Entrevista a Sofanor Novillo Corvalán: “Este país es muy grande para ser unitario”

Por Jorge Camarasa

KD9L4489A los 70 años, Sofanor Novillo Corvalán, diplomado en la última promoción de Altos Estudios en Sociología en 1976, ya no sabe dónde poner los libros. Las bibliotecas rebalsan en las paredes del coqueto departamento de 9 de Julio casi La cañada, y los textos empiezan a apilarse sobre la mesita del living.

-A la Universidad nacional no se pueden donar porque no tienen espacio, y sólo se pueden llevar a la Católica, donde hay una réplica de la biblioteca de la universidad de Dublin.

Novillo Corvalán, hincha de Belgrano, ex legislador provincial, ex diputado nacional por Córdoba, ex asesor de José Manuel De la Sota cuando fue senador, está jubilado de la docencia pero no de la política. Hace un mes y medio, nomás, fue uno de los fundadores del Partido Liberal Republicano, nacido, dice, para defender el liberalismo y el federalismo.

-¿Esa es la plataforma?

-Sí; sintéticamente.

-¿Y no son ideas viejas ésas de unitarios y federales, de capital versus interior? ¿No es una polémica de hace casi dos siglos?

-No. Este país sigue siendo de un unitarismo desembozado, donde las provincias aún sostienen a la capital. ¿Quiere un ejemplo? Los trenes. Se eliminaron los de todo el país para sostener a los del conurbano. Y no se entiende que si no hay comunicación, si no hay contacto e intercambio, la sociedad se cristaliza. Y entonces vamos a terminar como decía Sarmiento: “Una gran ciudad, y trece ranchos…”.

-Buenos Aires y el conurbano…

-Claro. Es escalofriante la concentración en el área metropolitana. Y la población sigue creciendo, porque se la subsidia. Fíjese que la Constitución de 1853 la hicieron las provincias, pero la concentración siguió. Y se ve en el aspecto que usted quiera. Mire el fútbol: todos los clubes grandes están en Buenos Aires. Es el revés de lo que pasa en otros países como Italia, Inglaterra, España… Cuando Armando Pérez, el presidente de Belgrano, le dijo de todo a Grondona, yo estaba feliz.

-¿Pero por qué es un país unitario, éste, si la mayoría de los presidentes constitucionales fueron del interior?

-Es que el problema no es dónde nacieron, sino dónde se acumula el poder. Además, ser del interior no garantiza una mirada federal. Homero Manzi, un santiagueño de Añatuya, fue el que escribió eso de “San Juan y Boedo antiguo…”.

-¿Y entonces?

-Y entonces hay que desconcentrar. Domingo Cavallo tenía una teoría. Él decía que en una ciudad de hasta un millón y medio de habitantes, hay economía de escala. Por encima de eso, no se puede sustentar únicamente con recursos propios…

-¿Abandonó esa idea, Cavallo?

-No sé, hace mucho que no lo veo. Pero ésa era una de las ideas que estuvieron en el origen de la Fundación Mediterránea, que fue impulsada por empresarios como Pietro Astori, que eran muy descentralizadores. La Mediterránea se fundó para investigar las anomalías estructurales de las desigualdades regionales, que terminan perjudicando a todo el interior. Durante mucho tiempo Cavallo llevó adelante estas ideas, pero después entró en la lógica de Buenos Aires y se dedicó a estudiar la macrocefalia y la ineficiencia del estado.

-Y el estado sigue siendo ineficiente…

-Sí, este Estado. Porque no todos los estados son iguales ni tienen las mismas responsabilidades. Como se dará cuenta, no es lo mismo Dinamarca o Suiza, que Argentina. Acá el estado es serialmente destructivo. Hoy la actividad privada tiene que hacerse cargo de la seguridad, la educación, la salud, hasta las exequias. ¿Quién entierra a sus muertos en un cementerio público? Nadie; los muertos se sepultan en los cementerios privados.

-¿Y el que no puede pagar por salud, seguridad, educación?

-¡Ah, bueno, a ese sí hay que asistirlo! El estado, que históricamente nació como un modo de organizar el poder, tiene que ser una agencia de servicios púb licos…

-Que no funcione en Buenos Aires…

-¡No, claro! Por eso le decía que hay que descentralizar. Ese fenómeno, el de la descentralización, es lo que explica que otros países similares territorial e institucionalmente parecidos a la Argentina, se hayan desarrollado más armónicamente. Fíjese los casos de Canadá, Australia o Brasil, que está acá nomás. En Brasil, en 1964, el presidente Juscelino Kubitschek decidió el traslado de la capital a Brasilia, y tuvo que aguantar fuertes presiones.

-¿Y acá? Alfonsín quería llevar la capital a Viedma, tenía la aprobación del congreso, y al final no se hizo. ¿Qué pasó?

