura que, según nos cuenta Recalde, “si la gente de adentro no colabora, se hace muy difícil y peligra la continuidad de la empresa”. O sea, Recalde teme que Aerolíneas Argentinas pueda cerrar. Pero está preocupado por el modo en que los directivos de American Airlines cuidan su propia empresa para evitar que cierre. Hay una diferencia entre ambas empresas. La que administra Recalde recibe del estado todos los fondos que necesite. Quizá los directivos de la empresa norteamericana no cuenten con esa ventaja. Por eso deben tomar medidas extremas como la de dejar de vender pasajes. Todos esperamos que Recalde se ocupe de Aerolíneas Argentinas. Y que deje que los empresarios de otras empresas hagan lo que crean más conveniente. Así todo funcionará mejor.
DVG