La política, entre Máximo y el triple empate

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoria.com

DYN19.JPGLos sondeos muestran un “triple empate” entre Massa, Macri y Scioli en razón de que los tres rondan el 25%, pero ello no implica definición alguna a 13 meses de las elecciones. El proceso electoral se desarrolla en un contexto de volatilidad económica, con lo cual se hace más incierto. A ello se agrega que elecciones presidenciales que se realizan en la región, como en Brasil y Uruguay, muestran cambios de tendencias a muy poco tiempo de los comicios. Por esta razón, la foto de hoy puede no ser la película de mañana. La elección de 2015 se parece así más a la de 2003, que tuvo lugar en un marco de fraccionamiento político y dificultades económicas, que a las dos siguientes (2007 y 2011), donde el oficialismo (el Kirchnerismo) fue la fuerza dominante desde el inicio de la campaña y la oposición se presentó dividida. La posibilidad de que haya segunda vuelta también asemeja la situación a 2003, donde nadie ganó en primera vuelta -aunque después Menem, que fue el primero, renunció a competir-, mientras que en las dos elecciones presidenciales siguientes se impuso el gobierno por un amplio margen en la primera. La foto del “triple empate” elude que tanto el Kirchnerismo como el Fau-Unen pueden transformarse en alternativas competitivas cuando elijan un candidato en las PASO, que tendrán lugar en agosto del año próximo. La suma de los 7 candidatos del kirchnerismo muestra una fuerza competitiva para competir contra Scioli en las primarias, y la suma de los cinco pre-candidatos del Fau-Unen puede generar una alternativa para intentar llegar a la segunda vuelta.
El Kirchnerismo confirmó una vez más su tendencia a “redoblar la apuesta” con el acto realizado por La Cámpora en el estadio de Argentinos Juniors. El 12 de agosto -208 aniversario de la Reconquista en las Primera Invasión Inglesa- el “Kirchnerismo Puro” realizó un acto en el Luna Park en apoyo de la consigna “Patria o Buitres”; ahora, el 13 de septiembre -cuarto aniversario del primer acto realizado por la Juventud K en el Luna Park, que fuera presidido por Néstor Kirchner dos semanas antes de fallecer-, La Cámpora hizo una demostración de poder dentro del oficialismo. Reunió decenas de miles de militantes y presentó a Máximo Kirchner como líder político. La idea central del acto fue que los cambios realizados por el Kirchnerismo son “irreversibles”, aunque en 2015 otra fuerza política llegue al poder. Fue explicitada la intención de que el Kirchnerismo vuelva al poder en el futuro, aunque pierda la próxima elección. Respecto a las presidenciales, la señal fue clara: Scioli no fue invitado al acto y de los candidatos K, sólo lo fueron Uribarri y Domínguez, los dos que tienen mejor relación con La Cámpora. El rol asumido por el hijo de la Presidenta confirma la información de que está participando en la toma de decisiones en un círculo muy pequeño que integra junto con ella y el ministro de Economía. Asimismo, gana credibilidad la idea de que La Cámpora impulsa una reorganización de gabinete que lleve a uno de sus dirigentes a la Jefatura de Gabinete, otro al ministerio de Acción Social y una funcionaria próxima a Kicillof al ministerio de Relaciones Exteriores. Un día antes Scioli presentaba su equipo económico en Mendoza, integrado por Mario Blejer y Miguel Bein, quienes expusieron puntos de vista distintos a los del ministro de Economía Axel Kicillof. Esta semana la Cámara de Diputados de la Nación dará sanción definitiva a la reforma de la ley de abastecimiento y entrarán en el Congreso el proyecto de presupuesto 2015 y la ley de hidrocarburos, que ha logrado superar la oposición de los gobernadores de las provincias con riqueza energética.
