Parche sobre parche

DYN41.JPG fabregaPor Gabriela Origlia

Hoy es una resolución del Banco Central, mañana una medida del Ministerio de Industria y pasado una de Afip. Con esa cadencia se va manejando la economía desde hace varios años. El punto es que ninguna decisión termina de resolver el problema y, a medida que pasa el tiempo, sus efectos duran menos. Los dos grandes pilares del modelo kirchnerista –al menos del que solía jactarse Néstor- eran los superávit fiscal y comercial. Ya no existen más.
Hay coincidencia en que a 15 meses de dejar el poder no será esta gestión la que pueda recuperarlos, pero sería por lo menos saludable que no los siga profundizando. Está claro que Axel Kicillof no podrá ahora, con una inflación anual del 40%, eliminar de un plumazo $ 200 mil millones de subsidios, pero el gasto del Estado se ha multiplicado por 11 en una década y no ya no hay más posibilidades de que los ingresos le sigan la huella. Todos los niveles del Estado llevaron al máximo la presión tributaria y no hay espacio para seguir creando impuestos o tasas; el sector privado viene ajustando hace unos meses y si hay más carga habrá menos pagos.
En los últimos años los retos y advertencias de los funcionarios –incluida la Presidenta- a referentes de los distintos sectores se multiplicaron. Es cierto que la confrontación es el terreno en que el kirchnerismo desde siempre se ha sentido cómodo, pero ahora las reprimendas públicas tienen un dejo de impotencia. Desde el presidente de Estados Unidos a la ama de casa que se queja de la suba del gas, todos tienen una responsabilidad y cierta animosidad contra el Gobierno. La responsabilidad está en todos menos en quienes toman las decisiones rectoras para el país.
Basta ver el ejemplo de las naftas. El Gobierno autoriza las subas a YPF (siete en lo que va del año) porque para la empresa el único ingreso hoy por hoy es el que proviene de las estaciones de servicio. El resto de las compañías van por detrás porque, tener mejor precio y ganar mercado les significaría pérdidas. Es difícil de pensar que algún funcionario crea que el 45% de incremento de los combustibles en ocho meses no tenga impacto en el resto de la economía. Como también lo es que sostengan que pisar importaciones tiene efecto neutro para la producción. La industria argentina es altamente dependiente de los insumos importados.
Hace unos meses, en la época pico de la liquidación de la cosecha, el Central retomó las mini devaluaciones. La iniciativa logró lo menos buscado –per absolutamente lógico- que las ventas de granos se frenaran. La señal fue exactamente la necesaria para subir las expectativas de conseguir mejores ingresos por parte de los chacareros.
Ese es un problema que ha signado los últimos tiempos. Señales equivocadas, idas y vueltas. Reparto de culpas y pelea con quienes en este año de vacas anémicas deberían colaborar a salir de la crisis. Para muestra, la confrontación con los banqueros un minuto antes de que cerraran acuerdo con los buitres. Una mejora momentánea en las encuestas de popularidad envalentonó a la Presidenta. Una vez más el corto plazo.
Si este esquema se mantiene seguramente el 2015 seguirá la racha de este año. Sin dólares, con festival de pesos, actividad planchada, expectativas de devaluación e inflación alta. Sin acuerdo para conseguir financiamiento externo el agravante es que estos problemas –que ya venían- se profundizan. Para cada medida largo plazo, así, serán los siete días siguientes.