Bombos para debatir, científicamente, la radicación de Monsanto

Por Gabriel Osman
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Cerca de 200 activistas hicieron imposible el debate de ayer en el Superior.
Cerca de 200 activistas hicieron imposible el debate de ayer en el Superior.

El rector Francisco Tamarit llevó ayer al Consejo Superior a confirmar la postura de su antecesora, Carolina Scotto, al ratificar la resolución de 2012 del Consejo Superior contra la radicación de una planta procesadora de semillas de maíz en Malvinas Argentinas. En realidad fue una solución de emergencia ante el atronar de cánticos, bombos e insultos de un grupo de 200 activistas medioambientales, que hizo imposible discutir lo que pretendían los mismos que propiciaron el debate: derogar el convenio de la Facultad de Agronomía con Monsanto y escarmentar al decano de esa unidad académica, Marcelo Conrero, que realizó hace algunas semanas una discusión en la localidad del Gran Córdoba de un debate abierto y racional con los principales referentes de la ciudad y con ambientalistas, con el aporte de elementos de opinión de agrónomos y otros técnicos.
Tamarit impuso la propuesta ratificatoria anti Monsanto pero no dio lugar a las pretensiones de los sectores más radicalizados del oficialismo de derogar el convenio de Agronomía. Esta postura propiquetera quedó resumida en una frase pronunciada, fuera de recinto, por el decano de Filosofía y signatario del grupo de intelectuales K Carta Abierta, Diego Tatian: “Lo de Conrero ha sido provocativo y queremos que el Superior lo derogue”. Tatian es un profesor de filosofía presuntamente experto en Hegel, un entrenamiento intelectual que viene a ser equivalente al que tiene un periodista en relación la física cuántica. Un caso similar, finalmente, al de Scotto, reconsagrada ahora tras su fuga a su especialidad: Ludwig Wittgenstein.
La nula discusión que hubo en el ámbito propio del disenso que es una universidad fue resumida por el decano de Ingeniería, Roberto Terzariol, en una propuesta que finalmente no prosperó: levantar la sesión y pasar el proyecto a comisión. Pero Tamarit fue por el medio, al ratificar una declaración absolutamente inocua y quedar bien con los ambientalista y el ala izquierda del oficialismo, La Bisagra.
Deben tenerse en cuenta algunos elementos de juicio para medir la “calidad científica” de la resolución de 2012 de la ex rectora Scotto, ayer ratificada: 1) Aún no se habían pronunciado los organismos técnicos del gobierno provincial sobre el estudio de impacto que la misma empresa multinacional había elevado a su consideración; 2) El que tomó posición desde el arranque en esta controversia fue el oficialismo universitario, sin elementos de juicio y en forma militante.
Puede ser que la fotografía de la sesión es que hubo un duro cuestionamiento del rector al decano de Agronomía por el tema Monsanto. Pero la verdad no es una foto. Es, en todo caso, es que ayer los piqueteros ambientalistas se mudaron de Malvinas Argentinas al edificio Claustrorum e hicieron lo mismo que en aquella localidad: impedir, en este caso que se discuta con ciencia y racionalidad la radicación o no de la planta.
En el caso de los piqueteros y los ambientalistas es hasta disculpable en Malvinas Argentinas, pero que en el templo laico de la ciencia y el saber las cuestiones se decidan con bombos y cánticos es penoso. ¿Cómo procedería Tamarit si se abriera una improbable controversia sobre el espin de un electrón y las pruebas en un sofisticado aparato de verificación cedieran ante el atronar de un bombo? Puede quedarse tranquilo el rector porque esto no sucederá jamás, pero hipotéticamente el resultado sería también el mismo: la ciencia cediendo ante la intolerancia.
Bien visto y correctamente difundido, lo de ayer fue una demostración sinfónica de la falta de argumentos de la izquierda ambiental te con leche, profundamente anti industrial y anti obrera, que proviene de militantes con mucho fervor, poca información y, no por casualidad, de sectores sociales medios y altos, no de la clase obrera.
Hace pocos días, Tamarit expuso ante uno de los coloquios de la UIC. Varias fotos lo sorprendieron al rector exponiendo en un atril y con una pantalla de fondo en donde se leía, entre sus promotores, un anuncio de Monsanto. No se lo vio incómodo. Pero seguramente conoce de los temores de los industriales cordobeses sobre el precedente que puede fijar Monsanto, y que en el futuro un piquete corte una calle, queme un par de cubiertas para impedir la instalación de un nuevo establecimiento fabril.