La posibilidad de un estallido social ocupa el centro de la escena política tanto en las palabras del sindicalismo opositor como en las de la propia Presidenta de la Nación. El dirigente gastronómico Luis Barrionuevo dijo públicamente que hacia fin de año tendría lugar un “estallido social”. El oficialismo lo denunció ante la justicia por esta afirmación y la Presidenta, en decenas de twits, sostuvo que dicho estallido podría ser adelantado parcialmente a los próximos días para deteriorar su imagen durante el viaje al exterior que realizará entre el 19 y el 26 de septiembre. La realidad es que la situación social se deteriora rápidamente. La inflación presentada por el Congreso para agosto fue del 2,6%, proyectando más del 40% anual. Dos días después, el INDEC informó que fue de 1,3% exactamente la mitad. El incremento de la inflación deteriora la situación de los sectores vulnerables. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) informó la semana pasada que la pobreza está en 27%, y en los menores llega al 35%. Aunque el ministro de Economía no lo quiera reconocer, es la misma que se registraba en diciembre de 2001. Fue con la devaluación que tuvo lugar en enero del año siguiente cuando superó el 40%. La infraestructura, que en 2001 estaba renovada por la inversión reciente, ahora se encuentra al borde del colapso en varios sectores y servicios. A ello se agrega que el desarrollo de los carteles de la droga y el crimen organizado en los conflictos sociales es un tema nuevo que no existía 13 años atrás. Ello muestra que si bien la situación macroeconómica puede ser mejor que en 2001, la situación social muestra un cuadro más complicado.
El encuentro de la Presidenta con el Papa que tendrá lugar el 20 de septiembre difícilmente pueda generar cambios relevantes en la situación política argentina. El gobierno argentino solicitó la entrevista y la buscó para antes que la Presidenta hable ante la asamblea de Naciones Unidas el 24 de septiembre, oportunidad en la cual ella escalará el conflicto con los holdouts. Intenta mostrar el encuentro con el Papa como un respaldo político a su posición en este conflicto. Francisco, con prudencia, se reunirá antes de recibirla con los 14 obispos que integran la Comisión Permanente del Episcopado, que semanas atrás hicieron pública su preocupación por la situación social, la corrupción y el narcotráfico. En los días posteriores al encuentro con Cristina, el Papa recibirá a funcionarios judiciales que investigan causas de corrupción políticamente relevantes. La Presidenta argentina parece dispuesta a escalar el conflicto con los holdouts, aun a riesgo de complicar la economía real y así incrementar las tensiones sociales. Pero no es fácil que el Papa pueda influir sobre ello. Hace un año y medio que Jorge Bergoglio fue elegido Sumo Pontífice y desde entonces ha realizado más de un intento por encauzar la situación argentina, pero por lo general sus sugerencias y mensajes no han sido escuchados, más allá de que todos busquen la foto con él. El gobierno argentino sigue apostando al apoyo de China para obtener los dólares que le permitan prolongar el default. Pero la realidad es que los avances han sido muy limitados y el gobierno chino exige que la Presidenta viaje a Pekín en noviembre para cerrar acuerdos que permitirían, antes de finalizar el año, hacer efectivos 700 millones de dólares del swap acordado y que ingresen otros 500 millones de la inversión en las represas de Santa Cruz. La misión argentina que hoy llega a Rusia buscando vender alimentos es otra acción en la misma dirección.
En conclusión: los sondeos muestran un “triple empate” entre Massa, Macri y Scioli, pero el Kirchnerismo y el Fau-Unen son fuerzas que pueden transformarse en competitivas cuando definan un candidato; con el acto de La Cámpora en Argentinos Juniors y el discurso de Máximo Kirchner, el Kirchnerismo confirmó una vez más su tendencia a “redoblar la apuesta” y retener el poder; más allá de las afirmaciones de la Presidenta y de Luis Barrionuevo, la realidad es que la situación social se deteriora rápidamente y acumula tensiones; por último, es difícil que el encuentro del Papa con la Presidenta pueda introducir cambios sustanciales en la situación argentina, mientras que el gobierno ha decidido hacer de China su opción internacional.