Transición desordenada



Por Fernando Rosso
@RossoFer

El “cisne negro” del fallo del juez Thomas Griesa puso en cuestión la hoja de ruta del gobierno para la vuelta a los mercados internacionales con el objetivo de conseguir los dólares que le hacen falta a la economía argentina, ante el agotamiento del “modelo”. Igualmente la sorpresa estaba inscripta como posible desde el momento en que se aceptó la jurisdicción norteamericana para la tutela legal de los acuerdos por la deuda. La vuelta de la restricción externa; las tendencias inflacionarias solo contenidas por un mal igual o mayor: la recesión; las suspensiones y despidos (aunque no masivos) en la industria y la incertidumbre general sobre el futuro; están en el centro de las preocupaciones. La “epopeya” del “patria o buitres” duró lo que una coyuntura, el intento de seguir haciendo uso de este “enfrentamiento” con la aprobación de la ley que paradójicamente se llama de “pago soberano”; no tiene ya los mismos efectos que antes.
El empleo y la situación de la economía superaron al complejo problema de la llamada “inseguridad”, entre las preocupaciones principales de la población. Y este desbarajuste previsible de la economía complicó los planes políticos. La “hipótesis Kicillof”, es decir, la posible candidatura a sucesor presidencial del cristinismo puro, por parte del ministro de Economía, basada en su rol para “ordenar” la situación externa del país (acordando con los buitres), quedó en el olvido.
En este delicado marco, el gobierno viene intentando un arbitraje casi imposible con bandazos a derecha e izquierda, que le producen crisis cuando cruza imprudentemente sus límites.
La ubicación bonapartista es en este contexto más una necesidad que una voluntad política. No puede ser ni muy de “izquierda” (contra las empresas), ni muy de “derecha” contra las protestas sociales, aunque obviamente es mucho más duro contra las protestas que contra las empresas, nacionales y extranjeras. Por eso la famosa “ley de abastecimiento” paga todos los costos del ruido, y ninguno de los beneficios de las nueces. Así como las amenazas a los empresarios que “encanutan autos” o que aumentan precios, no tienen consecuencias prácticas. El “éxito” político del cambio de sede para el pago, en la realidad de la economía entra en una trama de negociados que consumirá una cantidad importante del bien más preciado en momentos como este: el tiempo.
Y cuando los girosa derecha se pasan de la raya o cuando el derechismo deviene en soberbia torpe, se producen crisis como la que generó la denuncia del “gendarme carancho”: un comandante de Gendarmería que se había arrojado arriba de un auto de un manifestante que protestaba por los despidos en la autopartista Lear, para inventar un accidente y llevárselo detenido.
La “gran Robben” -en referencia al crack holandés gran fabricante de penales-, como se la había calificado en las redes sociales, terminó en “amarilla” para Berni que desapareció en estos días, luego de unas semanas de prolífica aparición mediática, como esperanza verde oliva de un cristinismo en crisis.
El escándalo producido en el Congreso de la Nación el día de la votación de la ley de pago “soberano”, cuando una patota del sindicato SMATA hostigó y agredió al joven diputado del PTS-FIT, Nicolás del Caño -una de las nuevas figuras jóvenes y emergentes de la izquierda que viene apoyando a los despedidos de Lear-; también mostró el límite a la derecha de la situación general. Las torpezas del gobierno logran volver creativos hasta a los radicales. Con una lúcida picarezca, el diputado Mario Negri, le preguntó al presidente de la cámara, Julián Domínguez (que había autorizado la entrada de los miembros de SMATA): “¿De qué sindicato son, presidente? Si vienen por las suspensiones y los despidos podemos tratar el tema”. La ironía se basó en que era claro que habían venido para defender la actuación de su dirigente sindical, Ricardo Pignanelli, que está avalando suspensiones y despidos en todo el país, y a insultar a la izquierda (y a Del Caño en particular), porque denuncia justamente estas capitulaciones.
La política del gobierno de ser el administrador de su propio giro para operar una re-composición hacia la derecha a su vez del régimen político en su conjunto choca con la imposibilidad de una “normalización” total (seguimos sin tener un “sistema de partidos” más o menos estable comparado con el viejo bipartidismo). La gran tarea pendiente para que el desvíokirchnerista se convierta en restauración completa, es cambiar la relación de fuerzas y el kirchnerismo hasta ahora solo surfeó sobre ella.
El desorden de la economía y la fragmentación política no menos desordenada de las coaliciones tradicionales caracterizan a la transición, el arbitraje bonapartista tiene límites estrechos y la fortuna del viento de cola tampoco acompaña, dejando al desnudo la total escasez de virtud.