Un dibujo que nadie mira

Por Gabriela Origlia

Que el presupuesto –en Argentina- se siga mencionando como “ley de leyes” es una broma. Hace al menos cinco años que dejó de ser una guía para los actores económicos. No hay ningún incentivo, salvo las bromas o la generación de memes, para analizar lo que el Poder Ejecutivo envía al Congreso.
El que los ministros Kicillof y Capitanich presentaron ayer no es una excepción; transpira optimismo por donde se lo mire y transparenta una desconexión con las señales que está dando la realidad y que se proyectan hacia el 2015. Como muestra, el rebote que debería registrar la economía para crecer 2,8% el próximo año debería ser monumental, de la misma manera que ya debería estar instrumentado un programa estructural para que la inflación cayera 25 puntos porcentuales.
Con la Ley de Emergencia vigente, que permite reconducir partidas y movilizar fondos sin dar explicaciones ni mostrar argumentos, la presentación del presupuesto quedó reducida a sólo una formalidad. Se conserva la forma aunque no se respete el sentido final de esta ley que es mostrar a toda la sociedad qué recursos, de dónde saldrán y cómo se administrarán para cumplir objetivos coherentes con el modelo de país que se tiene.
El debate del presupuesto debería ser de sumo interés para los ciudadanos porque es su dinero el que gestionarán los funcionarios. Para alcanzar ese estadio debe haber una institucionalidad fuerte que no permita manejos arbitrarios de los recursos. La actividad puede tener altibajos –como lo es en todo el mundo- pero las instituciones deberían estar por encima de esa dinámica. En la Argentina no es así desde un tiempo que supera la llegada del kirchnerismo al poder que no hizo más que profundizar esa tendencia.
En ese marco, el proyecto de presupuesto ya no es un GPS, una orientación de lo que se podría esperar. Al igual que las estadísticas del Indec, es un dibujo que ya nadie mira.