-El establishment porteño se dio cuenta que iba a quedar muy debilitado, y eso frenó el proyecto. Pero no es nueva, esta actitud. Desde 1890 que hay una mirada del país desde la metrópoli, y entonces la historia argentina empezó a ser la historia de Buenos Aires.

-Y ahora se empezó a hablar de nuevo de un posible traslado…

-Sí, ahora, al final del kirchnerismo.

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Por más que técnicamente sean provincianos, Sofanor Novillo Corvalán no tiene, que se diga, un gran concepto de los Kirchner. El 19 de febrero de 2005, un sábado, estaba jugando al golf en Ascochinga, cuando le sonó el celular. Era Aníbal Fernández. “Le voy a pasar con el Presidente”, le dijo. “Mire, estoy jugando al golf, y no lo puedo atender”. “Le paso”, insistió el entonces ministro del Interior, y Novillo le cortó y apagó el teléfono.

-¿Y para qué quería hablar Néstor Kirchner con usted?

-Porque ese día había aparecido en la tapa del diario La Nación una entrevista que me habían hecho, donde yo decía que el Presidente era un adolescente.

El textual de aquél reportajedecía: “Por el momento, me parece que más han sido sus anuncios, sus expresiones, sus demostraciones de poder personal, que sus realizaciones en términos de bien común. Si por algo se ha caracterizado ha sido por una extraordinaria inestabilidad en sus comportamientos. En ese sentido, diría que tenemos un presidente adolescente, cuyos faltazos, plantones y exabruptos, lamentablemente, no son anécdotas, sino la expresión de una frágil madurez”.

-Pero usted no tiene tantos problemas con el peronismo como con el radicalismo, me parece.

-Lo que pasa es que así como la Generación del 80 fue la que lanzó el país al mundo, en 1916, con Irigoyen, comienza el declive. Empieza a haber un patriotismo xenófobo que va a desembocar en la Semana Trágica de 1919 con los fusilamientos de los trabajadores de los frigoríficos Vasena, y dos o tres años después con la represión de los obreros en la Patagonia. Ahí empezó la verdadera década infame, no en 1930… Y respecto al peronismo, diría que nace con algunas características similares a las del fascismo italiano. Es una consecuencia de la época…

***

-Volviendo a lo de su partido Liberal Republicano, ¿hay muchos jóvenes?

-Claro que hay jóvenes. La cuestión del federalismo no es una cosa generacional. ¡Este país es muy grande para ser unitario! Alberdi, a quienes muchos han leído mal, puteaba a la clase dirigente porteña. Alberdi fue el Marx argentino, por la profundidad de su análisis y por los temas con los que se metió. Pero usted me preguntaba por el partido… Ahora, donde todos son tan antinorteamericanos y anticapitalistas, nosotros defendemos la propiedad privada.

-Y plantean esa dicotomía entre capital e interior…

-Es que en doscientos años no se ha modificado gran cosa. Por lo menos, no en términos de equidad y distribución regional. Le voy a dar otro ejemplo. ¿Se acuerda del movimiento de los ahorristas que se vieron perjudicados por el congelamiento de los depósitos, ese movimiento que prácticamente acabó con De la Rúa? Bueno: el noventa por ciento de esos ahorristas vivían en Buenos Aires.

-Pero falla la clase política, entonces; los dirigentes…

-Sí, toda sociedad requiere una dirigencia, y acá hay una crisis de las clases dirigenciales. Es que están formadas en unas universidades que ya no otorgan grados académicos. Un abogado recién graduado, con 22 ó 23 años, acá puede ir a la Corte al día siguiente de pagar la matrícula.

-¿Y cuándo empieza esa crisis de las dirigencias políticas?

-Lo explicó Gino Germani en una encuesta: fue en 1968, cuando se frena la movilidad social con el cepo institucional de la dictadura de Onganía. Ahí, durante mucho tiempo, se acabó la política en la Argentina. Y la falta de participación, de movilidad social, traería muchas consecuencias. Muchos de los hijos de la clase dirigente, por ejemplo, en los años siguientes se volcarían en la guerrilla.

-Bueno, no todos…

-Pero muchos. Las cúpulas de Montoneros y del ERP estaban formadas por hijos de la aristocracia.

-…

-Yo sé lo que le digo. Tota, una de mis hermanas, era combatiente del ERP y fue secuestrada en mayo de 1976. Había sido una de las presas políticas que se habían fugado de la cárcel del Buen Pastor en 1975, y fue una de las primeras víctimas de los vuelos de la muerte… Y nuestra familia era una familia aristocrática. Yo desciendo por todos lados de Juan de Garay. Y fíjese una cosa: los tres delegados cordobeses al Congreso de Tucumán en 1816, eran descendientes de Jerónimo Luis de Cabrera. ¿Y la aristocracia porteña? ¡Já! Los Alvear recién llegaron a Buenos Aires en 1812…